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Crítica:cine

Bollería industrial

El éxito de la serie Física o química ha venido demostrando en los últimos años que los adolescentes españoles parecían ávidos de verse reflejados en la televisión no por impolutos modelos de conducta sino por gente que la cagaba en la vida tanto o más que ellos.

Sus protagonistas suspendían, se drogaban y fornicaban (o tenían deseos) tanto como los espectadores; es decir, unos sí y otros no. Independientemente de su calidad, la eficacia de la serie ha sido tan incuestionable que el cine la ha visto como previsible fuente de negocio. Así, mientras el año pasado nos masacró con la falsamente atrevida pero en realidad farisea Mentiras y gordas, este verano amenaza con El diario de Carlota, infumable debú de José Manuel Carrasco (su corto Consulta 16 no estaba nada mal), con la debida cuota a Física o química (Maxi Iglesias marcando pectorales a lo Taylor Lautner), y en la que los chavales vuelven a masturbarse (en solitario y en pareja; física y mentalmente) tanto como en la vida real.

EL DIARIO DE CARLOTA

Dirección: José Manuel Carrasco.

Intérpretes: Andrea Ros, Luis Callejo, David Castillo, Maxi Iglesias

Género: comedia. España, 2010.

Duración: 110 minutos.

Eso sí, olvídense de cualquier sentido de la dramaturgia, de la calidad de los diálogos, del dibujo y del desarrollo de los personajes. Esto es bollería industrial de ínfima estofa.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 23 de julio de 2010