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Reportaje:Golf

Otro tipo de pionero

Cañizares acaba 27º, enfadado tras su peor día, pero supone la mejor noticia para el golf español, con tres jugadores entre los 14 primeros

Severiano Ballesteros no pasó el corte en el primer Open Británico que disputó, en 1975. Claro que al año siguiente fue segundo, y lo ganó tres años después. Olazábal también se quedó fuera del fin de semana en su primer grande, en 1984, como Sergio García en 1996. Miguel Ángel Jiménez terminó en el puesto 80 en 1991. Y Tiger Woods fue el 41, el mejor amateur, cuando hizo su primera aparición en el Masters, en 1995.

Alejandro Cañizares habrá escuchado muchas veces en su casa las historias, los consejos, de su padre José María, uno de sus pioneros del golf, los recuerdos de los primeros pasos. "Pero eso", recordaba ayer Cañizares padre, "es ya otro mundo, otra galaxia, porque cada uno vive su momento". El momento de Alejandro era este Open, su debut en un grande a los 27 años, y él ni siquiera pensaba en lo que habían hecho en su estreno otras referencias, no se marcaba ninguna meta, sino jugar relajado, disfrutar. Por eso tampoco se creyó nada cuando después de los tres primeros días, ante la jornada final, miraba la clasificación y se veía ahí, cuarto, mejor que todos los españoles, mucho mejor que Woods. Pero ayer, cuando terminó la jornada, sí torció el gesto, se marchó enfadado, rabioso con una tarjeta de cuatro bogeys y un doble bogey, y muchos putts fallados. "Yo no me atrevo a llamarle, ya lo hará él cuando se le pase", comentaba José María.

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La irrupción de Cañizares fue quizás la mejor noticia para el golf español, que sumó más participantes que nunca en el Open (siete) desde 1991, que metió a cinco golfistas en el fin de semana (por el camino se quedaron Castaño y Lara), y a tres entre los 14 primeros: Álvaro Quirós -por primera vez ha demostrado una actitud totalmente positiva en un grande, y ayer firmó 67 golpes-, Ignacio Garrido -otra agradable sorpresa, muy regular, tres de las cuatro jornadas bajo el par en Saint Andrews no está nada mal para alguien que no suele pisar los grandes escenarios- y Sergio García, un golfista en el diván. El Niño aún debe mirarse al espejo y preguntarse qué quiere ser de mayor.

Para la videoteca, además, el golpe de Jiménez contra el muro en el hoyo 17, el tercer día. Hay jugadores que nunca cambian.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 19 de julio de 2010