Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Crónica:Música

Un Inserso para punks y 'skins'

John Lydon, ex cantante de los Sex Pistols, y The Specials se encontraron en la tercera noche del FIB

Diana Spencer se iba a casar con el príncipe Carlos, los sindicatos se partían la cara en la calle y la marcha de los parados atravesaba el país. Corría 1981, uno de los peores momentos de Inglaterra y The Specials, como tantas otras bandas obreras de estética skin que tomaban el relevo del punk, puso música a todo aquello con temas como Ghost Town, una crónica de esa desolación patria, de las calles desiertas y las discotecas vacías. Fue la banda sonora del desempleo (pese a que tenían dos millones menos de parados que España ahora) y la salvaje recesión que recibió a Margaret Thatcher. Ayer, en un escenario circundado por todas las marcas imaginables y ningún rastro de desconsuelo en los miles de chavales británicos que nacieron en aquellas fechas, volvieron The Specials, los reyes del ska y el sonido 2tone del Reino Unido.

Soltando tres palabrotas tras cada palabra, andaba John Rambo Stevens

Pero el FIB había comenzado antes, en la playa. A veces este festival crea ramificaciones por Benicàssim y paseando con la toalla a cuestas encuentras agradables sorpresas. Ayer, en la playa del Torreón y subidos a un autobús de línea del año 1962, perfectamente restaurado y equipado con un potente equipo de sonido, Standstill, uno de los mejores grupos españoles que han publicado álbum este año, ofreció un pequeño aperitivo del concierto que darán hoy. El montaje formaba parte de la aventura que cada año el sello español Pias armaba a bordo de un barco. Pero esta vez, según su director, "no hay un duro". Así que amarrados a tierra, sin grandes lujos pero con un talento desbordante, el grupo catalán soltó un conciertillo acústico en versión reducida. Pelearon contra el viento, contra la solanera que caía y contra un sonido que se acoplaba. Ganaron.

Precisamente, la banda que les teloneó, los catalanes Gentle Music Men, tocaron por la tarde en el escenario grande del festival. Una amplia formación que se presentó vestida con camisa blanca y corbata negra, sudando cada una de las cervezas que se han tomado en sus vidas ante un reducido auditorio. Como siempre, la tarde, civilizado remanso de paz en este FIB tan británico, es para los españoles. Porque luego vinieron Cuchillo, un dúo barcelonés de gran talento que construye con gran habilidad y austeridad de medios un acid folk hipnótico a base de loops y repeticiones superpuestas de la voz. Han editado dos álbumes y han estado de gira por EE UU. Consiguieron reunir a un puñado de gente que se quedó medio hipnotizada con las trescientas mil vueltas que daban las melodías.

El primer grupo internacional que tocó fueron los irlandeses Ash. Son una de esas bandas formadas en los noventa, lo que se conocía vulgarmente como rock alternativo, que al verlas parece que nada nuevo se ha inventado en esta música y que todo podría seguir igual durante cien años más y no pasaría nada. Suenan bien, son divertidos, pusieron a la gente a bailar a las ocho de la tarde (cosa que no había logrado nadie todavía) y lo hicieron todo con solvencia. Pero si de repente decidieran iniciar un viaje a Marte y no volver jamás, probablemente, nadie les buscaría. Bueno, quizá el director del festival, que también es irlandés, y se ha acordado de ellos este año.

Pasadas las doce de la noche saltó al escenario el número uno de los hooligans. No concede entrevistas y, si lo hace, nadie en la organización garantiza que no te suelte un botellazo. Si a él no le apetece, su peluquero, guardaespaldas y ultra del Arsenal, John Rambo Stevens, puede que se anime a hacerlo. Y parece que es mucho peor. En el último Summercase en Madrid, le partieron la cara al cantante de Bloc Party, precisamente por preguntarle si no había pensado en volver a formar PiL. Así que mira, quizá esos dientes rotos inspiraron a John Lydon cuando llegó a casa, al Johny Rotten de los míticos Sex Pistols, al indiscutible rey del punk que ocupa así sus ratos de jubilado, para reactivar su proyecto pospunk y traerlo al sol de Benicàssim.

Por la tarde, en plena forma, soltando tres palabrotas después de cada palabra, andaba por el backstage hambriento en busca de su cena. Y el tipo impone. Cada vez que se cruzaba con uno de los miembros de The Specials, parecía que la trastienda de carpas del festival fuera una calle cualquiera de Inglaterra hace 30 años. Al cierre de esta edición, todo el mundo tenía todavía los dientes intactos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 18 de julio de 2010