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COLUMNA

"¡Yo soy español!"

Una periodísta polaca me envió esta pregunta: "Escuché un comentario que decía que gracias alMundial la bandera española 'ha salido del armario'. ¿Se sienten más españoles los españoles?". Me tenté la ropa: ¿Me siento más español? Ni más ni menos. Un español como antes, feliz ahora de que España juegue tan bien al fútbol. ¿Eso es sentirsemuy español, poco español? A mí me gustaría sentirme muy español (también) cuando el Parlamento apruebe un gasto excepcional para la educación o para la cooperación con los países pobres. Que España sea más internacional,menos mezquina. Que vengan más extranjeros (como los latinoamericanos) a los que ahora se les cierra las puertas en las narices.

Y ni así tendría uno que sentirse más español. Un ciudadano más feliz y punto, que tampoco haya que ir identificando patria con ciudadanía.

Los excesos se pagan, como en las borracheras, y este españolismo exacerbado que hemos vivido tras el éxito futbolístico de España pudo llegar a empalagar a los que se sienten españoles lo normal. Lomalo del patriotismo es cuando se lo compara, y esta semana hemos estado comparando patriotismos de manera peligrosa. Habrá habido vecinos que han mirado con recelo a aquellos del rellano que no pusieran su banderita, y habrá algunos que han ido midiendo lo que de patria hay en los corazones visibles de las distintas calles de las comunidades autónomas más desafectas. Corremos el riesgo de volver a comparar afectos con desafectos, y eso ya sabe adónde conduce.

Que es fútbol, señores, suelen decir los comentaristas. Ahora muchos han gritado, además: "Que es la patria". Hombre, habrá un términomedio; ni tanto ni tan patriótico. Lo normal, y que haya sosiego, que vamos a terminar todos a banderazo limpio.

No es que vaya uno ahora con la manguera de la ducha de agua fría sobre la dicha que ha proporcionado este campeonato a la afición. Pero algunas cosas sí habrá que decir para que la conciencia no se quede atosigada por el exceso de almíbar.

Elvira Lindo lo dijo aquí el otro día: tanto envolverse en banderas parece dejar fuera del arropamiento a los que no andan por ahí presumiendo de llevarlas, o a aquellos que, no siendo de aquí, también han sentido como propio el éxito español. Porque viven aquí, por el juego de la selección española, por lo que sea. Este sistema de pesas y medidas de lo patriótico en función del tamaño o de la presencia de las banderas ha desembocado en un espectáculo fronterizo con lo abiertamente hortera.

Una periodista de CNN+ le preguntó a uno de los manifestantes de la alegría del lunes por la noche qué le había dicho a los futbolistas que desfilaron por Madrid. Y el hombre, enrollado en su bandera, le gritó al micrófono: "¡Qué les voy a decir! ¡¡¡Que [y aquí entonó la dichosa cancioncilla de estos días] yo soy español, español, español; yo soy español, español, español, español!!!". La periodista retiró elmicrófono antes de que el empalago se convirtiera en hastío patrio, que es una forma extrema del hastío ante el patrioterismo.

A Fernando Arrabal lo persiguieron durante el franquismo porque hizo una dedicatoria burlona de la patria. Cuidado, que ahora por menos también te podrían zarandear en la vía pública. ¿Que no lleva usted bandera? Pues vamos a ver qué tal va de sangre española. Pureza de patria, qué horror.

jcruz@elpais.es

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 18 de julio de 2010