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Reportaje:SUDÁFRICA 2010 | Los momentos del Mundial

A las celebridades no les va el frío

Las estrellas pasan de puntillas por un campeonato jugado con un balón de playa para tortura de los porteros, ambientado por las 'vuvuzelas' y marcado por muchas decepciones

Ha ganado el fútbol y han perdido los solistas. Una buena noticia para un deporte de equipo a pesar del interés mediático y de la apuesta de algunos presidentes por las figuras. Los referentes han sido necesariamente colectivos y, por tanto, se ha escrito mucho sobre el juego, la pelota y las vuvuzelas, cosas a compartir necesariamente para poder participar de la liturgia del fútbol. El Jabulani, ciertamente, ha sido un balón de playa y a los aficionados les ha dado por soplar una trompeta que provoca el mismo ruido que el grito de un elefante, y una manada de elefantes no siempre resulta graciosa cuando se la ve pasar cada partido. Ha habido detalles a veces inexplicables, ninguno tan sorprendente, de todas maneras, como el de recurrir a un pulpo para pronosticar el resultado de un partido o el de comparar cuáles son las chicas más guapas de los protagonistas de un torneo disputado en pleno invierno y sin apenas ambiente callejero.

- Las pifias de los porteros. Una constante en el inicio de la competición. La mayoría de los guardametas se quejaron de la pelota, también hubo quien extrañó el césped y se contaron excusas varias y tontas. Fallaron muchos, incluso el mejor del mundo, que responde al nombre de Julio César, arquero de Brasil, que encajó un tanto de Felipe Melo en propia puerta en el partido contra Holanda. Ningún error tuvo, en cualquier caso, la trascendencia del que protagonizó Green, portero del West Ham y de Inglaterra, que se agachó, se recostó y puso las manos para empujar el tiro de Dempsey a la red, un error que le costó el puesto en beneficio de James. También fallaron Kingson (Ghana), Justo Villar (Paraguay), Chaouchi (Argelia), Kawashima (Japón)...

- El penalti de Ghana. Las estrellas negras defendieron el honor de África hasta el último minuto de la prórroga de su partido contra Uruguay. Asamoah Gyan, el goleador del Rennes, dispuso de un penalti para clasificar por vez primera en la historia a un país africano para las semifinales de la Copa del Mundo después de que el uruguayo Luis Suárez rechazara el cuero con las manos debajo del larguero. La gloria o la miseria, la historia futbolística de un continente, concentrada en una pena máxima. Tiró Gyan y el balón dio en el travesaño para desespero de Ghana, Argelia, Costa de Marfil, Nigeria, Camerún y Sudáfrica, el primer país anfitrión que no pasa de la primera fase, después de que Tshabalala marcara un gol en la jornada inaugural para los bafana-bafana. El fallo de Gyan propició la rueda de penaltis en la que Uruguay se clasificó después de que el Loco Abreu transformara su lanzamiento al estilo Panenka para confundir todavía más a los africanos.

- La eliminación de Brasil. La pentacampeona, la única selección capaz de ganar en América, Europa y Asia, fracasó en África. El comandante Dunga tenía la mandíbula de cristal y su ejército salió derrotado a balón parado. A la que tomó el gol del empate, la canarinha se convirtió en la selección más vulnerable del mundo. Aunque le eliminó Holanda, habría perdido con cualquiera porque quedó paralizada. Resultadista por definición, Dunga prescindió del jogo bonito y se encomendó al marcador, de manera que, una vez eliminado, fue destituido.

- El motín de Francia. Fue la crónica de una muerte anunciada. La trayectoria de la selección francesa fue un desastre desde que obtuvo su clasificación con un gol tras una mano de Henry. La mayoría de sus partidos fueron un disparate, los egos de las vedettes se comieron al equipo e impidieron dar la alternativa a los jóvenes, Domenech no supo tirar las cartas y Anelka le mandó a paseo con tanta mala leche que le costó la expulsión del equipo. La respuesta de sus compañeros fue la de negarse a entrenarse y propiciar un motín esperpéntico que desembocó en un asunto de Estado. Laurent Blanc ya ha sido presentado como nuevo seleccionador.

- La campeona no llegó ni a los octavos. Italia fue una calamidad. No tuvo plan de juego y acabó siendo víctima de su propia medicina en el partido decisivo contra Eslovaquia. No le salvó ninguna jugada episódica ni su espíritu agonístico, sino que en los 10 últimos minutos pasó de aspirar a la clasificación a ser derrotada con la misma frialdad que en torneos anteriores había alcanzado el pase. Ausentes los jugadores fantasiosos, ni Pirlo ni Quagliarella, la solución de última hora, pudieron ayudar a corregir la cadena de errores de Lippi, errático desde que pensó que la fórmula empleada en 2006 en Alemania era mágica.

- De cuatro en cuatro. Hasta que se cruzó con España, Alemania fue la selección más admirada del torneo por su facilidad para golear a los adversarios más gallitos. No tuvo piedad de la desestructurada Inglaterra y después cerró la boca a Maradona con una nueva tunda. A la que El Pelusa regresó a Argentina, se acabó el show y se hizo el silencio en África. El que fue mejor jugador del mundo no supo armar un buen equipo a pesar de contar con buenos futbolistas. Alemania, en cambio, cayó con grandeza después de presentar la selección más joven de la competición, detrás de la de Ghana, con una media de 24 años y jugadores interesantes como Özil y Müller, ausente en la cita con España.

- La excusa de Capello. Inglaterra, al igual que México en su partido contra Argentina, fue víctima de clamorosos errores arbitrales. El colegiado no dio como gol un tiro de Lampard que botó dentro de la portería de Alemania y que habría supuesto el empate a dos mientras que el árbitro concedió al argentino Tévez un tanto en fuera de juego en el choque con México, jugada que se vio repetida en los videomarcadores del estadio, lo que originó una gran polémica.

- El fracaso de las estrellas. Ribéry, Rooney, Drogba, Eto'o, Messi y Cristiano Ronaldo, los jugadores que venden camisetas con independencia del equipo en que el jueguen, no han tenido un buen Mundial. A la escasez de goles, puesto que solo Cristiano consiguió marcar uno, se añadió una deficiente actuación particular y una incapacidad manifiesta para corregir los errores estructurales de sus selecciones. A Messi, que ejerció de volante, de pivote, de extremo y de ariete, le faltaron socios y una organización de juego para marcar la diferencia.

- El palo de Forlán. A falta de figuras, el torneo ha consagrado a los arietes de toda la vida, delanteros que marcan goles sin necesidad de demasiadas ayudas, puntas como, por ejemplo, Villa, Klose o Forlán, cuyo último tiro en el partido para el tercer y el cuarto puesto pegó en la madera de la portería de Alemania. Uruguay se batió como pocos equipos en un torneo dominado de nuevo por Europa y con una media de goles muy baja (2,08), en la línea de Italia 1990 (2,2), de las competiciones menos productivas.

- Dominio de Europa. Las dos últimas finales han sido protagonizadas por selecciones europeas. La sorpresa es que las dos que disputaron el título en Alemania, Italia y Francia, fueron eliminadas a las primeras de cambio. África decepcionó, Asia tuvo poca presencia y Sudamérica fue menguando después de contar con cuatro de sus cinco representantes en los octavos de final.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 12 de julio de 2010