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Reportaje:LA COCINA DE DEL BOSQUE | SUDÁFRICA 2010

El mejor portero de España

Ochotorena disfruta intentando hacer cada día mejores a Casillas, Reina y Valdés

No hay un solo portero español que hable mal de José Manuel Ochotorena. Pobre de quien se atreva. Será tomado por loco o, lo que es peor, por mala persona. Nadie, ni aquellos que compitieron con él por un sitio bajo los palos; ni los que fueron suplentes cuando se le concedió la titularidad; ni mucho menos aquellos a los que hizo buenos desde la competitividad de quien sabía que no iba a jugar el domingo y aprovechaban cada minuto de los entrenamientos. Ochotorena se ganó el mayor respeto del mundo: el de los compañeros.

Nació en San Sebastián en 1961. Fue portero de Primera y ganó títulos, pero Ochotorena es grande porque le respetaron los compañeros, no necesitó de las estadísticas; su premio no lo dan los títulos. Es preparador de porteros y cada día hace mejores a Iker Casillas, Pepe Reina y Víctor Valdés, probablemente la terna de guardametas más grande que haya reunido la selección en más de 100 años de historia.

El tránsito de portero a entrenador de porteros empezó en el Valencia, siguió en Liverpool y asoma desde hace años a la selección española. Sin quitarse los guantes, a su manera, ha seguido ganándose el respeto de quienes le rodean sin necesidad de darse panzadas. Tal vez lo mejor que pueda decirse de el pater -así le llama Xabi Alonso después de haberse sentido acunado tantas veces en Liverpool- es que nació portero; nunca decidió serlo.

En los campos de Pele, en Hernani, cuando con los chiquillos ataban maderos para hacer porterías, él ya sabía que construía la casa que iba a defender. "Yo no quería meter goles, yo quería parar", dice ahora, cuando mira atrás y recuerda su niñez, a aquel niño guipuzcoano que idolatró a Iribar en campos de barro, el que le vio jugar en el viejo Atotxa, el que no se ha olvidado de todo ello y sabe que Iribar nació en Zarautz.

Portero de Primera -Madrid, Valencia, Racing- jugó una vez con la selección, diez minutos. Pero eso da igual. Lo que importa es saber que siempre le gustó tanto tratar de que no le metieran goles a su equipo que, cuando llegó la hora de dejarlo, pensó que si ayudaba a otros porteros a ser mejores se sentiría bien. Falto de referentes, dice que le marcó la aparición del holandés Hoeck de la mano de Van Gaal como punto de partida para el ejercicio de su profesión.

Llegados a este punto, cuando de lo que se trata es de dar razón a lo dicho, avisa Pepe Reina: "Me voy a quedar corto en lo que añada porque no me alcanzará nunca a explicar quien es Ochotorena". Y se lanza el meta del Liverpool: "Es el mejor entrenador que he tenido en mi vida. Por encima de todo, de los entrenadores que he tenido, de los segundos entrenadores, de entrenadores de porteros... Es el mejor, el referente".

Le sobran razones y se las guarda Reina, pero avisa: "Te hace mejor porque trabaja muy bien el aspecto psicológico, sabe exprimirte y nunca se repite, con él no es sota caballo y rey. Te da lo que no sabes que le estás pidiendo".

"Tiene una manera muy especial de trabajar para sacar lo que quiere. Es tremendamente gratificante trabajar con él", dice Valdés. De hecho, ver a los porteros trabajar cada día es uno de los regalos que deja este Mundial.

Buena parte de culpa es suya. De José Manuel Ochotorena, ese que es tan portero que cuando le pides el nombre de su mujer y sus hijos, te contesta: "Mi mujer, Lali, mi hija se llama Paula y el chaval Andoni... como Zubi".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 7 de julio de 2010