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TOUR 2010 | 2ª etapa

De mala leche, cabreado

Hoy me siento corredor; y esto, que en condiciones normales sería algo de lo que me sentiría orgulloso, yo al menos así lo pienso, hoy es algo que primero me entristece y en cierta medida me abochorna.

Chavanel ha sido el triunfador gracias a sus méritos, bravo por él que, sin saber lo que más tarde pasaría por detrás, se lanzó a la aventura en el kilómetro 10 de la etapa. Sabiendo que el día sería duro, que la lluvia lo haría aún más, y que la probabilidad de que la fuga fuese buena era mínima.

Pero al mérito del francés hay que sumarle el demérito del pelotón, que ha optado por no disputar la etapa después de una multitudinaria -otra más- caída. Se bajaba la cota de Stockeu -conocida por todos por la Lieja-Bastogne-Lieja- y el cóctel de la lluvia, la velocidad, la tensión y quién sabe si algo más -los corredores con los que he hablado me han dicho que no era normal como caían todos como piezas de dominó-, ha hecho que gran parte del grupo se haya ido al suelo con violencia. Muchísimos corredores, algunos de los aspirantes a la victoria en París entre ellos. Impresionaba verles cruzar la meta; en fila india, desfilaban como soldados tras la batalla con caras exhaustas más habituales de la segunda semana que del segundo día. Pero lo peor era mirar más allá de la cara; a los hombros, los codos, las rodillas... y lo que uno veía era sangre coagulada mezclada con la suciedad de la carretera. Uno sí, otro también, e intercalado entre ellos alguno que otro que había conseguido sobrevivir. Y mirando más allá aún, tratando de ver sus pensamientos, se les veía de mala leche.

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Y aquí vuelvo al principio. Lo que me abochorna es que hoy me siento como la gran parte de los corredores en estos momentos, cabreado. ¿Con qué, con quién? Difícil respuesta si es que existe. Cuando ocurren este tipo de cosas, cada uno hace las cuentas según sus intereses. Los beneficiados se amparan en la deportividad, a todos nos puede pasar. Los perjudicados se carcomen por la ocasión perdida y otras preguntas sin respuesta: ¿me esperarían a mí en caso de que hubiese caído?, o ¿quién decide cómo, cuándo y cuánto se espera? La organización ha optado por repartir los puntos de la clasificación tan solo al -justo- vencedor de la etapa. Segundo, tercero, etcétera... aparecerán en la clasificación como mero testimonio, sin el valor que tiene el puesto en una etapa de estas características. Al parecer ha sido una demanda de los corredores, representados por el líder, Cancellara, que ha sacrificado su maillot amarillo por el interés de sus jefes de filas, los hermanos Schleck.

Lo que digo, aquí hoy cada uno hace balance según le ha ido, pero en general, todos de mala leche porque ha sido un día mucho más duro de lo esperado. El que se ha caído y está bien, masca aliviado su mala fortuna. El que se ha caído y aún está dolorido, piensa en términos de futuro; en como se levantará mañana y en si podrá pasar el pavés. Y el que no se ha caído se conforma con su buena suerte. Pero hoy contentos, quitando a Chavanel y su equipo, pocos. A ver mañana...

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 6 de julio de 2010

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