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Reportaje:SUDÁFRICA 2010 | Octavos de final: Argentina-México

"Apuntaban a las piernas de Messi"

Maradona ve peor que los árbitros no protejan a las figuras que un linier yerre

Diego Maradona cumplió el ritual con precisión supersticiosa. Se quitó el traje, se puso el chándal, encendió un Romeo y Julieta, uno de esos puros que le manda Fidel Castro, y llenó sus pulmones con tres o cuatro caladas en profundidad. Entró en la sala de conferencias del Soccer City y se lo pasó a Gabriel Cáceres, el masajista, cuya función se circunscribe a sostenérselo. Así se presentaron en público el seleccionador argentino y su séquito tras el partido. Aún no se disipaba la humareda cuando respondió a la primera pregunta: "¿Qué hará cuando se recupere Samuel? ¿Quitar a Burdisso o a Demichelis?" Como a Maradona le molestó que el periodista no le felicitara antes de la cuestión ni le hiciera algún comentario laudatorio como es costumbre en la prensa argentina, calificó la pregunta de "tonta". Y agregó: "Jugará el que esté mejor".

Una de las decisiones más valientes de Maradona como entrenador ha sido dejar fuera del equipo titular a Verón, el gran caudillo del plantel. Durante los últimos días, en los alrededores de la concentración argentina circuló el rumor de que el veterano centrocampista se había enfrentado a su seleccionador para pedirle explicaciones por su ausencia. Ayer, Maradona desmintió esa versión y dio un rodeo dialéctico muy críptico. "Mi relación con los de fuera es excelente", dijo; "no cambió nada. Fui tan claro con los jugadores como en la conferencia de prensa. Para mí, no hay titulares ni suplentes. Los que no son titulares tienen que estar a mil. El que está fuera tiene que estar bien para cuando le pase algo al de dentro. Mi relación es excelente con todos a pesar de que he dejado fuera a pesos pesados. He visto que esos pesos pesados cuando han saltado a la cancha lo han hecho por respeto al grupo, al cuerpo técnico y a la camiseta. Aquí no vinimos de vacaciones, sino a hacer felices a los argentinos".

Al seleccionador se le notó deliberadamente impreciso en sus explicaciones, como si tras aquel discurso sinuoso se escondiesen inconfesables problemas de gestión del vestuario. Cuando le preguntaron por la convalidación errónea del gol que Tévez hizo en fuera de juego (1-0), Maradona cambió de tema y criticó al árbitro Rosetti porque consideró que representa a una colectividad que no está protegiendo a Messi lo suficiente.

"¿Qué sentí cuando se equivocó el linier?", reflexionó; "lo mismo que siento cuando a Messi no lo dejan jugar y le dan unas patadas terribles sin que el árbitro diga nada. Si le mostraba la tarjeta roja a Torrado, no pasaba nada. Ha sido la noche de las advertencias. ¿Cuántas veces hay que advertirle a un jugador antes de mostrarle la cartulina amarilla? ¡Muchachos, yo lo viví en carne propia! ¡Que volvemos 20 años atrás, a la época de Gentile! Cada vez que Messi agarraba la pelota le pegaban en las piernas. No le apuntaban a la pelota. Le apuntaban a sus piernas. Ha sido escandaloso. Los errores de un asistente son comprensibles. Pasan siempre. Lo que es más preocupante es que lesionen a un jugador como Messi y los árbitros no hagan nada".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 28 de junio de 2010