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Reportaje:

El África que no juega al fútbol

La primera compañía de inmigrantes sin papeles se estrena en el teatro Alfil

Ocho de la tarde. Toda la ciudad con los ojos puestos en África a través del televisor, y resulta que África, el África de verdad, (y no la del fútbol y la que patrocinan las grandes marcas occidentales), estaba aquí mismo. En el teatro Alfil de la calle Pez. De eso se dieron cuenta las cerca de 300 personas que abarrotaron sus butacas para ver La manta no es mi sueño, de la Inestable Compañía de Kourel Africana. El grupo, formado por inmigrantes del vecino continente que llegaron a España en patera, y dirigidos por la actriz Nathalie Seseña, pretendía con su primera y única puesta en escena trasladar al público la tragedia de sus propias vidas. Desde su arriesgado viaje a Europa, hasta la desesperación de habitar en un país donde se les detiene por intentar sobrevivir a través de la venta ambulante, uno de los pocos oficios que logran desempeñar por su falta de papeles.

La Compañía nace de la mano de la Asociación Sin Papeles de Madrid (ASPM), un colectivo que trabaja para integrar a los inmigrantes. Taller de teatro, servicios jurídicos, clases de español... ASPM ofrece pequeñas oportunidades a unas personas martirizadas por su situación legal. Una de sus principales luchas, y el leitmotiv de la obra, es precisamente lograr la despenalización del top-manta. Una actividad que hasta la reciente reforma de dos artículos del Código Penal, condenaba a muchos manteros a entrar en prisión. "La pena se ha reducido pasando de delito a falta, pero los manteros aún pueden acabar presos, por ejemplo, por no poder pagar la multa", cuenta Teresa Ramos, abogada de ASPM.

Sobre el escenario, la Inestable Compañía parecía profesional. A Moustapha Ladiane, su protagonista, la actuación le hizo revivir esos días de frío y hambre cuando dormía a la intemperie al llegar a Madrid con tres euros en los bolsillos. Público en pie y lacrimales empapados. Será la facilidad que conlleva interpretar la desdicha de sus propias vidas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 22 de junio de 2010