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Crónica:SUDÁFRICA 2010 | CHILE 1 - SUIZA 0

Chile es fuego

Mark González derriba el 'catenaccio' suizo, pero el equipo de Bielsa pierde a Carmona y Mati para medirse el viernes a España

Chile es fuego. Marcelo Bielsa ha construido un equipo que quema por su intensidad tanto en la defensa como en el ataque. Por la ambición y el despliegue físico indesmayable. No es un conjunto refinado porque no tiene, ni de lejos, la pureza técnica de España, su rival en el tercer partido, pero sí contagia pasión a la grada, no solo a sus enloquecidos seguidores, y será un adversario temible para el combinado de Del Bosque.

Aunque algo menos debido a las tarjetas que vieron Carmona y Mati Fernández, sancionados frente al combinado español. En eso aún no pensaba Bielsa cuando, en su primer gesto de alegría, buscó a todos los miembros del banquillo chileno para abrazarse. Había que festejar la sufrida y merecida victoria sobre el catenaccio suizo, abierto por un cabezazo rabioso de Mark González.

12 policías heridos y 135 hinchas detenidos en Santiago en las celebraciones

El partido fue áspero, afeado por un viento desagradable y la predisposición al duelo de navajas de ambos equipos. Si los suizos creían que iban a tener un rival tan tierno como España, se equivocaron. Puesto a ser agresivos, los chilenos compiten con cualesquiera. Aunque eso le costara a Carmona la sanción que le impedirá medirse a España. El mediocentro del Reggina es la pieza táctica más codiciada para Bielsa: pega las dos mitades en las que suele partirse el conjunto.

En contra de la creencia popular, no fueron los italianos sino los suizos los inventores del catenaccio. O, al menos, los que acogieron a un austriaco, Karl Rappan, que en los años 30 del siglo pasado comenzaron a implantar, tanto en la selección suiza como en el Servette, la simiente de lo que sería el cerrojazo. El alemán Ottmar Hitzfeld, el actual seleccionador, no es que haya bebido en esas fuentes, pero de alguna manera ha imitado a su compatriota Otto Rehhagel, campeón así en la Eurocopa de Portugal 2004 con Grecia. Los suizos jugaron con la maza, machacando el balón a la primera ocasión. Y tratando de rapiñar algún error del contrario.

El viento actuó en contra del juego más preciso de Chile, el único con intención de crear algo. La apuesta era disparar desde lejos: la mezcla del Jabulani con el viento podía convertirse en el mejor aliado. Desde fuera del área, Vidal y Carmona sometieron a Benaglio a un pelotón de fusilamiento. El portero respondió con agilidad. A Behrami se le fue la mano en el acoso a Vidal, que exageró el golpe recibido. Y obtuvo lo que quería: la expulsión del volante suizo. Con uno menos desde la media hora, Hitzfeld no tuvo ninguna duda: más defensa. Retiró al veterano Frei y dio paso a Barnetta, lateral izquierdo del Leverkusen. Ya tenía recompuesto otra vez el muro, dos líneas de cuatro, con Nkufo solo arriba. Arriba es un decir; en el centro del campo, sería más ajustado.

Bielsa tomó decisiones importantes en el descanso. Relevó a Vidal y Suazo por Mark González y Valdivia. Chile tenía prisa por ganar. Y Alexis Sánchez había soñado tanto ese momento, el de celebrar un gol en un Mundial, que se pasó un minuto largo festejando un tanto que había sido anulado por fuera de juego de un compañero. El partido siguió muy bravo y Mati Fernández, amonestado, también faltará a la cita con España. La barrera suiza era cada vez más espesa y solo la velocidad de Alexis Sánchez amenazó con resquebrajarla. Claro que, en los metros finales, el extremo del Udinese se aturullaba. Bielsa vio que se le escapaba la victoria y metió a Paredes, otro delantero más. Atacaba con cuatro (Sánchez, Valdivia, Paredes y Beausejour) y dejaba todo el medio del campo para Carmona, el motor de este equipo, una baja dolorosísima para Bielsa.

La ambición chilena dio sus frutos. El pequeño Medel, central veloz y aguerrido, envió un pase en profundidad, a las espaldas de los defensores, con varios posibles destinatarios. Lo alcanzó Paredes en la línea de fondo, lo centró al otro lado y Mark González lo cabeceó fuerte y picado. El fuego chileno se impuso al viento y el cerrojo suizo. Eso sí, las celebraciones del triunfo se saldaron en Santiago con al menos 12 policías heridos y 135 hinchas detenidos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 22 de junio de 2010