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Reportaje:MÚSICA

Las 'Mates' no sirven para bailar

Dan Snaith, doctor en Matemáticas, ha hallado la ecuación electrónica perfecta. Con su proyecto Caribou, firma uno de los discos más alabados del año.

"Mi mujer me regaló un curso de natación y me cabreé", recuerda Dan Snaith con respecto al título de su nuevo largo, Swim (Nadar). "Le dije que dejara de innovar y me comprara unos calcetines, pero que eso me parecía una ofensa. No soy un niño. Al final, decidí tomar las clases. Me encantó. No te puedes imaginar la de ideas que se te ocurren mientras nadas".

El canadiense sentía que debía oxigenar su música. Su anterior trabajo, Andorra, había sido celebrado como una de las más brillantes referencias dentro de una carrera plagada de buenas críticas y mejores discos. Desde que irrumpiera en la escena como Manitota —tuvo que renunciar al nombre por demanda de Handsome Dick Manitota, de The Dictators—, a principios de este siglo, Snaith se manifestó como un talento desconectado de la tendencia, y acabó siendo en parte responsable de toda una tendencia posterior volcada hacia el pop cerebral. Andorra fue un éxito. Ganó un premio Polaris y sedujo a un público concreto que, debido a las referencias pop de aquel disco, parecía abrazarle como redentor vintage de la cultura pop de los sesenta. Nada más lejos de un tipo enamorado de la electrónica, la psicodelia y la soledad del sampleador en el sótano. "Decidí que este largo debía ser distinto. Empecé a acudir al Plastic People, un club de Londres, donde vivo, que me encanta, volví a pinchar, me empapé de sesiones, como las de Theo Parrish y volví a engancharme a la electrónica, pero esta vez me divertí. No fui el tipo aburrido que toma notas en la esquina, algo que me irrita ver a la gente hacer cuando pincho yo, por cierto. Bailé y me emborraché, algo que tal vez no hacía mucho con veinte años, pero que disfruté pasada la treintena".

Swim es uno de aquellos discos que se definen con los peores tópicos sobre hipnosis, alucinaciones, evocaciones y demás recursos de nulo contenido, pero que, afortunadamente, está muy por encima de los habituales lugares comunes que emanan de cualquier obra pop que parece escrita por alguien que se sabe los nombres de los miembros de Tangerine Dream. Más volcado hacia la electrónica y ayudado por miembros de Born Ruffians o Junior Boys, este canadiense con un doctorado en Matemáticas por el Imperial College de Londres llegó a grabar 600 temas y, al contrario de lo que algunos rumores sugieren, jamás utilizó ningún elemento matemático para su conformación. "He oído pocas cosas tan estúpidas como que ciertas combinaciones binarias explican mi música. Me gustan las matemáticas porque son inaplicables en mi música. El proceso de creación en Swim ha sido el habitual en un tipo solitario como yo, que trabaja en el estudio pieza a pieza, compás a compás. Lo mismo, pero con distintas intenciones y diferentes instrumentos. Construyó los temas como el novelista escribe capítulos sueltos de su gran libro".

Swim está editado en Nuevos Medios.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 18 de junio de 2010