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Necrológica:

García Cereceda, impulsor del 'boom' inmobiliario

Creó Lugarce y era propietario de lujosas urbanizaciones

En los años ochenta, cuando se produjo aquel boom inmobiliario sin precedentes en España -con especial virulencia en Madrid- y hablar de pelotazos era cotidiano, hubo varios nombres que pasaron a ser primera página de los periódicos como protagonistas. Saltaban a la luz operaciones que llevaban cifras de varios ceros, entonces millones de pesetas, y personajes que deslumbraban por sus habilidades en ese terreno. Uno de esos nombres era Lugarce, acrónimo de Luis García Cereceda.

Este emprendedor, que murió ayer en Madrid a los 72 años después de varios de lucha contra un tumor cerebral que se agravó el pasado diciembre, se había independizado a finales de los setenta de la inmobiliaria Sagar para crear su propia entidad, que en muy poco tiempo derivó en un verdadero imperio inmobiliario. Lugarce adquirió Afisa, una de las entonces destacadas del sector, y creó Procisa para cotizar en Bolsa. Con estas divisas dio los mayores pelotazos inmobiliarios. No había operación que se fraguara en el centro de la capital en la que no apareciera su nombre, a veces incluso como recurso propagandístico, aunque en realidad no participara.

Compró el restaurante Zalacaín para tratar con la élite empresarial y política

Le tocó vivir la etapa de expansión de la economía española y, a su sombra, supo aprovechar el crecimiento inmobiliario. La base de su negocio fue la compra de edificios y solares que luego revendía o transformaba en viviendas y oficinas de lujo, al compás de la política de rehabilitación de cascos urbanos. Esa actividad le dio mucho dinero que luego supo manejar en tiempos de crisis sin demasiados problemas.

García Cereceda procuró estar siempre en la retaguardia, fuera de los focos de la noticia; pero sabía moverse como pez en el agua en los entresijos del ladrillo y del poder. Destacó por labrarse estrechos contactos con el mando político. Se le atribuye estrecha amistad con Adolfo Suárez -la sede del CDS era propiedad de Lugarce-; con Felipe González -la prensa rosa asegura que el ex presidente conoció a su actual pareja a través de él- y con varios ministros y altos cargos de los sucesivos Gobiernos de ambos.

Posiblemente porque le gustaba el contacto con la crema empresarial y política adquirió uno de los templos gastronómicos de la capital, el restaurante Zalacaín, lugar de obligado cumplimiento para cualquiera que se quiera significar. También fue uno de los primeros en aparecer con yate propio por aguas baleares y frecuentar el oropel de la pujante jet set.

Pese a su obsesión por la discreción y la aprensión a las cámaras, no pudo evitar los focos en diversas etapas de su vida. Estuvo involucrado en el escándalo político que protagonizó el PRIM, el confuso partido surgido de las filas de Alianza Popular (AP) que bloqueó la moción de censura de Alberto Ruiz-Gallardón contra el presidente socialista de Madrid, Joaquín Leguina. Últimamente volvió a los primeros planos por el afamado y elitista complejo urbanístico La Finca, en Pozuelo de Alarcón, donde reside gente de las más ricas del país, entre ellos varios futbolistas.

Y le saltaron algunas polémicas. Unas de índole profesional, como la adquisición en 2007 de una finca de 800 hectáreas a la familia Garrigues en Brunete que luego fue recalificada. Y otras de carácter familiar, por la lucha por su herencia, valorada en más de 1.000 millones de euros, y que implica a su actual esposa, Silvia Gómez-Cuétara; las hijas -Yolanda, frecuente en programas de cotilleo por su relación sentimental con Jaime Ostos jr., y Susana- y sus nietos.

Las últimas noticias sobre su ímpetu inversor remitían a la República Dominicana, donde propulsó un macroproyecto urbanístico junto a Juan José Hidalgo, presidente de Globalia, en La Romana, cerca de Santo Domingo. Allí quería hacer algo parecido a la madrileña La Finca, pero con puerto deportivo, residencias, torres y hoteles.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 8 de junio de 2010