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Reportaje:

Los años del titanio

Un documental recuerda el yacimiento de Balarés, en Ponteceso, que supuso el primer trabajo de muchos jóvenes de Bergantiños en la posguerra

Titanio, azufre y volframio pasaron por la costa de Balarés, en Ponteceso, con distinta fortuna. El primero era el mineral que oficialmente se extraía de la arena de la playa desde la posguerra. Su explotación supuso el primer trabajo remunerado de muchos vecinos que, todavía adolescentes, quisieron apoyar con sus pequeños sueldos la maltrecha economía familiar. Muy distinto fue el paso del azufre por la Costa da Morte: lo traían a Balarés para tratarlo, pero dejaron de hacerlo porque a muchos trabajadores se les caía el pelo y les salían manchas en la piel. Con el volframio se recrudeció el contrabando: llegaba a Balarés a escondidas, por una carretera inusual para un lugar sin núcleos de población, y allí lo mezclaban con el titanio. La de Balarés fue una explotación corta en el tiempo que cayó en el olvido cuando se acabó el filón, más pobre que el de las otras minas de la comarca, como la de caolín en Laxe o las de volframio de Monte Neme. Hace unas semanas, el estreno de un documental promovido por Montebranco, asociación cultural de Ponteceso, rescató Titania S.A, la efímera empresa que encabezó la aventura, para la historia de la minería gallega del siglo XX.

Todavía no está claro qué interés tenía y para qué se usaba el titanio Hoy algún vecino cobra la pensión por sus años de trabajo en la mina

Hoy algún vecino cobra la pensión por sus años de trabajo en la mina

El tratamiento del azufre duró un año: a los empleados se les caía el pelo

La playa fue lugar de contrabando de volframio primero y de tabaco después

Titania S.A en Balarés, dirigida por el joven cineasta Omar Rabuñal es un documento de historia oral único, porque cuando el mineral empezó a escasear en los años 60, Balarés enseguida cayó en el olvido. Hoy todavía pueden verse los restos de las piscinas en las que se separaba el rutilio -óxido de titanio- de la arena de la playa. La propia explotación de este mineral en Galicia constituía por sí sola una excepción a la fiebre del volframio, que creó nuevos y fugaces ricos en Lousame, Santa Comba o Vila de Cruces.

"La mina acabó con el hambre en toda la ría de Corme y Laxe", asegura Luís Giadás, historiador encargado de la documentación de Titania S.A en Balarés. Las fichas de beneficiarios del economato de la empresa y las entrevistas realizadas a 20 vecinos que participaron en la explotación de titanio son prácticamente la única información que queda hoy de la mina, descubierta en 1935 por Isidro Parga Pondal y explotada por los hermanos Fernández López, impulsores también de Pescanova y Zeltia. En una economía herida por la Segunda Guerra Mundial, los usos del titanio despertaban sospechas hasta entre los empleados de la mina, que aún hoy no tienen muy claro a qué intereses servían. Unos creían que el mineral surtía la industria farmacéutica; otros, que se destinaba a un fin tan inocente como la fabricación del raspador de las cajas de cerillas. Alguno estaba convencido de que el titanio reforzaba las balas, igual que el volframio. "La mayor parte del mineral iba para el País Vasco, para Unquinosa, una empresa dirigida por alemanes", puntualiza Giadás, que no se atreve a precisar hasta qué punto Titania S.A satisfacía las necesidades de la guerra en Europa. "En esta mina es más interesante lo que se calla que lo que se dice", asegura.

En Balarés primero fueron los canteros, que construyeron un puerto escondido para el titanio y también para el contrabando. Las mujeres de O Couto, el lugar más cercano a Balarés, aprendieron entonces a amasar cemento para ayudar a los hombres en la construcción. Cuando empezó a explotarse la mina, fueron también ellas las que se encargaron de transportar sobre la cabeza las bacías con el preciado mineral, siempre mezclado con la arena que dejaba la bajamar. Cobraban menos -la media en los años 40 era de 15 pesetas por jornada- pero al igual que los hombres estaban aseguradas desde el primer día y se les reconocían las horas extra. "Titania S.A era una empresa muy moderna para la época. Cuando se acabó el filón en los años 60, el lugar discreto de Balarés fue recuperado para el contrabando de tabaco. "La playa es difícilmente visible desde cualquier punto", explica Giadás.

El economato de Titania S.A, que vendía alimentos básicos a los empleados a un precio menor que el del mercado, alivió la dureza de los años de racionamiento. Los excedentes de harina o aceite eran revendidos para comprar zapatos y todavía hoy algún vecino cobra la pensión por sus años en la mina. "En una economía agromarinera, la mina fue el primer contacto con el sector secundario para muchos jóvenes", razona Giadás. La mayoría de los trabajadores aguantaba poco tiempo, porque los sueldos en Balarés, aunque buenos para la época, no se podían comparar con los de las fábricas francesas o alemanas de los años 60.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 6 de junio de 2010