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Reportaje:

Cuando las cajas eran de todos

Una investigación recrea el origen de las entidades de ahorros a finales del siglo XIX

Encontrar precedentes a las conjuras de salón que a buen seguro han rodeado las negociaciones para la fusión de las cajas gallegas resulta muy sencillo para el escritor Alfonso García López, notario de profesión y premio Manuel Colmeiro de la Xunta por sus trabajos sobre los orígenes de la banca gallega.

"Cuando el Banco de España decidió absorber al primer Banco de La Coruña, que tenía el privilegio de emitir billetes al portador, Juana de Vega, que era una de sus accionistas aunque muy pocos se acuerden de ello, no aceptó la operación y con otros disidentes decidió fundar la Sociedad de Crédito Gallego, que dio origen a la Caja de Ahorros de A Coruña", hoy Caixa Galicia. Corría el último tercio del siglo XIX y García López lo recrea como si hubiera sido testigo presencial de aquella conspiración financiera.

"Ahora ya no tienen nada que ver con lo que fueron", dice el autor del estudio

"Nacieron como una liberación colectiva del látigo de la usura"

El notario, autor del libro La actividad bancaria en Galicia, desde el catastro del marqués de la Ensenada hasta la Ley Cambó, impartió ayer una conferencia en A Coruña sobre las casas de banca en el siglo XIX, invitado por la Fundación Caixa Galicia, y aprovechó para recordar lo mucho que separa a las actuales entidades de ahorro de lo que en sus orígenes fueron los montes de piedad. Tampoco atisba en el pasado comparaciones entre la actual crisis económica y cualquier otra.

"La situación actual no tiene nada que ver con la crisis del 29", dice. Y si mira a la Galicia del pasado, "tampoco podemos encontrar precedentes, ni siquiera cuando a principios del siglo XIX se decidió negar a la ciudad la concesión para comerciar con América, lo que unido a la Guerra de Independencia generó hambre y desempleo y se llevó por delante a muchísimas entidades y casas de banca", explica.

García López suele documentar todo aquello de lo que habla, y así hizo en su exposición de ayer, dibujando un sistema financiero gallego que en nada se parece al actual. "Los montes de piedad, que fueron constituidos por la Iglesia o por colectivos sociales muy diversos, nacieron como una necesidad para luchar contra la usura, fueron la palanca para la liberación de los más humildes de aquellos que los sometían cobrando por todo, y obligando a empeñar joyas, pero también sábanas y enseres".

Esa concepción de lucha contra la usura forma parte de los estatutos fundacionales de la que en 1876 se llamaría la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de La Coruña. Según las actas de la época, la entidad que nació al abrigo de la Sociedad de Crédito Gallego se definía por ser "un establecimiento benéfico y humanitario que, funcionando dentro de la moral, atiende a las necesidades del pobre, ofrece beneficios módicos y seguros a todas las clases trabajadoras y virtuosas de la sociedad, ya para depositar los ahorros, ya para los efectos de que en casos dados necesiten disponer para atender a sus enfermedades y a las demás penurias de la vida". Y todo, con una condición: "Sin entregarse a la usura o a los vecinos que en poco tiempo les dejan sin medios de vivir y sin salud", rezan dichos estatutos.

Aquella entidad que hoy recuerda el notario nació con préstamos al 6% de interés, que contrastaban con el 60% de tipo anual, el 5% mensual, que había que abonar en la época cuando se solicitaba un crédito a un usurero. "A veces los tipos de interés eran lo de menos, la cuestión estaba en la entrega de viviendas por adelantos de dinero, con el compromiso de recompra firmado por los más humildes, lo que llevada al final a quedarse sin el inmueble o la tierra", recuerda el historiador. "De ahí", dice, "que naciesen los montes de piedad como un auténtico movimiento social".

¿Y qué queda de todo aquello? Muy poco, parece. En su opinión, una caja de ahorros hoy en día no se diferencia de un banco. "Está la obra social, sí", admite, "pero los bancos también tienen fundaciones". "Y todo ello", matiza, "con la peculiaridad de que no se sabe quiénes son los dueños de las cajas".

La metamorfosis ha sido gradual, según explica. "Después de la Guerra Civil y hasta que en plena transición Fuentes Quintana abordó sus reformas, las cajas de ahorros tenían unos fines más abiertos, con un mayor espectro de actuación". En esa línea, apela al eufemismo de una actividad "al servicio de la financiación de los intereses nacionales". Es así como las cajas tenían la obligación en plena dictadura de comprar deuda pública emitida por el Estado, y también de invertir en determinadas iniciativas o empresas, "como podrían ser el Instituto Nacional de Industria o compañías públicas como Telefónica".

García López guarda como oro en paño libretas de ahorro y otros documentos originales, no sólo de las cajas, que hablan de un pasado muy distinto. Como el detalle de las cuentas corrientes de la Banca Soto, de Chantada. "Fue creada en el XIX por Benito de Soto Linares, nacido en Chantada en 1852. En 1971 pasó a denominarse Banco de Lugo y posteriormente se integró en el Banco de Galicia", hoy en manos del Banco Popular. Toda una historia de un plumazo para estos momentos de crisis.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 27 de mayo de 2010