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Reportaje:

Duro aterrizaje de Rato en Caja Madrid

El ex gerente del FMI se enfrenta al reto de hacer rentable la entidad, buscar una fusión, un nuevo gestor y vender participaciones para sobrevivir

"Aquí hay que correr mucho para poder seguir en el mismo sitio", decía la Reina de Corazones, personaje de Alicia en el País de las Maravillas. Este principio se puede aplicar al sistema financiero, donde conviven entidades rápidas, que roban clientes, con otras débiles que sólo buscan sobrevivir. En mitad de esta reestructuración, llegó a la presidencia de Caja Madrid Rodrigo Rato (Madrid, 1949). En su manual está incrementar el capital (para defenderse de la morosidad), aunque sea a costa del beneficio, controlar la liquidez y ser más rentable.

El ex vicepresidente de Gobierno con Aznar y ex director gerente del FMI accedió a la presidencia de la segunda caja a finales de enero pasado, por lo que ya ha cumplido sus primeros 100 días en la entidad. El aterrizaje ha sido duro y difícil, como lo demuestra la primera cuenta de resultados presentada bajo su mandato, que arrastra una caída del beneficio del 80%.

El mercado cree que ya debería contar con un gestor para pilotar el proyecto

Su estrategia es crecer menos en volumen, pero ser más rentable

"Con esta cuenta Rato ha mandado dos mensajes, uno interno, con el que dice a la plantilla que la situación es delicada y otro al mercado, para advertir que la herencia de Miguel Blesa, anterior presidente, fue mala", dice un ejecutivo del sector. Otros creen que Rato ha hecho lo de siempre: "hundir la cuenta cuando se llega al mando para atribuirse la mejoría posterior". En tres meses Caja Madrid ha ganado 70 millones y espera llegar a menos de 300 millones en diciembre. Con este objetivo, La Caixa habrá ganado en tres meses casi el doble que Caja Madrid en un año. Según las estimaciones, la entidad catalana podría ganar 2.000 millones. En 2004 La Caixa sólo le sacaba 100 millones a su rival y ahora, 1.700. La cuenta de marzo, que el mercado no achaca a Rato, ha despertado preocupación en el sector porque Caja Madrid debe ser motor en las fusiones, un aliado del Banco de España, y no un problema. Algo no funciona en la entidad, cuya rentabilidad sobre recursos propios es el 2,90% (frente al 10% del Banco Popular, por ejemplo).

¿Qué ha hecho Rato en tres meses? El ex vicepresidente del Gobierno ha pacificado el Consejo de Administración, donde están todos los partidos y sindicatos. Este órgano ha sido fuente de tensiones, incluido un intento de derribo de Blesa durante casi dos años. Rato, hábil en este terreno, ha establecido una red de pactos para evitar las broncas del pasado, con cesiones a unos y otros. Antaño los más rebeldes eran los consejeros del PP de la Comunidad de Madrid y los socialistas. Ahora alaban el clima de tranquilidad. "La Comunidad de Madrid cree que esta normalidad es esencial para que Caja Madrid pueda trabajar", comenta el portavoz del Gobierno madrileño. UGT y CC OO coinciden en que es pronto para valorar la gestión de Rato. Y añaden: "Venimos de una situación tremenda. Ahora valoramos que el Consejo esté orientado a temas profesionales". El que controla el Consejo es José Manuel Fernández-Norniella, ascendido a vicepresidente primero.

Rato empieza etapa y necesita un piloto. Aquí es donde se esperaban cambios que no han llegado. Desde dentro y desde fuera se critica esta inactividad. "Ni ha confirmado al equipo actual ni ha realizado los fichajes esperados", dicen fuentes del Consejo. "Ha provocado paralización y desconcierto en los directivos. Necesita un ejecutivo experto", añaden. Llamó a Federico Outón, ex consejero delegado de Banesto y ejecutivo de raza del BBVA, ahora está prejubilado. El salario fue el problema. Quizás acabe siendo asesor. Luego lo intentó con Jacobo González-Robatto, director general del Popular y antes responsable de Barclays, pero tampoco le convenció. El único ejecutivo que ha entrado es Luis Maldonado, procedente de PriceWaterhouseCoopers y ex colaborador de Rato en el FMI, pero sin experiencia financiera. Es director de gabinete, con categoría de director general adjunto, y el encargado de controlar el comité de dirección.

El problema de la caja es que desde 2000 se ha beneficiado de dos pelotazos: la venta de una gran participación en Telefónica y el 10% de Endesa, que reportó 2.800 millones de plusvalías. Estas enormes cantidades de dinero dispararon la cuenta, pero con poco negocio comercial. Así hasta 2008, cuando llegó la crisis financiera y las luchas de poder. El enorme desgaste de la guerra por la presidencia averió (o adormeció) la máquina comercial. Blesa dijo que sus guerras sólo afectaban a la planta 27 del rascacielos, pero alcanzó a sus oficinas, más preocupadas por incrementar el volumen de los créditos que de ser rentables. En el último consejo, Rato ha explicado que hay que volver a la rentabilidad. Pero la mentalidad de los empleados, que reclaman mejores herramientas comerciales, no se cambia de la noche a la mañana. "La herencia recibida es tan mala que aunque Rato haga grandes esfuerzos costará que se note. Debería volver a ser una entidad puramente comercial y olvidar las inversiones en bancos de Miami, de México y dejar la cartera industrial en lo imprescindible", opina Íñigo Vega, analista de Iberian Equities.

Los tipos de interés también empujaron la cuenta de Caja Madrid en dos partidas: los millonarios márgenes que obtenía por la bajada de tipos y los más de 600 millones que ganó con la cartera de deuda. Estas dos fuentes están cayendo un 40% y la poca rentabilidad de los créditos ataca a los márgenes. Por ejemplo, el Popular obtiene un margen de 3,3 puntos con los préstamos frente al 1,5 puntos de la entidad madrileña. Otro problema es la morosidad. Caja Madrid está entre las peores con una tasa del 5,4%. Aunque la está frenado, la mora (procedente del sector inmobiliario, inmigrantes, etcétera) se va pudriendo y exige más provisiones. La buena noticia es que Caja Madrid aún cuenta con un colchón de provisiones.

Un alto ejecutivo bancario, que pide mantener el anonimato, comenta que el Banco de España ha sugerido a Rato que presente su plan de negocio. "Es un ejecutivo valioso e inteligente, pero quizá está confundiendo los temas urgentes con los importantes por su inexperiencia en las organizaciones financieras. No es fácil hacerse a una entidad de 15.200 empleados", dice esta fuente.

Otros piensan que está esperando una fusión para maniobrar, quizá con la CAM. "Con una fusión e inyección de capital podría hacer el recorte de gastos cercano al 20% que se necesita", comenta un ejecutivo de la entidad. Caja Madrid debe correr mucho para, al menos, mantenerse en el mismo sitio, algo que no ha conseguido todavía.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 16 de mayo de 2010