Entrevista:David Byrne | MÚSICA / Entrevista

"Imelda Marcos es inocente y culpable"

David Byrne (Dumbarton, Escocia, 1952) es un músico con ideas, pero antes que nada es un gran movilizador cultural. Desde los años setenta, con su banda neoyorquina Talking Heads (1975-1991), empezó a marcar distancias con lo convencional a través de unos vídeos y una puesta en escena que lo definieron como artista multidisciplinar. También ha sido padrino de músicos emergentes con su sello Luakabop, ha dirigido películas independientes y ha colaborado en montajes de figuras como Twyla Tharp (danza), Robert Wilson (teatro) o Bernardo Bertolucci. Y ahora... se ha interesado por Imelda Marcos.

Acaba de publicar un doble disco que es la banda sonora de un musical en colaboración con el gurú de la música de baile Fatboy Slim. El título suena algo cursi: Here lies love ("aquí yace el amor"). Se explica porque es el epitafio que Imelda Marcos quiere sobre su tumba. La viuda del dictador filipino fascinó a Byrne en su evolución de niña (relativamente) pobre, reina de belleza, esposa de un prometedor político, primera dama y glamourosa diva tipo Evita, adicta al poder. Su célebre colección de 3.000 pares de zapatos no aparece en el guión. ¿Por qué? Porque Byrne ha querido huir de los tópicos. ¿Se puede abordar seriamente un personaje tan kitsch y no morir en el intento? Es la pregunta que subyace a toda esta conversación mantenida en Londres.

"Las mujeres de presidentes usan algo que tienen ellas y los hombres no. Y eso iguala, en parte, su poder con el de ellos"
"Todavía hay razones económicas para grabar grupos de canciones en un álbum, sean sólo 6 o 22"
"Sobre Gaddafi, Imelda llega a decir que es como un hijito de mamá, que es fácil de manipular"

PREGUNTA. ¿Cómo cree que

Here lies love sacará lo mejor de sí: como disco o como musical?

RESPUESTA. Al principio pensé que sería una especie de acción, o performance, o concierto, que se realizaría en una discoteca. Un escenario pequeño, con proyecciones de vídeo, varios cantantes, pero casi sin actuación o palabras. Algo simple que suceda en una discoteca mientras la gente se toma una copa y baila, pero que a la vez el público llegara a percibir las emociones que cada uno de los temas quería expresar. Ese es el contexto que imaginé, aunque no sé si algún día se llegará a hacer así. Creo que tendrá que incorporar elementos teatrales, pero no de una manera convencional.

P. ¿Como un musical de Broadway?

R. No, me gustaría algún híbrido. Estoy pensando en algún tipo de local que tenga un poco de teatro y de discoteca a la vez.

P. Sus conciertos, casi desde el principio de su carrera, siempre han incluido alguna dinámica teatral. ¿Va más por ahí la opción de este trabajo?

R. Sí, aunque he ensayado alguna idea que no ha resultado del todo. Hicimos una actuación en el Carnegie Hall con Here lies love que fue un completo error. La acústica no era adecuada para este tipo de música de baile. Me sentí muy halagado de poder interpretarla en un lugar tan importante como ese, pero fue el lugar equivocado.

P. Supongo que fue importante intentarlo. De momento el trabajo sale como un doble CD con un DVD.

R. Tengo curiosidad por saber cómo lo va a recibir la gente. Quizá la presentación los atraiga de manera que se interesen por todo el trabajo, o tal vez escojan dos o tres canciones sueltas que les gusten más. No me importa. En los musicales sucede lo mismo. Por otro lado, las actuaciones son cada vez más importantes. Yo me he pasado mucho tiempo sobre los escenarios y ahora hay músicos que están empezando a hacerlo también. Es una experiencia social donde ves a tus amigos, a otra gente, escuchas música. Disfrutas de la vida. En la época de la venta de discos no era indispensable.

P. En uno de los textos de

Here lies love dice que la segunda intención al abordar este trabajo ha sido el rescate de la idea de álbum, ahora que parece que todo son descargas de canciones desgajadas.

R. No es que pretenda rescatar el álbum o salvarlo, pero me planteé proponer a la gente un conjunto de canciones que los llevara a pensar en una especie de progresión de los personajes. Que quien lo escuche pudiera seguir una historia. Es lo que pasa en un musical o en una ópera, pero me preguntaba si eso podría funcionar con el pop. Sé que se han hecho musicales de rock, naturalmente. Pero me refiero a la música pop.

P. Sus discos anteriores eran colecciones de temas y ahora se descuelga con un álbum de concepto. Pero en realidad el no tener que limitarse al formato de un disco -vinilo, CD- le da mayor libertad creativa al artista. Puede hacer canciones de treinta segundos o dos horas.

R. Sí, es fantástico. Muy liberador. Lo que no tengo tan claro es cómo va a funcionar todo lo relacionado con la promoción, publicidad, la producción y hasta la grabación de ahora en adelante, porque cuesta la misma cantidad de dinero promocionar una sola canción que diez. Aunque el artista gana más por diez que por una. Así es que todavía hay razones económicas para grabar grupos de canciones, sean sólo 6 o 22 como en este caso. Y es cierto, últimamente he escuchado discos con canciones de diez minutos o más largas aún. Antes era raro, hoy no. Yo mismo tengo alguna canción antigua de treinta segundos.

P. Le interesaba reflejar a través de Imelda Marcos un personaje mitad ficción mitad real. ¿No quería permitir que el real dominara demasiado?

R. Me fascinaba la idea de que todo fuera real, que esto hubiera sucedido. Lo hice a mi manera, pero respetando los acontecimientos, el orden cronológico, seleccionando algunos momentos precisos que daban sentido al desarrollo del drama. Pero todo es verdad. Hay algunas personas que me han dicho que se sienten decepcionadas porque no se señalan más los crímenes de los Marcos, sus abusos contra los derechos humanos y asuntos como esos. Y tienen razón, lo digo, lo saco a relucir en una canción, pero no insisto en ello. Creo que en la versión teatral se podrá dejar patente con algunos recursos visuales en el montaje. De todas formas, creo que las canciones dan el punto de vista de los personajes, dicen qué los motiva, qué sienten, qué hacen.

P. ¿Cree que Imelda se emborrachó de poder? ¿Qué tipo de poder cree que sintieron las mujeres de hombres poderosos como Evita o Jackie?

R. No lo sé en esos otros casos, pero pienso que Imelda, después de que se hiciera pública una aventura amorosa de su esposo y él le diera, como resarcimiento, el control del área metropolitana llamada Metro Manila, sintió que tenía verdadero poder. Ya no era simplemente la esposa, la consorte. Y más adelante, cuando Marcos enferma, ella empieza a tomar decisiones, compitiendo con un sector de los militares que se oponía a ella. Ese es el momento en que siente la fiebre del poder y no solamente en Filipinas sino más allá, en la escena de la política internacional. Comprobó que algunos gobernantes se sentían desarmados ante su comportamiento inhabitual.

P. ¿Qué comportamiento inhabitual?

R. Se puede ver en los fragmentos de vídeo que incluimos en canciones como Please don't, donde Imelda cuchichea algo al oído perplejo de Mao Zedong mientras le coge de la mano con toda confianza; la vemos bailando con Henry Kissinger, a quien hace reír. ¡Y Gaddafi! En un momento dice de él que es como un hijito de mamá, que es fácil de manipular. No creo que a él le hayan gustado esas declaraciones. Todo indica que cuando un político o alguna persona adquiere poder total sobre una población, no tardan en ejercer el abuso. Es como si esa libertad de que todos actúen bajo su mando los llevara de inmediato a traspasar barreras. Y eso se aplica a situaciones como la ocurrida en Abu Ghraib. Si le das poder a alguien hasta entonces inocente, se empieza a convertir en monstruo.

P. ¿Y qué piensa de esas mujeres de gobernantes? ¿Usan también su

charme, su glamour, si lo tienen? ¿Es esa su arma u otra? ¿Su inteligencia?

R. Creo que el poder les da un subidón, una excitación tremenda. Usan algo que tienen ellas y los hombres no. Y eso iguala en cierta medida su poder con el de ellos, aunque en sus propios términos. Y en una sociedad como la filipina debe haber sido algo muy fuerte.

P. Imelda tiene una estética algo

camp. No es una freak, pero casi.

R. Creo que Imelda es muy consciente de eso y lo utiliza a su favor. Traté de ser precavido con ese aspecto de su personalidad, con el lado camp. Existía el peligro de que mi trabajo derivara en una comedia. En una broma. Quería un poco de humor, pero no demasiado, porque si todo parece una gran broma se pierden las emociones que quiero reflejar. Sería difícil entender a Imelda.

P. ¿Entenderla? ¿Aunque durante la dictadura más férrea en su país ella fuera alguien cruel o por lo menos fría ante el sufrimiento de los demás?

R. Sí, es lo más importante para mí. Lo que quiero que se comprenda, sobre todo, es cómo una persona tan inocente al principio es capaz de convertirse en alguien así.

P. ¿Por qué no ha querido utilizar en este trabajo lo más llamativo de su historia: los 3.000 pares de zapatos, los abusos de poder, sus excentricidades? ¿No ha querido ceder al populismo?

R. Sí, siempre supe que quería ir en contra de eso. El gusto por el escándalo, el horror. La historia tiene todos los elementos del melodrama. Y lo es, de hecho. Quizá algunos de esos aspectos se refuercen en la versión escénica, con vídeos que dejen claro que lo que la persona dice no se corresponde con lo que, en realidad, sucedía en el país. Resulta más efectivo representar eso que ponerlo en una canción. En ellas se dejan sentir las emociones de los personajes, pero pueden contrastar con lo que sucedió. Pueden jugar con lo falso.

P. Imelda, ¿inocente o culpable?

R. Las dos cosas. Es lo que la hace interesante para mí. Aunque manejaba todo ese dinero mal habido y permitió que se cometieran todos esos crímenes, ella realizó muchas labores sociales. Aunque quizá se guardara parte del dinero. Por eso los filipinos tienen una relación ambigua con ella.

P. ¿Por qué no ha querido conocerla en persona?

R. Pensé que sería una pérdida de tiempo, y sólo por decir que había estado con ella no valía la pena. Me temo que no habría aprendido gran cosa. Pero, de haberse ofrecido la ocasión, no me habría negado.

Here lies love. David Byrne. Warner www.davidbyrne.com

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 08 de mayo de 2010.

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