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LIBROS

Literatura de club

Novios e insultantemente jóvenes, Luna Miguel y Antonio J. Rodríguez coescriben Exhumación, novela de tintes mitológicos sobre una noche de fiesta en Madrid.

"Cuando uno coge el búho nocturno camino a casa y se encuentra a ese grupo de gente desolada porque no ha ligado, a veces tiene la impresión de estar en un tren dirección a Auschwitz". Quien habla es Antonio J. Rodríguez, un joven escritor al que, junto a su novia, la también escritora Luna Miguel, le gusta convertir la estampa nocturna más cotidiana en una metáfora peliaguda. Con esa habilidad para el símil, se propusieron transformar las noches del Madrid que ellos conocen en una narración generacional. El resultado de esa escritura a dos fue Exhumación, un librito de naturaleza ambigua, entre un pasaje mitológico, un relato de ciencia-ficción y una novela de realismo social posmoderno de no más de cincuenta páginas. El argumento: una pareja de chicas acuden a una perturbadora fiesta de disfraces en un club mientras fuera el mundo parece venirse abajo. La moraleja: hay que reciclar el cliché que recomienda "hacer cosas en pareja"; sal con tu novia de farra o escribe con ella un libro.

"Nacimos cuando Internet ya existía. No nos sugiere como tema de inspiración"

Cuando se conocieron, Luna y Antonio, ahora de 19 y 22 años, respectivamente, eran dos púberes para los que entrar en sus respectivos blogs era como entrar en sus habitaciones. En un par de visitas y muchos posts floreció el amor. Y su profesión. Actualmente ella es poeta y columnista del diario Público (donde se estrenó este verano con una pequeña polémica por dedicar entradas a comparar la dificultad de tragarse un tocho de mil páginas con la facilidad para manejar el miembro de su novio) y él es crítico literario en la respetada revista Quimera.

Son dos buenos ejemplos de cómo hacerse con una firma de cierto peso antes de segundo de carrera (ambos estudian periodismo). Era cuestión de poco tiempo que, en una tarde retozona, se convencieran para escribir juntos un relato. "Al principio cada uno escribía en su casa una parte y la enviaba por e-mail como una especie de cadáver exquisito que el otro seguía", explica ella. "Pero al final decidimos hacer un plan decididamente serio y empezamos a programar una especie de reuniones de trabajo para tomar las grandes decisiones y avanzar", añade él. Según cuentan, no llegaron a tirarse los trastos a la cabeza por quién tenía el adjetivo más adecuado.

A pesar de que ninguno de los dos es de Madrid (ella nació en Alcalá de Henares y él en Oviedo), dicen tener cierto punto de hooligans con respecto a esta ciudad. Como una versión castiza de la ciudad de Gotham, la de su novela lleva el nombre de Madrizentro, un territorio tomado por tiendas de ropa vintage, italianos take away, bazares orientales y el templo nocturno donde pernoctan las protagonistas, el Rostro Expresivo, una versión poetizada de un auténtico local de moda de la capital, el Zombie Club, del que son clientes gold. "Cuando lo conocimos fue una especie de descubrimiento de la Atlántida. Llegas allí un día de fiesta y dices, 'Joder, aquí hay literatura'. El escenario de la fiesta se presta a jugar con los tópicos y desmentirlos. Está esa imagen frívola que tienen estos sitios, entendidos como un festival de la carne, pero nosotros veíamos un escenario a nivel sentimental muy interesante", argumenta Antonio. La pareja buscaba un tema que les fotografiara tal y donde están ahora. "Durante los últimos años ha habido una búsqueda de cuál era el sitio inédito en la literatura. Hace tiempo la televisión, luego Internet, pero pensamos que lo que se denomina cultura de club estaba sin tocar como nosotros lo conocemos". El Edimburgo de Trainspotting, de Irving Welsh, les queda tan lejos como la ciudad mítica de Shambhala, e Internet ya lo consideran un tema casi costumbrista. "Nosotros hemos nacido cuando Internet ya existía y lo tenemos más normalizado que gente más mayor a la que le sugiere como tema de inspiración. A nosotros no", concluye Luna.

Su planteamiento literario, como el de un coolhunter, suena a Heráclito: todo fluye, todo cambia, y hay que retratarlo en el momento. "No escribimos para el lector del año 2150, sino para el de ahora", explica Antonio. Eso les obliga a tomarse la Red como una biblioteca y la calle como un laboratorio. Necesitan saber en qué locales ponen garrafón. Y en el caso de Luna, en su discurso como escritora está la excusa perfecta como hija: "Escribiendo de lo que pasa de noche siempre le podemos decir a nuestros padres que no se preocupen, que sólo salimos para documentarnos".

Exhumación está editada en Alpha Decay.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 7 de mayo de 2010