Entrevista:LIBROS

Cuando caperucita se convierte en lobo

¿Qué hace una de las más orgullosas militantes del postporno visionando una peli de Belladonna, reina de la pornografía comercial? Hemos pillado a María Llopis (Valencia, 1975) viendo a la ex de Nacho Vidal hacer salvajadas en una pantalla, pero ocurre que para la autora de El postporno era eso no hay nadie tan postpornográfico como Belladonna. "Aunque sea parte de la industria, ella consigue representar una sexualidad de la mujer fuera de todo cliché y estereotipo: es ella ante sus fantasías en estado puro", asegura Llopis, que hace vídeos, performances y dicta talleres postpornográficos "en los que darle al coco y al coño", y donde participan, por ejemplo, mujeres que demandan porno hardcore y hombres que quieren hacer películas tres equis con un pene flácido como protagonista. Aunque la célebre ex actriz porno Annie Sprinkle ya hace varias décadas que popularizó el término, hasta hoy María Llopis sigue oyendo la misma incesante pregunta: ¿qué diablos es el postporno? Para que no vuelvan a preguntárselo, ha hecho este libro. Pero nosotros se lo hemos preguntado otra vez: "Es algo así como 'te enseño las tetas, pero pongo cara de que te voy a romper las piernas".

"El postporno es algo tipo 'te enseño las tetas, pero pongo cara de te rompo las piernas"

EP3. ¿Así que el postporno era eso? 

María Llopis. Yo no sé muy bien lo que es, escribí el libro para tratar de explicármelo a mí misma.

EP3. El libro está lleno de confesiones de alto calibre: una pornógrafa como tú que, reconoces, nunca ha tenido un orgasmo por autoestimulación.

M. L. Sí, las hay, y peores. Hablo de mi familia y de las teóricas del postporno, y todo eso junto hace pum.

EP3. ¿Por qué te grabas teniendo sexo?

M. L. La pornografía representa nuestra vida sexual en imágenes, su construcción. De tanto grabarnos follando, puede que encontremos sentido al mundo.

EP3. Cuentas que no es casual que milites en el postporno, siendo tú el fruto de una "relación abusiva" entre una mujer de 17 años, tu madre, y un cura.

M. L. Es posible que mi útero se cerrara. El hecho de que mi padre fuera un puto violador de niñas condiciona mi existencia como María Llopis. El origen de nuestros deseos está en la oscuridad de nuestra sombra. El día 20 de marzo, cuando presenté el libro, me vestí de cura.

EP3. En el libro también cuentas tu experiencia con la "posprostitución" al lado del colectivo Perrxs Horizontales, que da un giro a las relaciones habituales entre prostituta y cliente. Pero, a diferencia del colectivo, tú te declaras negada para el tema.

M. L. No me esperaba reaccionar así, pero se ve que una no sirve pa tó.

EP3. Mientras tus amigas ofrecían desvirgar analmente a chicos heteros con enormes dildos, ¡tú ofrecías un taller privado de postporno sin derecho a roce!

M. L. Ya, ahora le he dado una segunda oportunidad. He vuelto a ofrecerme al completo.

EP3. ¿Te pone el porno femenino de Erika Lust?

M. L. La etiqueta "porno para mujeres" hace daño y me baja la líbido por los suelos. No obstante, admito que a veces me pone un vídeo en el que una nenita tontita se folla a un pizzero.

EP3. ¿Qué pasa con las mujeres a las que les pone la clásica cinta de enfermera sexy que acaba con eyaculación facial?

M. L. El problema es que siempre tenga que acabar así.

EP3. ¿Y por qué siempre acaba así?

M. L. En este nuevo cuento llamado post-pornografía, la Caperucita Roja violada y tratada como una imbécil durante siglos de fábulas decide no ya disfrazarse de lobo, sino convertirse en el lobo mismo.

EP3. ¿Quién anda ahí, en la cocina, mientras hablamos?

M. L. Mi chico me está preparando la cena: bacalao con alioli de costra al horno.

EP3. ¡Así que el postporno también era eso!

M. L. Sí. ¡Vivan las nuevas masculinidades!

El postporno era eso está editado en Melusina.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0009, 09 de abril de 2010.

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