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Tribuna:

La integración de la etnia romaní

Entre el 8 y el 9 de abril, España acoge una cumbre para abordar uno de los principales desafíos de Europa: el de integrar a la etnia romaní. Preocupada por una amplia gama de problemas, Europa ha hecho demasiado poco por los romaníes o gitanos. Pero, en este sentido, España se ha convertido en líder por sus iniciativas para garantizar que sus más de 500.000 gitanos tengan los mismos derechos que los demás ciudadanos del país.

He oído que en España los romaníes se sienten tan gitanos como españoles, que se sienten en su lugar. Pero, en otros países, no comparten esa misma sensación de inclusión. Unos 12 millones de romaníes viven en la Europa actual, principalmente en el Este, una región que ha registrado un impresionante crecimiento económico durante las dos últimas décadas. Sin embargo, para la mayoría de los romaníes, ahora la vida es peor que antes, ya que el 70% está en paro y muchos viven en condiciones deplorables.

España lidera las iniciativas para garantizar igualdad de derechos a los gitanos

Esas penalidades económicas se ven agravadas por la tensión social. En todos los países en los que viven romaníes, el conjunto de la población les es hostil. A pesar de las resoluciones aprobadas por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, ordenando a la República Checa, Grecia y, justo el mes pasado, a Croacia, que introduzcan reformas, normalmente los romaníes se ven privados del acceso a la vivienda, la educación y la asistencia sanitaria. En Italia, los gitanos son realmente perseguidos por el Estado, que vulnera así la legislación europea.

En algunos países, los niños romaníes se ven automáticamente en clases para discapacitados mentales. En otros, relegados a escuelas separadas y de inferior calidad o a clases especiales para gitanos. Esta denigrante práctica no sólo cunde en Europa Oriental.

Creo que la educación constituye el núcleo de este asunto, e incluso en España, que ha hecho grandes progresos, un porcentaje desproporcionado de gitanos asiste a colegios de mala calidad, presentando elevados índices de abandono escolar y una irregular asistencia a clase.

Las fundaciones de mi Open Society Institute, cuando comenzaron a funcionar en 1984, comprendieron que los romaníes constituían el caso más grave de exclusión social por motivos étnicos que se registraba en Europa y decidieron que su educación fuera algo prioritario. El resultado de esa iniciativa es una pequeña y bien instruida élite que está realizando una importante contribución a la emancipación de los gitanos, tanto en sus propios países como en el entorno europeo. Pero su número es demasiado escaso.

Con su ayuda, en 2005 lanzamos la Década para la Inclusión de los Romaníes, que reúne a gobiernos y organismos de la sociedad civil con el fin de eliminar las barreras a las que se enfrenta esta etnia en los ámbitos de la educación, la asistencia sanitaria y la vivienda. La iniciativa incorpora a 12 países, principalmente de Europa Oriental, la mitad miembros de la UE, entre ellos España, mientras que la otra mitad se compone de países que aspiran a entrar en la Unión. Los problemas a los que se enfrentan los romaníes afectan a toda Europa.

Este mismo año, mi fundación ha trasladado nuestros programas educativos destinados a gitanos al recién creado Fondo para la Educación de los Romaníes. En 2009, el Fondo ayudó directamente a 30.000 niños y 800 estudiantes universitarios de esta etnia, y es ahora una institución preparada para ampliarse. La necesidad es grande: sólo el 6% de los niños gitanos asiste a la escuela primaria y uno de cada cuatro integrantes de esa etnia es analfabeto.

Encomiables son las iniciativas tomadas por España para garantizar la igualdad de los gitanos dentro de su sociedad.

El éxito de la cumbre de Córdoba dependerá de que sus conclusiones sean refrendadas en junio por el Consejo Europeo, para que así los jefes de Estado y de Gobierno comprometan al máximo nivel a la UE en una profunda estrategia de inclusión de los romaníes en toda la Unión.

En consecuencia, la presidencia española, bajo la dirección del presidente José Luis Rodríguez Zapatero, debería presentar al Consejo Europeo un conjunto de recomendaciones relativas al Fondo para la Educación de los Romaníes y la elaboración de una estrategia europea respecto a esta etnia.

Dicha estrategia debería basarse en la labor pionera de la Década para la Inclusión de los Romaníes: reuniendo a gobiernos e instituciones de la sociedad civil; solicitando a los primeros que fijen objetivos concretos y haciéndoles rendir cuentas, y, sobre todo, manteniendo a la minoría romaní en la agenda política. Como la integración de los gitanos tardará más de una década, esta estrategia debería estar contemplada en el presupuesto de la UE, a partir de la próxima perspectiva financiera que se iniciará en 2014.

La política educativa no entra dentro de las competencias de la Unión, pero la educación es clave a la hora de garantizar la inclusión social de los gitanos. La UE debería adoptar el Fondo para la Educación de los Romaníes como herramienta fundamental de inclusión. Cuando digo adoptar me refiero a proporcionarle una financiación adecuada, bien dentro del propio presupuesto de la Unión, bien alentando a los Estados miembros a contribuir en mayor escala al mantenimiento de ese Fondo.

George Soros es fundador y presidente del Open Society Institute y de la red de fundaciones Soros. Traducción de Jesús Cuéllar Menezo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 8 de abril de 2010