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Crítica:DANZA

Energía y color húngaro

La danza tradicional húngara posee unas características de fuerza, diseño e identidad ancestrales que la han hecho tener su reflejo tanto escénico como dentro de la música culta. En los ballets de Tchaikovsky o Delibes, por ejemplo, no faltan sus metros y estilos particulares, como en toda la tradición coréutica del baile escolástico de carácter; algunos estudios lo asocian, en origen lineal, al baile flamenco primigenio.

El espectáculo Nagyida tiene la estructura y la estética de un musical contemporáneo; es divertido, ágil y se impone una dinámica grupal que arrasa sobre cualquier destaque solista. Es así que, aun siendo demasiado largo (más de dos horas), el tiempo pasa al ritmo endiablado y potente que tiene hábilmente mezclado en sus genes lo zíngaro, tanto en lo plástico como en lo gestual.

NAGYIDA

Compañía ExperiDance. Coreografía: Sándor Román. Música: Imre Czomba. Escenografía: János Mira. Vestuario: Ildiko Debreezeni. Nuevo Apolo. Hasta el 18 de abril.

El coreógrafo Sándor Ró-man se siente evidentemente influenciado por la danza celta y otros bailes ajenos en sí mismos al poso balcánico y propio del acerbo magiar, de modo que mezcla con libertad elementos que hoy están aceptados dentro del mundo global del espectáculo de divertimento, apto para los más pequeños, que ven un sinfín de aventuras y situaciones que recuerdan cuentos de tradición.

El argumento del sitio de la fortaleza de Nagyida por las tropas austriacas es llevado al terreno fantástico, donde la resistencia cobra un valor simbólico y se diluye en una curiosa y lúdica aceptación de la derrota.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 20 de marzo de 2010