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Crítica:DANZA

Duelo al compás de la copla

Sobre un módulo contemporáneo y de corte severo, la obra usa como eje argumental el Llanto por Ignacio Sánchez Mejías, de García Lorca. En lo musical, se sirve de piezas, fragmentadas a veces, de Enric Granados (entre ellas, el Intermedio de Goyescas y algunas danzas) y con usos pianísticos heterodoxos de estilo.

Tanto Nacho Blanco en el torero como Frederic Gómez en el toro dan un recital de buenas maneras y concentración, solventan los tensos dúos, se dan réplica y reto hasta desdoblar perfiles y sugerir instintos. La voz de Juana García, peculiar en su acolchado, da un tono añejo a la velada, la retrotrae a ambientes solanescos y poco a poco la atmósfera se hace densa y oscura, hablándose enfáticamente de muerte y sangre, con esa facilidad rompiente que tiene el ballet flamenco para mascar la tragedia de su poso vernáculo.

EL LLANTO

Coreografía: Nacho Blanco; música: Enric Granados, Rafael Planas y Antonio González; vestuario: Miguel Guri; luces: Sergi Cervera; dirección: Jaume Villanueva. Teatro Español. Hasta el 28 de marzo.

El metraje se ha alargado innecesariamente. Sobran aires copleros y con una vez que muera el torero-símbolo, es suficiente; el rizado quita hondura a una idea que, aun siendo tópica y típica, arma sus mimbres habituales con elegancia. Las luces enmarcan las estampas con gusto pictórico y el vestuario podía buscar medida y geometría alejado del alamar y la lentejuela.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 13 de marzo de 2010