Reportaje:

Arte intenso desde el exilio

La exposición 'Después de la alambrada' repasa en La Nau la creación de decenas de artistas exiliados tras el golpe franquista

El arquitecto y pintor Roberto Fernández Balbuena (Madrid, 1891-México DF, 1966) quedó impactado en 1951 por las fotografías que W. Eugene Smith tomó en el pueblo cacereño de Deleitosa y publicó en la revista Life sobre la pobreza extrema en la dictadura franquista. Y en concreto por The wake (El velatorio), estremecedor retrato de las tinieblas en las que se sumergió la España rural tras la Guerra Civil.

Por eso, el artista exiliado, responsable en 1936 del salvamento del tesoro artístico nacional, subdirector en 1938 del Museo del Prado y comisario de la República para la Exposición Universal de Nueva York de 1939, trasladó toda la carga trágica de la imagen a un lienzo titulado El entierro, que desde ayer se muestra en la sede de La Nau de la Universitat de València. Un cuadro que resume en menos de un metro cuadrado la exposición Después de la alambrada. El arte del exilio 1939-1960, que pretende ser, en palabras de su comisario, Jaime Brihuega, "un homenaje emocionado" a la triste epopeya que vivieron decenas de artistas españoles tras el golpe del dictador.

"Hubo artistas que optaron por hacer un parón melancólico"
"Otros hallaron en Estados Unidos el nuevo centro del arte"

La muestra, organizada por la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales (SECC) y la Universidad de Zaragoza, en cuya producción ha participado la Universitat, recoge 200 piezas de autores como Óscar Domínguez, Luis Seoane, Rafael Alberti, Antonio Rodríguez Luna, Ramón Gaya o Josep Renau. Todas juntas, según explicó Brihuega, constituyen un mosaico muy variado de los distintos extrañamientos que sufrieron los artistas, ya que la muestra articula las obras por zonas geográficas y representa en sí una cartografía de todos los exilios. Especial énfasis se pone en México, que fue uno de los escenarios más intensos. Pero Suramérica y Europa también reúnen muestras de la fructífera producción de unos artistas que tuvieron que resignarse a ver su patria desde la lejanía.

En la muestra destacan los tenebrosos lienzos de Elvira Gascón, esposa de Fernández Balbuena. También los de Óscar Domínguez, los de José García Narezo, los de José Moreno Villa, las esculturas de Baltasar Lobo, los carteles de Josep Renau y los retratos familiares que hizo la mujer de éste, Manuela Ballester.

La selección, "dolorosa", deja claro que "hubo muchas estéticas del exilio", ya que no hay una corriente común a todos ellos. "Hubo artistas que optaron por hacer un parón melancólico", cuenta Brihuega, "otros asesinaron a la belleza haciendo cuadros explícitamente feos mientras que varios se decantaron por el realismo y hubo quienes llegaron a Estados Unidos y descubrieron el nuevo centro de gravedad del arte mundial". Pero en muchas obras hay un poco del ambiente de velatorio del cuadro de Balbuena, de la fractura que llenó de nostalgia sus vidas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0026, 26 de febrero de 2010.

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