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La Universitat de València pone en aprietos a sus candidatos a rector

Los cuatro aspirantes se someten a las preguntas y las críticas del Claustro

El Claustro de la Universitat de València puso ayer a prueba a los cuatro candidatos a rector ante las elecciones que se celebrarán el martes. El formato inicial volvió a repetir el esquema rígido que ha acompañado todos los actos conjuntos de los catedráticos: discursos individuales y ausencia de confrontación de ideas. Pero en esta ocasión, afortunadamente, se produjeron dos novedades. La primera: la campaña se agota y cada uno, según la posición relativa en la que cree encontrarse (luego hablaremos de las encuestas) aprieta el acelerador o pone el piloto automático, y eso genera diferencias. Segundo: el Claustro, una representación parlamentaria estamental e imperfecta, tiene la ventaja de ser plural. Y los claustrales tuvieron la oportunidad de preguntar, poner en aprietos y criticar abiertamente a unos u otros candidatos (a veces a todos).

La campaña se agota y cada uno aprieta el acelerador o pone el piloto automático

¿En qué lugar se encuentra cada candidato? Según la encuesta que está elaborando un grupo de profesores de la Facultad de Economía (sondeo tan criticado como consultado), que empezó ofreciendo datos en bruto con altos márgenes de error, pero que esta semana ha superado las 800 entrevistas a profesores, lo que hace pensar en una fiabilidad mayor, la situación sería la siguiente: Esteban Morcillo encabeza la intención de voto, seguido, a una distancia no insalvable, por Vicent Soler y Antoni Furió (que según cómo se interpreten los datos intercambian posiciones) y por María Antonia García Benau. Las diferencias no son insuperables y aunque el sondeo fuera muy acertado, no estima el voto de estudiantes y personal de administración y servicios, que suman cerca del 35% del total.

Dio la impresión, a pesar de ello, de que esas (teóricas) posiciones influyeron en las intervenciones. Morcillo pareció concentrarse en conservar la ventaja no cometiendo errores. Furió y Soler, en ofrecer el perfil adecuado para un rector. Y García Benau, en demostrar que no hay nada decidido y en animar la campaña subiendo unos grados el tono con que se habían manejado todos en debates anteriores. Fue suya la reflexión de que los gestores de la universidad parecen muy complacientes, cuando la sensación general es que hay mucho que cambiar. García Benau, Furió y Soler pidieron explicaciones por el caos que se vive en el master de Secundaria. Soler censuró el secretismo con el que se negocia la reforma de la financiación universitaria. Y todos (menos Morcillo, claro) consideraron poco transparente la forma de manejar la nueva convocatoria del Campus de Excelencia Internacional.

Después llegaron los claustrales, que le preguntaron a Morcillo por qué no arregló como vicerrector las deficiencias que ahora promete solucionar. Reclamaron más concreción a Soler en las propuestas planteadas en su discurso. A Furió le reprocharon (en un rifirrafe del que salió bien) una excesiva inclinación política. Y a García Benau le criticaron que durante casi toda la campaña se haya expresado en castellano. Así es el Claustro de la Universitat de València.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 25 de febrero de 2010