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Moda

El baúl de una debutante en Nueva York

La española Elisa Palomino presenta su primera colección

De Cuenca a las pasarelas de Nueva York, previo paso por la escuela de moda más prestigiosa del mundo, el taller de alta costura de Dior, y las oficinas de Moschino en Milán. Diane von Fürstenberg define a la protagonista de este cuento como un hada que esparce su polvo mágico. No cabe duda de que Elisa Palomino es un alma creativa e inquieta. Desde hace un par de años ocupa el puesto de vicepresidenta del equipo de diseñadores de la gran marca estadounidense y en los últimos cuatro meses ha compaginado esta tarea con la creación de su primera colección. Con la ayuda de su esposo, Tristán, durante las noches y los fines de semana, en su buhardilla del Village ha trabajado en los 33 modelos que hoy presenta en la Semana de la Moda de Nueva York. Con ellos se aventura a lanzar su propia marca.

Durante ocho años ayudó a Galliano en sus colecciones y en las de Dior

Elisa Palomino no es nueva en el teatro de la moda, pero hasta ahora no había sentido el impulso de presentarse en solitario. "He sido muy feliz trabajando para otros", explica. Nueva York -"aquí he aprendido el lado del negocio de la moda"- y su esposo -"dirigimos una película y luego pensamos en esta colección"- han cambiado las cosas. Durante ocho años ayudó a John Galliano en sus colecciones y en las de Dior. Allí pudo ver en vivo y en directo el trabajo con modelos de cabina, el lado más artesano y brillante de la alta costura. "El reto era pensar, ¿cómo voy a inspirar a John? Había que dar rienda suelta a la imaginación", dice. "Era como en el circo ¡el más difícil todavía en el plano artístico y técnico!".

Gracias a una beca logró estudiar en la escuela de St. Martin's en Londres, donde hoy imparte clases. Hace casi dos décadas celebró allí su primer desfile. Fue su proyecto de fin de curso el mismo año en que se presentó el trabajo de su compañero de master y amigo Alexander McQueen. "Aquella colección lanzó a Lee a la fama. Estuvimos muy unidos y luego nos separamos", recuerda al día siguiente del anuncio de la muerte del diseñador, sentada en su salón del Village. El sofá está cubierto con los mantones de Manila de su abuela. De ella también heredó la pasión por el color y la ropa. "Durante años nos intercambiamos la ropa", cuenta sonriente. "Cuando murió su esposo dejó muy pronto el luto porque no podía con ello. Un vestido negro sencillo tampoco es lo mío. Yo necesito bagaje". Esta tarde luce una flor de tela en la cabeza, un quimono de los años veinte que compró en su viaje de novios a Japón y una falda de gasa rosa. Unas botas de Dior cubiertas de pelo completan su look.

Segunda de cuatro hermanos, Elisa nació en Valencia y creció en Cuenca. Su padre fue senador durante la Transición y su madre, restauradora y profesora en la Facultad de Bellas Artes. Evoca una infancia libre y creativa, rodeada de retablos a medio restaurar y de los vestidos antiguos que encontraba en los baúles de la casa familiar en Requena. Con su madre diseñaba y cosía sus trajes -"¡imposibles!"-. En la colección que hoy presenta ha trabajado sobre la relación entre Japón y la moda americana de los años veinte. Hay colores (rosa, naranja, morado, negro) e historia. Las ilustraciones de época que mostraban a una flapper junto a una geisha le han servido de punto de partida para crear estampados, flores que cobran volumen en las telas, plumíferos que adoptan la forma de abrigos años veinte y vestidos cortados al bies.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 17 de febrero de 2010