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Reportaje:22ª jornada de Liga

Empieza una nueva Liga

El Barça pierde ante el Atlético su condición de invicto y el Madrid se sitúa a dos puntos del líder

El Barça perdió su condición de invicto en la jornada 22. La derrota sería anecdótica en circunstancias normales, y más si se atiende a que los azulgrana son los campeones y los líderes de la Liga. El torneo español, sin embargo, es diferente, como también la coyuntura, dominada por el megáfono del Madrid. Unos y otros habían convenido de alguna manera que el encuentro del Calderón marcaría la tendencia, y, una vez disputado, la clasificación asegura que el Barça ya está a tiro del Madrid: a dos puntos. Messi y los azulgrana no encontraron respuesta individual ni colectiva a Ronaldo y a los madridistas. Acostumbrados a llevar la iniciativa, los barcelonistas no supieron jugar a remolque.

Al Barcelona le ha mirado un tuerto en mal momento y los rivales se le tiran al pescuezo. Las lesiones se comen a los azulgrana, sorprendentemente más frágiles que la temporada pasada, cuando mediaba la Copa. Imposible corregirse cuando hay que cambiar de plan cada minuto porque se acumulan las expulsiones en un partido y los futbolistas se rompen en los entrenamientos y los calentamientos, o nada más comenzar los partidos, como ocurrió ayer con Keita. La confianza merma en los jugadores y el equipo parece vulnerable a ojos del Getafe, del Atlético y, naturalmente, del Madrid, que anuncia a cada jornada que va a por la Liga y a por la Copa de Europa.

Ha funcionado muy bien el Madrid como ogro del campeonato después de conceder a mitad de enero una diferencia máxima de siete puntos a la salida San Mamés, cuando perdió con el Athletic. Resolvió desde entonces sus partidos de forma categórica con futbolistas diferentes, incluso sin Ronaldo, y convirtió el partido de anoche en el Calderón como uno de los momentos cruciales de la Liga. Los azulgrana asumieron el reto de manera obligada y también por devoción, porque nunca especularon, ni siquiera en cancha del peor de los adversarios -una victoria en sus últimas ocho visitas- ni buscaron excusas a sus propias limitaciones, que fueron muchas y notorias.

No se traicionó el Barça ni cuando tuvo una coartada como la de ayer en Madrid por el rosario de calamidades acumuladas en una semana. La fidelidad a un estilo, sin embargo, no le evitó la derrota por sus errores y también por los aciertos del Atlético, que le sabe jugar muy bien. Muy condicionado por la alineación de dos laterales improvisados y dos centrales defensivos, al Barça le faltó salida desde su campo, no supo conservar la pelota y la perdió en exceso en zonas de riesgo, y estuvo condescendiente en las jugadas de estrategia. A cambio, los rojiblancos cerraron bien y fueron especialmente selectivos en sus llegadas al marco de Valdés. Jugadores como Reyes y Forlán pesaron más que Messi.

No fue la tarde de Messi ni del Barça, que se fue apagando como una vela. Muy valiente al inicio, cedió finalmente a la presión del entorno, propio y ajeno, implacable cuando el equipo azulgrana ha dado síntomas de flaqueza. Al Barcelona nunca le sentó bien ir a contracorriente, ni en la Copa, ni en la Liga ni en la Champions, de la misma manera que le cuesta resolver los partidos volcánicos. El partido del Calderón fue el mejor de los ejemplos: entró con mal pie en la cancha y enfiló derrotado el camino de los vestuarios. No tuvo agresividad, le faltó rebeldía frente la contrariedad, y cedió en el pulso psicológico. Ya está el Barça donde quería el Madrid, por intervención del Atlético.

Empieza una nueva Liga para los dos grandes. Y sin margen de error para ninguno.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 15 de febrero de 2010