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EL RINCÓN

Marta Gili, más que el arte por el arte

La directora del Jeu de Paume de París ha dotado de luz, espacio y color el lugar en el que trabaja desde hace tres años

Luz, espacio, color. Eso era, precisamente, lo que echó de menos Marta Gili hace tres años, cuando entró en su despacho tras ser nombrada directora del Centro Jeu de Paume de París, un lugar privilegiado destinado a la imagen, la fotografía, el vídeo y las instalaciones multimedia. "Primero cambié la moqueta gris por esta roja anaranjada", afirma sonriente. "También puse todos esos focos, y esas lámparas". Y cuando Gili hizo la luz, decidió que necesitaba espacio, mucho espacio, mesas grandes y curvas, de esas que te rodean cuando te sientas frente a ellas, casi dentro de ellas. "Esto es lo más personal que tengo en mi mesa", dice, y muestra una foto de sus dos hijos, muy pequeña, en blanco y negro, enmarcada en un bloque de metacrilato que se distingue entre las carpetillas de cartón multicolores que se apilan, ordenadas y sin agobiar, sobre su mesa. Allí tenía por fin espacio para dejar su caja de bombones, "un buen sistema para endulzar las reuniones más agrias", asegura esta mujer a la que le encanta trabajar con artistas. "Con ellos aprendo nuevas maneras de aproximarme a lo cotidiano". ¿Y los chocolates, entonces? "Es que no es fácil; yo me pongo en su lugar y es muy estresante para ellos una exposición, porque quienes se exponen, realmente, son ellos, de manera muy íntima, y eso les hace muy vulnerables; por eso, creo que mi misión es ponerme de su lado y luego encaminar las cosas".

Marta Gili (Barcelona, 1957) confiesa que lo que más le gustó cuando por primera vez recorrió con la vista su despacho fue la enorme biblioteca. Y, en la pared pegada a su mesa, una enorme fotografía del artista lisboeta Jorge Molder, un retrato (probablemente un autorretrato) en tonos encendidos de un hombre que se tapa la cara con sus manos en tensión, la pura imagen del agotamiento y el agobio. "La he dejado porque me parece que representa perfectamente a un director", bromea. "Es un hombre deprimido, y para compensar, puse a aquellas tres", dice señalando, en la pared contraria, tres pequeñas fotografías de finales del XIX de los estudios del psiquiatra Charcot sobre la histeria. Gili se ríe mientras enseña a las tres pintorescas damas enmarcadas en estado de catalepsia. "Me gustan porque tienen todos los tópicos: los hombres piensan, se deprimen, y las mujeres son unas histéricas". En eso se resume gran parte del espíritu con el que se enfrenta a su trabajo: "A mí no me interesa el arte por el arte, lo meramente lúdico; quiero que cuando entre en este centro la persona sepa que se va a encontrar con algo que le va a afectar, que va a confrontarse con ella, que le va a remover cosas".

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* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 13 de febrero de 2010