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Peces rojos en 'business class'

El creciente papel del humor en el arte contemporáneo se aborda en la exposición Cosas que sólo un artista puede hacer

El vuelo Sidney-Auckland está listo para despegar. Los 87 pasajeros de este charter privado tienen los cinturones ajustados. En sus asientos esperan el despegue 87 peceras esféricas de cristal, cada una con un pez rojo nadando, algo inquietos por el movimiento. Son los únicos pasajeros, salvo la artista milanesa Paola Pivi (1971) y sus asistentes, incluido un psicólogo de animales. A las cinco de la tarde, después de tres horas de vuelo, aterrizan en la ciudad neozelandesa en un hangar donde le esperan cien personas en pleno cóctel. Son los invitados a esta exposición titulada I wish I am a fish (2009), quienes entran en pequeños grupos al avión en penumbra a observar a los peces que, curiosamente quietos, miran todos como en un trance hacia la parte delantera del avión.

"Estamos ante el fin del artista moderno, y ante la aparición del descreimiento del artista posmoderno"
"¿Es arte todo esto? Creemos que es la pregunta clave. Queremos que la gente discuta sobre ello"

Los japoneses Mai Yamashita (1976) y Naoto Kobayashi (1974) no necesitan público. Emprenden a solas proyectos algo absurdos, simples ocurrencias de un sutil humor que graban en vídeo. Como en Infinity (2006) cuando decidieron comprobar eso de que "se hace camino al andar" y caminaron horas y horas durante cinco días hollando el césped hasta crear un sendero con la forma del símbolo del infinito.

Son Cosas que sólo un artista puede hacer, que es el título de la exposición sobre el humor en el arte contemporáneo que se inauguró ayer en el Marco de Vigo. Sus comisarios, David Arlandis y Javier Marroquí, abordan este tema por tercera y última vez, cerrando una investigación de la que han sacado interesantes conclusiones. Sobre todo porque, aunque el humor en el arte tiene una larga tradición, ha sido sólo a partir de la segunda mitad del siglo XX cuando se ha acentuado mucho su utilización entre los jóvenes artistas. Aunque el movimiento dadá rompió con la seriedad y el convencionalismo con sus disparatadas acciones, el nombre clave para esta tendencia es, por supuesto, Marcel Duchamp. Desde sus gestos irreverentes, como pintar bigotes a la Monalisa, o su célebre urinario en el museo. "El humor de Duchamp es un humor extremadamente inteligente y es precisamente por ese reconocimiento a la inteligencia de la obra duchampiana por lo que se le permite al arte contemporáneo incorporar el humor", dicen los comisarios. "Es humor, es cierto, pero se trata de un humor dirigido al intelecto y eso aun tratándose, en ocasiones, de gestos descaradamente simples".

Acciones, gestos, pero, generalmente, sin la producción de un objeto de arte (un cuadro, una escultura). Las cosas han cambiado mucho desde los años sesenta, cuando el no-objetualismo se desarrolló como una actitud de rechazo ante la mercantilización del arte. Hoy los nuevos creadores asumen con comodidad su relación con el mercado. ¿Queda al menos la voluntad de provocación?

"No creemos que haya una provocación deliberada que vaya en contra de nada", opinan Arlandis y Marroquí. "Sí es cierto, sin embargo, que varias de las propuestas que se presentan en esta exposición pueden parecer al público cosas muy llamativas, porque la verdad es que consiguen, aun sin quererlo, descolocar al espectador, dejarlo totalmente indefenso ante aquello que se encuentra en el museo. Lo cual, efectivamente, en la mayoría de los casos, no es una obra como tal sino más bien un registro de algo que hicieron. Pero la comparación tanto con las prácticas no-objetualistas de los sesenta como con el movimiento dadá no es justa ya que, si bien ciertas actitudes sí coinciden -como el desinterés por el objeto-, y no es casualidad, también es cierto que no queda, en la mayoría de los artistas presentes en esta muestra, rastro de la actitud política de sus antecesores. Desde luego no hay nada en ellos que vaya en contra del mercado. Asumen completamente su relación con el mercado, y la mayoría de ellos sin el más mínimo reparo, más bien todo lo contrario. A propósito de esto podemos mencionar la obra de Piero Golia, On the edge. La obra es una foto del artista subido a una palmera. No es ningún truco, Piero Golia, al comienzo de la feria Artíssima, se subió a una palmera de siete metros y prometió no bajar de ella hasta que alguien comprara la foto que certificaba que efectivamente estaba allí subido".

Dentro de la amplia categoría del humor hay muchos matices. "En nuestro campo, las artes visuales actuales, desde luego se encuentran muchas formas distintas de incorporar el humor en el arte y también, por cierto, muchas formas diferentes de usarlo. A esto es a lo que nos hemos dedicado estos años, a estudiar las diferentes formas que se pueden encontrar", afirman los comisarios.

"Y efectivamente son muchas. Una de las que más nos ha interesado es la que utiliza el humor para transmitir contenidos y para hacer crítica social. Esto es algo que no sorprende, se ha utilizado en la caricatura durante siglos. Ahora también hay un importante cuerpo de artistas que han encontrado en el humor una herramienta mucho más eficaz para analizar y criticar distintos aspectos de la realidad social y/o política. Pero, para dar ejemplo de disparidad, podemos decir que en esta muestra también encontramos casos en los que el humor no tiene nada que ver con estas estrategias. También en la primera exposición que hicimos perteneciente a esta investigación (Empieza el juego, Casa Encendida, 2006) vimos ejemplos en los que el humor tenía más que ver con una determinada actitud del artista ante la creación, una actitud que confundía arte y vida, vida y juego".

Después de cinco años investigando este tema, Arlandis y Marroquí han llegado a ciertas conclusiones. "Lo más importante, algo que intuíamos desde el principio, es la enorme importancia y presencia del humor para la producción artística actual. Además, la situación sigue más o menos igual que cuando empezamos con este proyecto en 2005. Los artistas le dan una importancia capital a juzgar por la insistencia en el uso del humor; los museos incluyen constantemente obras con presencia del humor, pero no suelen afrontar el tema, no le dedican exposiciones temáticas en las que se trabaje directamente; la crítica suele darles la espalda".

"Aparte de esta principal conclusión, sin extendernos en los detalles, podríamos decir que una de las ideas más claras que sacamos con estos proyectos es que, efectivamente, se ha dado en las últimas décadas un cambio en el perfil del artista actual. Podemos llamarle perfil o como solemos hacer nosotros, podemos hablar de un cambio de actitud del artista ante la creación. Creemos que estamos ante el fin del artista moderno, de su visión del mundo, de las posibilidades de su creación, y ante la aparición del descreimiento del artista posmoderno. Una de las consecuencias de ese descreimiento es el enfrentamiento ante la creación de una manera menos seria, menos impositiva, más desenfadada, una actitud que propicia la aparición del humor por todos lados. Pero no lo olvidemos ni obviemos nunca, el artista no es un personaje unitario. Hay muchos perfiles de artista contemporáneo conviviendo en la misma escena internacional".

El título de la exposición alude a una especie de licencia tácita que la sociedad otorga a los artistas para hacer cosas algo disparatadas o ridículas, actos que en una persona común serían signo de locura, excentricidad o desvarío. No son pocos los artistas que ponen pizcas o grandes cantidades de ironía, sátira y sarcasmo en sus trabajos. Muchos de ellos tienen unas notables carreras en la escena del arte internacional. Si les pedimos a estos especialistas una especie de top ten del humor en el arte contemporáneo, nos dan la siguiente lista: Gianni Motti; Maurizio Cattelan; Martin Creed; Erwin Wurm; Piero Golia; Paola Pivi; Alexandra Mir; Werner Reiterer; Tere Recarens; Wim Delvoye; Tino Segal; Dan Perjovski; Yoshua Okon; Frederic Pradeau.

Artistas con propuestas muchas veces desconcertantes. Acciones que se sitúan en un lugar algo extremo... ¿Por qué podemos llamar arte a lo que hacen estos creadores? "Ésa es la pregunta del millón. Estamos seguros de que el 90% de los visitantes se van a hacer esta pregunta. ¿Es arte que unos tipos -pensando en el colectivo Gelitin- se pasen una semana haciendo un trayecto desde Manhattan a la playa de Coney Island en tren cargados de palas y cubos para cavar por la mañana un agujero gigante durante horas para luego por la tarde taparlo y al día siguiente repetir la acción, durante toda la semana? Además, luego les preguntas y te dicen que no hay nada detrás de esa acción, que no pretendían decir o simbolizar nada en concreto. Es desolador. Nosotros estamos a punto de decir que no es arte. Creemos que la mejor respuesta es un no, simple. Bueno, no. Simple no es. Creemos que es la pregunta clave. Queremos que la gente discuta sobre ello. No que pasen horas haciéndolo porque hay mejores cosas que hacer, pero sí que les sea inevitable pensarlo un rato. Siguiendo con la respuesta, ¿debemos llamar arte a un proyecto de seudofranquicia de tiendas en las que se venden cosas copiadas o que desafíen el concepto de copyright? -pensamos en Copyshop de Superflex-. Pues de nuevo nos es más fácil y quizá más honesto decir que no. Desde luego, poco tiene todo esto que ver con el concepto de arte tal y como fue concebido. Han cambiado tanto las cosas que mejor sería llamarle de otra manera. Pero vaya, la comodidad nos ha hecho mantener ese término".

"Sin embargo, para no dejar la cosa aquí, debemos decir que, desde luego, esto no sale de la nada. No es la primera cosa que se merece un 'no deberíamos llamarla arte'. Tal y como decimos en el catálogo, esto viene precedido de muchas cosas que han ocurrido a lo largo de décadas. Ya sabes, primero Duchamp y luego todo lo demás hasta llegar al enorme agujero en la playa de Coney Island".

Entonces, ¿qué ha pasado con la seriedad en el arte? "Por suerte, se esfumó", dicen sin ambages estos comisarios. "Bueno, en muchos sitios, no en todos. Por supuesto, sigue habiendo mucha seriedad en el arte, pero ya no es como era hasta mediados del siglo XX cuando el arte era una cuestión realmente seria. Aun así es un trabajo interesantísimo que está por hacer, el de recuperar muchas cosas que miradas bajo un prisma más desenfadado, buscando los pequeños gestos, nos sorprenderían sus guiños al humor. Pero claro, no dejan de ser magníficas rarezas. Sin embargo, ahora la cosa ha cambiado. Es tan frecuente visitar un museo y acabar sonriendo...".

Cosas que sólo un artista puede hacer. Museo de Arte Contemporáneo de Vigo (Marco) en coproducción con el Museo Extremeño e Iberoamericano de Arte Contemporáneo (MEIAC), de Badajoz. Príncipe, 54. Vigo. Hasta el 2 de mayo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 30 de enero de 2010.

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