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Crítica:

DANZA Tonsura y soneto

Los chicos lucen una especie de tonsura, no siempre en la coronilla: es la huella del bregar con el hormigón, de girar cabeza abajo, y eso adquiere un valor cofrade. Estamos ante la mejor obra de Pannullo, la más coreografiada, la más estructurada y al mismo tiempo la más ambiciosa y donde saca un partido sorpresivo, lírico y potente a los intérpretes.

La lucha entre el individuo y el grupo, la supervivencia del más fuerte, la atracción que ejerce el vencedor sobre el vencido, se dan cita como temas o ejes argumentales sobre un reglado de rigurosa aritmética, un uso del espacio donde la parte gráfica o escenográfica está dada por las proyecciones surrealistas, una especie de arqueología imaginaria o bestiario fósil. Pannullo lleva la tropa a una disciplina espartana, una concentración que se respira y llega al público.

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Dani Pannullo Dance Company. Dirección: Dani Pannullo; música: Clara Schumann y Zeta; vestuario: Adidas; luces: Lola Barroso; vídeo: Bruno Galán y Antonio Cañadas.

Sala Mirador. Hasta el 24 de enero.

Los cinco tonsurados pueden ser, cualquiera de ellos, el inspirador del soneto XV de Shakespeare que se lee en el programa de mano, y según Auden, el más enigmático, el que rompe la secuencia y le inspiró en su conferencia aquella frase de "No hay accidente puro en el amor", y que parangona a los versos 11 y 12 del soneto de marras: "Donde luchan ruinoso Tiempo y Decadencia / para trocar tu fresco día en noche ajada".

La pulsión geométrica, el desarrollo planimétrico de grandes figuras espaciales y la alusión a las danzas sacras de George Ivanovich Gurdjiev remite enseguida a Oupenski y por extensión a la revisión teosófica. Una ecléctica ensalada que puede no pasar de referencia, pero que se palpa en la disposición radial, la repetición tántrica de un fragmento o secuencia, y sobre todo, el seguimiento de la línea de suelo sobre un esquema girovago.

¿Cómo es que, a partir del hip-hop puro y duro, estos duros chicos de bosque de cemento se convierten en ángeles, y transmiten desesperación soledades, miedos, ansia y deseo? Una dramática diagonal de monólogos mientras se escuchan lieders de Clara Schumann lo explica, y abre a una interpretación instintiva, poética. El director tiene olfato e instinto para escoger y reunir a artistas adecuados en escena precisa (como en quinteto de hombres con la única mujer), una atmósfera conseguida a base de la praxis oscura, la sapiencia frente a los platos, el tejer una atmósfera que subyugue, conseguida al meter espacio y tiempo en el saco rítmico, siempre con limpieza formal y buen estilo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 18 de enero de 2010