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Reportaje:Diseño

Mucho más que lugares para escuchar música

Los auditorios del siglo XXI reclaman a los arquitectos imaginación para hacerlos adaptables a múltiples usos

Los auditorios ya no son -ni serán- lo que eran. Este siglo XXI premia la versatilidad. Y la tendencia es que este tipo de edificios dedicados a la celebración de actos están dejando de ser únicamente lugares cerrados para escuchar música. Ahora se trata de sacarles más partido y de acondicionarlos para otros usos, como bailes o comidas. "Ya nadie construye una ópera tipo París, eso se acabó, ahora todo el mundo busca la versatilidad", afirma Juli Capella (Barcelona, 1960), que ha publicado el libro Seating together Arquitectura de auditorios en el siglo XXI. La edición es de Figueras, una de las empresas de asientos punteras en el mundo. Sirvan dos ejemplos: en la Casa Blanca colocó los asientos de la sala de prensa y también los de la sala de la cúpula de Barceló en la ONU.

La sillería del Petit Palau de Barcelona se puede ocultar bajo una tarima

En Seating together, el arquitecto Capella realiza un breve repaso por la historia de los espacios celebrativos. Desde las pirámides hasta los teatros griegos, que introducen la gran novedad: las gradas ocupan la hondanada y el escenario la parte más baja, de forma que el espectador asiste sentado a la función. O cómo se sofistican en el siglo XVIII y la huella que dejará en estos templos del entretenimiento el art déco o la Bauhaus en el XX. De los 29 auditorios que repasa el libro, realizados durante los nueve años de este siglo, Capella se detiene en cinco.

- Dansk Radio Byen (2008), Copenhague. Jean Nouvel. Refleja la tendencia de que el auditorio no se exprese hacia el exterior. Es como una gran caja azul y en su interior explota la arquitectura. Desde fuera nadie diría que el exterior corresponde a su interior. Es una dicotomía brutal.

- The Sage Gateshead (2004), Newcastle (Reino Unido). Norman Foster. Es un ejemplo contrario al anterior. Toma las tres salas, las ordena al lado de un río y les coloca un caparazón que indica que hay tres volúmenes diferentes. Tiene una sala muy convencional, cuadrada, pero el caparazón es el que le da el carácter. Este edificio es un poco deudor de la Ópera de Sidney (1973), de Jørn Utzon.

- Centro Cultural Miguel Delibes (2001), Valladolid. Ricardo Boffil. Es una construcción muy interesante porque a partir de una sala enorme logra crear una gran intimidad alrededor del escenario: con la inclinación de las gradas consigue acercarse mucho a la representación.

- Teatros del Canal (2008), Madrid. Juan Navarro Baldeweg. Un mecanismo de piel única, de tres módulos -como el de Foster- que sin embargo tienen características muy diferentes. Uno de los espacios presenta un aspecto un poco retro, con un interior rojo, mientras la la otra sala, muy experimental, tiene una estética más canalla.

- Ampliación del Petit Palau de la Música (2004), Barcelona. Oscar Tusquets. Sobre el diseño de Domènech i Montaner (1908) se ha realizado la ampliación, pero sin quitarle protagonismo. El arquitecto hizo un hueco y hundió la sala, a la que llega la luz natural de arriba. La gracia es que el auditorio se puede camuflar, se guardan los asientos en una tarima y se pueden hacer otro tipo de representaciones.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 9 de enero de 2010