Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
COLUMNA

Evolución

Cae una hoja del calendario y ya hemos entrado en 2010. Y, como todo el mundo sabe, en este planeta globalizado los medios de comunicación llevan a cabo un inventario o balance de los sucesos más relevantes o de las noticias más destacadas del pasado reciente. En ocasiones, el inventario va acompañado de un análisis con la vista puesta en el futuro inmediato; se intenta predecir o pronosticar, con mejor o peor acierto, la evolución que puedan tener los nubarrones presentes. Desde el umbral del nuevo calendario, a una buena parte del vecindario le gusta vislumbrar resquicios de esperanza en las hojas de ese mismo calendario.

Y, si observamos con atención, no nos faltan indicios esperanzadores, como no nos faltan pruebas fehacientes que confirmen el pesimismo en diversos ámbitos. Lo positivo y ejemplar, con vistas a un futuro ya presente, sería quizás la inestimable reacción de ese muchachote holandés que viajaba en el avión de Detroit. En su país natal ya hablan de un héroe y él considera humildemente que fue un pensat i fet cívico sin más. Eso pasa en el norte frío.

En el cálido Irán no andan tampoco exentos de coraje los miles de jóvenes que reclaman en sus calles una salida al yugo de clérigos y al oscurantismo. En el país de los antiguos persas algo puede evolucionar de forma positiva hacia una libertad que, desgraciadamente, tiene allá un precio en vidas humanas. Aquí el precio, y muy alto, lo tenía la carretera y la absurda muerte en el asfalto. Por eso es motivo de esperanza y contento la evolución, casi milagrosa, a la baja de muertes y accidentes. Aunque en realidad tras los números positivos de vida no hay milagros, sino políticas cívicamente acertadas de la Dirección General de Tráfico y del Ministerio del Interior: multas, resta de puntos, medidas pedagógicamente coercitivas que mueven a la irresponsabilidad en la conducción hacia la responsabilidad y el respeto por la vida.

Hay elementos suficientes para que el nuevo calendario avance con esperanza. Aunque también tropezamos con otros de signo contrario.

Porque cuando uno ojea las hojas de calendario ya caídas o por caer en los espacios geográficos y humanos valencianos, no distingue evolución alguna. Desde hace algo más de una década o un lustro en algunos casos, la evolución a mejor, si existe, debe tener la velocidad de mutación de las plantas vegetales. Así que seguiremos arrancando hojas del calendario con el irredento tostón del agua o continuaremos despilfarrando recursos en tonterías fantásticas, mágicas y míticas para atraer turistas que son reales y no llegan. No nos faltarán los conocidos anuncios de grandes inversiones no productivas, y oiremos una y mil veces decir al portavoz gubernamental autonómico que el gobierno valenciano es tan serio como el de EE UU, Alemania o Francia, olvidándose del de Irán y del de Guinea Ecuatorial.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 4 de enero de 2010