Columna
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El perro de Pavlov

La periferia de Madrid (área metropolitana), con 3,1 millones de habitantes, ya tiene casi tantos o más habitantes que Madrid-ciudad (Ayuntamiento de Madrid), con 3,2 millones de habitantes. Digo tantos o más porque probablemente en esa periferia exista una amplia población aun no censada e incluso sin papeles o ilegal. En total, legales y censados, 6,3 millones de habitantes (Madrid casco más el área metropolitana): es la tercera ciudad de Europa tras París y Londres. "Ahí es ná", que diría un castizo. Para llamarte tonto te decían "eres más tonto que el perro de Pavlov" (esta expresión madrileña tiene su historia, otro día la cuento). Ahí es ná.

Esto es lo que voy pensando camino de Fuenlabrada, pura área metropolitana, con Universidad y todo, con nombre de Rey: Universidad Rey Juan Carlos, la que murmuran que fue en su momento la alternativa del PP a la que decían que era la Universidad del PSOE, la Carlos III de Getafe, un buen centro académico, de lujo, en cierto modo. El taxista puso la radio (la radio es más que un medio versátil y eficaz en una ciudad así: es amorosa voz, algo que te llega inesperado, mimo de tigre) y entonces salió Feijóo, entrevistado por un par de personas, una de ellas locutor principal, y la otra un gallego que no acerté a saber quién era, pero que nos llamó falsos o mentirosos o algo así a los manifestantes del 18 de octubre en Compostela: "Pero si no pasa nada con el gallego", decía el paisano.

Hay un corte histórico entre el PP de Fraga, populista y pactista, y esta derecha de Feijóo

No se viven igual las cosas aquí y en Galicia. Las cosas de la tierra, digo. "Acá no es como allá" que diría un argentino. Acá es todo más melancólico. Feijóo se reafirmó en sus actos lingüísticos y en su ruptura con sus clásicos del PP: no habrá consenso, se deduce por lo que dice. Adiós al decreto del 50% y a la normalización lingüística. El Consello daCultura Galega acaba de pedírselo, el consenso, y él se explicó muy bien en aquella emisora mañanera, camino de Fuenlabrada: "Son unas gentes [nosotros, los malos] que no parecen acatar el resultado de las elecciones", dijo, o algo similar a esto y de igual significado. No habrá consenso. Habló de la "consulta a los padres" de los estudiantes: "la opción gallega", dijo, sin matices, "fue la que menos partidarios tuvo". Según y cómo, pero, sobre todo, fue una consulta sin control, falaz y en absoluto democrática, con una baja participación y una falta de intervención de las diversas organizaciones en defensa del gallego. Nada de nada, nada que pueda homologar una cosa así a un proceso democrático reconocible.

A él le da igual. Una cosa así, de tal carácter arbitrario y antidemocrático puede considerarse una broma mientras no se use contra el gallego, pero si se usa (como lo hizo Feijóo camino de Fuenlabrada, metido en aquella pequeña radio, lo incómodo que iría) es preciso denunciarlo ante las autoridades internacionales. Creo que es preciso dar a conocer a las agencias internacionales, coordinadoras y defensoras de las lenguas minoritarias, varias cosas: la impresentable consulta es una de ellas. Otra: las invencibles dificultades que ponen algunos gobiernos autonómicos para que se vea la TVG en las zonas gallego-hablantes. Eso se llama xenofobia: consideración y maltrato de extraña para una lengua que en esas comunidades también es históricamente propia. ¿Por qué? ¿Qué tendrá una lengua para que en un momento dado concite el acuerdo entre diversos humanistas para acabar con ella? Y, sobre todo, ¿por qué esa actividad aniquiladora produce satisfacción a los diversos killers lingüísticos y asesinar a una gallina para comérsela les crea mala conciencia a tantos buenos cristianos ("Por Dios, no soy capaz...")? Denle vueltas a esto y sabrán por qué, desde ahora, deben salir de casa con el gallego puesto y soñar en gallego por la noche. Por aquí, camino de Fuenlabrada, si hablas gallego eres sospechoso de querer volar La Cibeles, si no lo hablas (y esto en voz baja) eres un gallego acomplejado. No hay otra. Todo lo demás es pura filfa, tontería: el perro de Pavlov dando un mitin.

Como sociólogo me interesa entender la fractura simbólica entre el PP de Fraga, populista y pactista, con cierto apego en muchas de sus gentes representativas al idioma gallego, y el PP de Feijóo, mucho más autoodiante y alejándose de su gente gallego-hablante y defensora de su lengua. ¿Son dos derechas? Quizá esto es mucho decir, pero sin duda hay un corte histórico del que es necesario hablar porque tiene trascendencia para Galicia: si esta derecha se empeña en acabar con la lengua y en regionalizar a esta histórica y digna nacionalidad (así reconocida hasta en Madrid), tendremos que volver a Compostela o a donde sea y llenar la tierra, el mar y el cielo con un grito unánime: "Eres más tonto que el perro de Pavlov". A quien corresponda.

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 27 de noviembre de 2009.