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La sangre que le salvó de la leucemia le contagió el sida

Una transfusión le transmitió la enfermedad del VIH

A Juan, un joven que pasa de los 20 años, las transfusiones de sangre a las que fue sometido le salvaron de la leucemia pero le contagiaron del sida. Ocurrió en 2005 en el Hospital General de Valencia. Juan oculta su identidad tras un nombre ficticio con el mismo celo que esconde su enfermedad. No quiere que nadie sepa lo que le pasa. No es para menos, sus expectativas laborales se han esfumado y su proyecto vital, sus ansias de formar una familia propia, han dejado de ser su prioridad por culpa de la enfermedad que sufre. Se salvó de una leucemia aguda linfoblástica, pese a que en su familia no encontró un donante compatible para un posible trasplante de médula, gracias a las numerosas transfusiones de sangre que recibió. Hasta 75. Pero su tabla de salvación se convirtió en un trampolín hacia el sida. Ahora ha presentado una reclamación de responsabilidad patrimonial a la Consejería de Sanidad.

A Juan le detectaron una leucemia en 2005. Los primeros síntomas fueron sensación de cansancio, hemorragias nasales y mal color de cara. Creyó que era una gripe y para evitar males mayores antes de un viaje profesional acudió al médico. "Me sentía agotado. Me sangraba la nariz muy a menudo. Me preocupó ponerme peor durante los días que íbamos a estar fuera, trabajando. Y, por supuesto, pensé en una gripe. ¿Qué otra cosa podía ser?", recuerda. De la consulta de atención primaria salió para el hospital. Y allí permaneció más de ocho meses en una unidad de aislamiento. Su leucemia aguda linfoblástica T se había manifestado con especial dureza. Y no fue posible encontrar un donante de médula compatible entre su numerosa familia.

La quimioterapia se convirtió en la única posibilidad de luchar. "No entendí nada. Me pregunté, y aún lo hago, por qué, por qué yo. La unidad de aislamiento es durísima, las sesiones eran horrorosas, dos semanas mal, una bien y otra esperando nuevos dolores. Fue agotador anímicamente, para mí y para mi familia. Y eso que en el hospital, salvo algún error, me atendieron muy bien, con muchísimo cariño".

Dos años después había vencido a la enfermedad. A esta enfermedad. Los médicos le prescribieron los consabidos controles periódicos y Juan puso su empeño en reconstruir su vida, una rutina, una ilusión. "Empecé a salir, a ir al gimnasio, a sentirme normal. Poco a poco, inventé una forma de vivir como si nada hubiera pasado. Pero a la incapacidad absoluta para trabajar se unía la tristeza por los afectos perdidos. Pero sentía a mi familia junto a mí, apoyándome para que me pusiera a estudiar en algo de lo que, probablemente, nunca podré vivir. Su respaldo es algo que aún me emociona".

La normalidad duró hasta el año pasado cuando se manifestaron unas incómodas y persistentes fiebres. "En mi casa dicen que soy algo hipocondríaco. Cada cosita que me pasa, necesito que la vea un médico. Me asusto, sí. Por eso, fui al hospital por una, aparentemente, simple fiebre". Fue varias veces. En una ocasión estuvo ingresado hasta un mes. Le hicieron decenas de pruebas. La respuesta más concreta que encontró fue: "fiebres de origen desconocido". El diagnóstico presumible: tuberculosis, tumor o linfoma. "Me desesperé. Pensé que no podía ser posible. Y en realidad fue peor".

Pocas semanas después, una analítica despejaba las dudas: tenía VIH. "Me preguntaron, y me hicieron preguntarme, por mi vida sexual. Yo repetía que no, que no podía ser, que seguro que no. Nadie consideró que mientras me trataron la leucemia recibí 75 transfusiones de sangre. Me decían que eso no podía ser. Pero resultó que sí. Me contagiaron en una de las transfusiones".

El Centro de Transfusiones de la Comunidad Valenciana, en un documento fechado el 5 de junio de 2009, detalla en una tabla la identificación codificada de la donación recibida, las donaciones posteriores que se hicieron, la fecha de estudio y el resultado de la serología de VIH. Una de las unidades había dado positivo.

"Fue como si el cielo aplastara la tierra. Así me sentí y así me siento. Ha sido un golpe casi peor que la leucemia, porque esto se podía haber evitado, porque me han contagiado por falta de profesionalidad, por tener en 2005 una tecnología caduca que la mayoría de centros de España hacía años que había renovado, porque no lo busqué, porque me impide muchas cosas, porque cambia mi relación personal, mi relación más íntima, mi perspectiva de vida, porque es una condena, porque no quiero que me estigmaticen, porque creí que podía seguir adelante con mis sueños y me los han roto".

El abogado de Juan, Manuel Mata, ha presentado una reclamación de responsabilidad patrimonial a la Consejería de Sanidad por el contagio producido como consecuencia de la administración el 25 de noviembre de 2005 hematíes y plaquetas. Según consta en la reclamación, la transfusión era, obviamente, necesaria. Pero nadie explicó al paciente que podría correr riesgo.

La reclamación relata que "el reclamante se somete a transfusión en noviembre de 2005, en esa época había marcadores de VIH, y su uso era prácticamente común en la red sanitaria pública con la finalidad de excluir donantes que padecieran la enfermedad. La sangre se testó, pero no mediante las técnicas más modernas al uso en multitud de centros españoles y europeos que hubiesen detectado la presencia del virus. Sólo con posterioridad se han usado esas técnicas para confirmar el contagio".

"El dinero, para mí, no tiene valor. Quiero que me quiten esto. Quiero que si hay una posibilidad en cualquier lugar del mundo, ahora o dentro de cinco años, o diez, pueda ir. Quiero vivir", concluye Juan.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 8 de noviembre de 2009