Columna
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Secretario general

Los partidos necesitan comunicar bien: necesitan gente que se eleve por encima de la media expresiva, del runrún ambiental. Por eso, es una excelente noticia que Pepe Reig intervenga en política. Aspira a la secretaría general del Partido Socialista de Valencia. Es profesor universitario. ¿Una garantía? Qué va: podría ser alguien preparado y a la vez aburridamente académico. No es su caso. Reig tiene chispa; no es un orador mecánico. Al hablar de política, muchos profesores nos ponemos pesados, finísimos, escrupulosos o utópicos. Reig, no. Él es realista y sabe expresarse sin grandes aspavientos.

En el Partit Socialista del País Valencià hay militantes de estatura y entrega, y hay líderes valiosos; pero en dicha formación hay también dirigentes cansados que ofrecen una imagen de rutina, de acomodación, de aburrimiento. Frente a la resignación del aparato, Pepe Reig da muestras de energía reflexiva. No carece de principios o de convicciones. ¡Cuidado con las convicciones! Reig es sensato y lo transmite: no es un progre rezagado. Le he escuchado algunas intervenciones y constato que sabe llegar, que tiene ideas, que dispone de recursos. Pero, sobre todo, que sabe replicar con contundencia a sus adversarios. En definitiva, podría ser un excelente líder para su partido.

Su rival interno, el otro aspirante a la secretaría general, es Salvador Broseta. Fue alumno mío hace muchos años y lo recuerdo como una persona sensible y perspicaz, con una mirada inteligente. Ignoro si dispone de mayores cualidades: en los últimos años no he tenido la oportunidad de escucharlo; tampoco durante esta campaña local. ¿Imaginan un debate televisivo entre Reig y Broseta? Podría ser, quizá, el inicio de la recuperación que el PSPV necesita.

Como necesitamos la regeneración urgente del Partido Popular de la Comunidad Valenciana. Hace más de un año publiqué en mi blog una entrada que hoy reiteraría: "Salvemos el PP". Había que salvarlo de la crisis interna, me decía. La democracia depende de los partidos que compiten, y los partidos son agregados de intereses, formas institucionales que se basan en expectativas personales, estructuras que se nutren de poder, el mismo tóxico que envenena las relaciones.

¿Envenena? ¿Pero es pensable un sistema político sin ese nutriente? Por supuesto, es una ingenuidad creer que el partido puede ser reemplazado por algo distinto o mejor; como también lo es pensar que estas organizaciones no nos conciernen. Quienes no somos militantes de partido debemos exigir secretarios generales democráticos: enérgicos con los suyos y fiables para todos. Hasta hoy, Ricardo Costa nunca se había mostrado enérgico. Ahora lo he visto retador. ¿Y fiable? Bueno, simpático sí que lo era.

http://justoserna.wordpress.com

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0014, 14 de octubre de 2009.