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9 d'Octubre

El 'caso Gürtel' protagoniza el 9 d'Octubre

Camps apela a la unidad de los agentes sociales para salir de la crisis económica - La procesión cívica aceleró el paso para evitar abucheos por la trama corrupta"¿Cómo va a aceptar regalos Camps?", dicen los asistentes

El caso Gürtel marcó ayer el 9 d'Octubre. La tensión política por el escándalo de la trama corrupta vinculada al PP recorrió todos los actos oficiales y se notó en la calle. Los mensajes habituales de celebración del día grande de la Comunidad Valenciana quedaron relegados a un segundo plano, con el foco situado sobre la crisis que ha desatado la trama Gürtel. Una "circunstancia" que hizo que la festividad no se produjera "en un entorno de normalidad, sino de anomalía democrática", según aseguró de buena mañana el secretario general de los socialistas valencianos, Jorge Alarte, que pidió de nuevo elecciones anticipadas en un manifiesto que leyó acompañado de diputados y alcaldes a las puertas de las Cortes.

Peticiones de dimisión y aplausos a Camps en la procesión cívica

La marcha por el País Valenciano reúne a 2.000 personas

Tampoco se libró de la presión el acto del Palau de la Generalitat, donde el presidente Francisco Camps entregó las altas distinciones mientras crecía la expectación ante la inminente destitución del secretario general de los populares valencianos, Ricardo Costa, y por las declaraciones al terminar el acto del vicesecretario de Comunicación del PP, Esteban González Pons, anunciando que la fiesta en Valencia a se terminaría "a las cuatro de la tarde".

La jornada se preveía complicada para los populares, y así se reflejaba en el rostro de los cargos públicos que se congregaron a mediodía a las puertas del Ayuntamiento de Valencia para participar en la procesión cívica. La perspectiva de un desfile por las calles del centro entre abucheos por el caso Gürtel hizo apretar el paso a los dirigentes del PP. Fue la procesión más rápida que se recuerda en años. "Lo mejor aquí, si no se quiere oír nada, es cantar", se le oyó decir a la alcaldesa, Rita Barberá, antes de echar a andar. Y efectivamente hubo gritos pidiendo la dimisión de Camps y pancartas alusivas a los trajes que le regaló la trama corrupta, pero también aplausos para contrarrestar a los críticos y piropos de "¡Paco, Paco!" y "¡Rita, guapa!"

La marcha, con menos público que otros años, arrancó con las habituales acusaciones de "traidores y peseteros" lanzadas por formaciones blaveras (con el repertorio ampliado al caso Gürtel) y de grupos de ultraderecha que, además, impidieron la participación del Bloc.

Camps, con sonrisa forzada, y Barberá, con cara seria, se colocaron detrás de la senyera -que este año portaba la concejal socialista Mercedes Caballero- seguidos de consejeros, concejales, diputados autonómicos, nacionales y provinciales, y demás autoridades. La comitiva enfiló con rapidez la calle de San Vicente hacia la catedral para el tedéum y dejó poca opción a que se caldeara más el ambiente. "A mí nadie me ha dicho que fuera más rápido, pero sí he notado más ímpetu por seguir cuando había gritos", contó tras la procesión Caballero.Había morbo por comprobar si el escándalo de corrupción habría calado entre los asistentes habituales a la procesión cívica, mayoritariamente conservadores. "¿Cómo va a aceptar regalos el señor Camps si ha llevado camisas con el cuello cambiado porque su mujer no las quería tirar? No porque no pudiera, sino porque le daba pena tirar cosas", respondía Carmen, de 76 años. Y Comes, un jubilado de 66, añadía: "Normalmente siempre reciben algo. Y se ensucian. Pero una cosa es demasiado y otra poca. Lo que quiero decir es que si yo te doy esto [y daba una pegatina del partido Comisión Tradicionalista Carlista], es un regalo".

Las críticas durante el recorrido, que las hubo, fueron a salto de mata. En la finca donde vivió y murió Ausiàs March, en la calle de Cabillers, lateral a la plaza de la Reina, un vecino se asomó intermitentemente con un traje y un bolso en sus manos, en referencia a los regalos supuestamente recibidos por Camps y Barberá. Junto a la estatua de Jaume I, al final de la procesión, cuatro miembros de una familia sacaron pancartas en las que se pedía la dimisión del presidente de la Generalitat. La protesta fue sofocada rápidamente por espectadores cercanos, alguno en actitud agresiva.

Pero el gran momento de tensión se vivió en la plaza del Ayuntamiento, cuando un centenar de afiliados y simpatizantes del Bloc vio impedido por ultraderechistas su intento de participar en la procesión. Los ultras les amenazaron y les lanzaron huevos hasta sacarlos de la marcha. La policía, contó Enric Morera, líder de la formación y diputado en Cortes, les aconsejó que se incorporaran al recorrido más adelante. Los nacionalistas se dirigieron al Parterre y los ultras los siguieron hasta allí. "Llegaron unos 50, con indumentaria fascista y corriendo, a agredirnos. La verdad es que yo he sentido miedo. Y hemos tenido que replegarnos. Hoy se ha vulnerado el derecho de un centenar de personas a manifestarse con la senyera". Morera agradeció la labor de la policía pero preguntó al delegado del Gobierno, Ricardo Peralta, cuántas detenciones se habían producido. "Me temo que ninguna", añadió. Los ultras cubrieron el recorrido de la procesión cívica, a unos centenares de metros de las autoridades.

Las referencias al caso Gürtel volvieron con la manifestación de la tarde, convocada por la Comissió Nou d'Octubre bajo el lema Som País Valencià y a la que acudieron unas 2.000 personas. Se vieron muchas camisetas de Se busca a Camps, sólo vivo, pancartas en las que el jefe del Consell aparecía corriendo en ropa interior y otras que decían: "Mucha ropa y poco jabón".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 10 de octubre de 2009