Río revuelto
Una crisis momentánea, como un atentado terrorista, un ciclón o unas inundaciones, hacen que el Estado sujete las riendas con más fuerza, en ese momento todos reconocemos a las autoridades. Pero una crisis prolongada hace que los lazos que sujetan las partes de la realidad social se vayan aflojando y se suelten. Cuando es así, cada individuo y cada colectivo se vuelve hacia sí mismo, se va haciendo más insolidario y defiende frente a los demás sus derechos particulares. La colectividad que forma un país se fragmenta y se licúa. Algo de eso está pasando en la vida pública española estos días mientras no se aprueben los presupuestos de este año y no se salga de la fase más aguda de la crisis.
En esto tienen responsabilidad -culpa- los tres partidos en liza. Han jugado con fuego
Un periódico, además de ser de sus propietarios, también es un patrimonio colectivo de un país
A la actitud levantisca de la derecha, que desde que perdió las elecciones hace seis años se ha comportado con hostilidad tanto hacia el Gobierno como hacia instituciones del Estado, se le han sumado ahora poderes diversos. Poderes que no nacen del voto ciudadano sino que representan los intereses de un particular o de un grupo. Son poderes los sindicatos y asociaciones gremiales, los bancos, cajas, organizaciones ecologistas, feministas, empresas de comunicación... Poderes que nacen de la propia sociedad y que actúan a diario en la vida pública, pero que ahora se manifiestan en voz más alta.
Fue el caso del presidente de la CEOE hace unas semanas y es el caso del presidente de las cajas de ahorro, Juan Ramón Quintás, que interviene en la lucha de partidos posicionándose con el PP, y que no procede en quien debiera actuar con independencia. Cuando pide un gran acuerdo de los dos grandes partidos estatales para afrontar la crisis, sabiendo que eso que sería muy deseable ha resultado imposible en estos últimos seis años y eso no va a cambiar, lo que hace es precisamente lo contrario de lo que alega: busca debilitar la gobernabilidad.
También los medios de comunicación han intervenido e intervienen, pues los partidos y gobiernos pretenden instrumentalizarlos y ellos a su vez pretenden instrumentalizar a partidos y gobiernos en beneficio propio. Son muy comentadas estos días las críticas que desde el mismo grupo empresarial que edita este periódico se le hacen al Gobierno, críticas que nacen de una diferencia sobre la política de medios de comunicación que afecta a los intereses del grupo y de distintas visiones sobre la actuación gubernamental. Esté uno de acuerdo o no con esas críticas, entra en lo lógico y esperable que una empresa defienda sus intereses y que un periódico discrepe de la política de un Gobierno.
Caso distinto es lo que ocurre aquí, donde un diario de gran tradición local, La Voz de Galicia, ha desembarcado directamente en la política desde hace algunos años. Siendo evidente la relación entre medios y partidos, siempre ha habido una línea que marcaba el lugar de cada uno, pero nos encontramos ante una situación excepcional, pues La Voz en los últimos tiempos no sólo tiene una línea ideológica, como tienen todos los periódicos de modo confesado o no, sino que también se presenta en el espacio político con una verdadera agenda ideológica, política y con reclamaciones concretas.
En esto tienen responsabilidad -culpa- los tres partidos que están en liza. Los tres han jugado con fuego y han creado la figura de un editor que no duda en presentarse políticamente con rasgos ideológicos muy conservadores y una serie de exigencias: la creación de una gran caja de ahorros coruñesa, la realización de ese gran muerto que es un oscuro plan urbanístico asociado al puerto exterior coruñés, la paralización de la Cidade da Cultura...
Es un error. Un periódico, además de ser de sus propietarios, también es un patrimonio colectivo de un país y como tal hay que lamentar sus derivas fuera del estricto campo del periodismo, pues se daña a sí mismo. Pero ante todo la ciudadanía debe ser capaz de comprender que cuando el poder político democrático, el elegido por las urnas, es asediado por otros poderes hay que estar con el Gobierno.
No nos gustó el modo en que llegó a la presidencia de la Xunta Alberto Núñez Feijóo, es evidente que quien llega a hombros de algunos medios de comunicación luego corre el riesgo de ser rehén de ellos, pero es presidente con los votos ciudadanos. Es nuestro presidente. Hay decisiones suyas que nos disgustan profundamente y hay otras en las que acierta pero es él, con su Gobierno y el respaldo parlamentario, quien tiene la responsabilidad de gobernar.
En democracia, el poder político lo dan los votos, no el dinero.
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