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Cosa de dos

Risto, desahogos y escarnios

Risto Mejide regresó a Telecinco con programa propio y éxito de audiencia. El espacio se llama G-20 y está producido por la emisora y por La Fábrica de la Tele, que tiene en su catálogo, entre otros, Sálvame, Aquí hay tomate y La noria. Toda una línea.

En teoría, el programa escoge a 20 personajes para flagelarlos. Para que quede claro, una maîtresse, látigo en mano, da la entrada en el ranking a los más merecedores de castigo. ¿Y en qué consiste? En una colección de chistes y vituperios. Los hay en off y otros los administra Mejide en persona, menos cómodo de monologuista que de jurado.

Se trata de una sucesión de desahogos, que el programa también propone que protagonicen los telespectadores vía web. G-20 tiene mucha pirotecnia y sarcasmo poco documentado y aquélla se apaga rápido. La lista de personajes va de los políticos al estrellato del circo rosa doméstico. Da la sensación de que Risto tiene carta blanca para escoger las dianas. Eso sí, han de ser reconocibles por una amplia audiencia. De ahí que en la selección se incrusten famosos de fábrica, varios en la nómina de la productora, profesionales de las bofetadas, de darlas y recibirlas, que homologados con los auténticos sujetos de la actualidad sólo consiguen despistar sobre qué cosas y quiénes son merecedores ese día para subir al cadalso de G-20, supuestamente reservado al club de los importantes y que sean noticia. En algunos casos, el empleo de la brocha gorda para el chiste hace que compadezcamos a su víctima, aunque no sea precisamente de nuestro equipo. En otros se desperdicia la pólvora y, en otros, cae en el escarnio. Porque tildar de "usada" a una política porque ha estado divorciada no es precisamente un chiste, ni tan siquiera malo.

Encantado administrando adjetivos, Risto persiste en el género del matonismo que le ha dado la fama. No es de extrañar que donde estuviera mejor fuera regresando al asunto que le ha dado la popularidad: Operación Triunfo. Ahí sí que documentó cómo de rápido desaparecen los triunfitos y un par de datos sobre galas canceladas este verano fueron mucho más dañinos que la gesticulación verbal cultivada a lo largo del programa. Cuando ataca, le dice de todo al personaje, pero raramente lo desmonta.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 4 de septiembre de 2009