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COLUMNA

Absurdo

Tengo de frente el Golden Gate, mientras leo en un periódico la absurda lista sobre los peores hijos de mandatarios del mundo. ¿A quién se le habrá ocurrido hacerla? Desde luego se lleva la palma el hijo mayor de Kim Jong Il, líder de Corea del Norte, que fue detenido hace unos años en el aeropuerto de Tokio cuando intentaba pasar camuflado, con un pasaporte falso, bajo el nombre de Grasa de Oso, pero en chino, claro, provocando la humillación familiar suprema. ¡Y todo por querer ir a Disneylandia! Menuda tontería. Montar todo ese lío por querer ir a las barracas de las ferias, pero a lo bestia y en plan hortera.

Pero si a alguien le quita el sueño esta absurda historia la solución más absurda todavía me la dio un amigo con problemas de insomnio, que me contó que no podía conciliar el sueño si no era con su "máquina para dormir". Según lo dijo, yo también, imaginé una supermáquina inventada por algún genio de la NASA, pero no; el aparatejo al que se refería era una cosita que emitía ruidos, a elegir entre ruido de olas, de tráfico ligero, de pájaros en la lejanía, de orcas nadando o el chapoteo del agua en una supuesta fuente. ¡Menuda...!

Pero para colmo del absurdo, lo que me tocó vivir ayer, cuando se me ocurrió preguntarle a mi hijo si le apetecía un helado en esta gloriosa tierra de la abundancia y la exageración que son los USA. Esperamos la cola para ser atendidos por un grupo heterogéneo formado por un cuarentón, una hermosa (por tamaño) mujer de color y una punky con pelo rapado y cresta. Todo bien, hasta que al tío que estaba delante de nosotros ¡va y se le ocurre dar una generosa propina! Entonces el cuarentón hizo sonar una campana, y ¡horror!... nos tocó contemplar en primera línea a esos tres personajes cantando al unísono y a pleno pulmón, en plan Disneylandia, una canción de agradecimiento tan estúpida como ridícula. Pero lo gracioso no sólo era verlos cantar, sino también ver la cara de imbéciles que se nos puso a los que estábamos en la cola, haciendo como que no pasaba nada y mirando al infinito. ¡Claro! Me entró la risa tonta. Pero más tonta me sentí cuando delante de una papelera empecé a echar toda la basura generada por un simple helado y una taza de café (americanos los dos). De golpe me encontré con: una taza de cartón (donde iba el barquillo del helado), una cuchara como de plata, pero de plástico, un vaso de cartón para el café, con su abrigo también de cartón para no quemarme, más la tapa de plástico para no derramar el café, más la cucharilla mezcladora, y el mogollón de servilletas que los acompañaban. Totalmente absurdo.

Pero lo más absurdo de todo, es lo absurdos que somos que copiamos e imitamos todo lo más absurdo. Asusta.

Posdata: hoy es el 07 del 08 del 09. Puestos a ser absurdos, ¿por qué no celebrarlo?

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 7 de agosto de 2009