Sueños de cartón a 300 euros

Decenas de inmigrantes se concentran en Bilbao para exigir la despenalización de los 'manteros'

Senegal, Mauritania, Canarias, Madrid y Bilbao. Comisarías, dos estancias en Centros de Internamiento de Extranjeros y tres semanas en la cárcel. Es el resumen de un sueño. El de Aladji Mbengue senegalés, de 28 años, que hace tres decidió venir a España a buscarse la vida. En agosto pasado fue detenido en Torrelavega (Cantabria); llevaba en su mochila cerca de un centenar de DVDs y CDs, era mantero. Fue condenado por un juzgado de Santander por un delito contra la propiedad intelectual a seis meses de prisión. La Audiencia Provincial sustituyó la condena por una orden de expulsión.

Desde hace tres semanas está internado en la cárcel de Basauri. El juez cree que existe riesgo de fuga. Ayer, varias decenas de inmigrantes, respaldados por ONGs, se concentraron ante al Palacio de Justicia de Bilbao para exigir la puesta en libertad de Mbengue y que la venta ambulante de CDs y DVDs se despenalice.

La condena por vender CDs piratas puede ser de hasta dos años de cárcel

Las penas impuestas por este tipo de delito, que se comete por sólo exhibir la mercancía -no hace falta venderla- puden ir de los seis meses a los dos años de cárcel y contemplan multas de hasta 3.000 euros. En las prisiones españolas hay 94 personas encarceladas por delitos contra la propiedad intelectual, "la mayoría son inmigrantes", según Instituciones Penitenciarias. Una condena "similar a la correspondiente por la venta de hachís o incluso superior a la aplicable en determinados supuestos de robo con violencia e intimidación", según explica el abogado Julián Ríos Martín en el escrito en el que solicita el indulto para Mbengue.

Para muchos inmigrantes ilegales el primer trabajo es la venta ambulante. Sin papeles, sin saber el idioma y sin conocer el país es la salida más rápida y fácil. Todo por cerca de 300 euros al mes que les permita sobrevivir. "En cuanto llegas, buscas a algún amigo o familiar. Te acoge durante unos días en su casa pero te tienes que buscar la vida". Es lo que hizo Falu, de 25 años, también senegalés, uno de los inmigrantes que acudió a la concentración de ayer. Y es lo que hizo Mbengue. Tras llegar en agosto de 2006 en un cayuco a Tenerife procedente de Mauritania y dos estancias en centros de internamiento, la siguiente parada fue Madrid, "le preguntaron donde tenía familia y le pagaron un billete a Bilbao porque allí tenía amigos", relata Ríos Martín.

"Tienes que encontrar a alguien que te preste dinero para poder comprar los CDs y luego venderlos". "Si la Policía te detiene, vuelves a empezar desde cero", explica Falu. "Siempre recurrimos a alguien que ya tenga los papeles, para que nos deje dinero o para que nos saque de la cárcel". Si finalmente es expulsado, el sueño de Mbengue habrá terminado sin ni siquiera cumplirse. Volverá a Thies, una región agrícola de Senegal, donde vive su padre, temporero de mandioca y sus seis hermanos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del martes, 28 de julio de 2009.

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