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Reportaje:

"Las gaviotas no nos dejan vivir"

Vecinos de Alicante denuncian las molestias por la concentración de aves

Es un fenómeno que en los últimos dos años se ha disparado. Los vecinos están que trinan con el millar de gaviotas que anidan en la roca del Castillo de Santa Bárbara de Alicante. Estas aves carroñeras no les dejan dormir y ensucian coches, terrazas y la ropa tendida. "Así no podemos vivir, te dan cada susto de muerte", admite Charo, una vecina de la calle de San Pedro, en la zona de Villa Vieja, en la ladera del Benacantil. "Es de locura, a las cuatro de la mañana chillan y es para volverse loco", agrega Luisa García, otra vecina de 70 años que nació en la calle de San Juan y que no recuerda nada igual. "Además, lo enguarran todo, los coches están llenos de cagadas que no se van", se queja otra.

Las gaviotas se empiezan a convertir en una verdadera pesadilla. Antonio, el panadero de la calle de Toledo, reconoce que cuando abre el establecimiento, a primera de la mañana, observa bandadas de gaviotas que "parecen un bombardeo, vienen a por tí".

Los vecinos no se explican los motivos por los que, sobre todo a partir de mayo, las gaviotas campan a sus anchas por el cielo de Alicante. "Esto no lo recuerdo de niña, estos pájaros son molestos y asquerosos", asegura Charo, otra vecina de 74 años, que muestra una terraza que parece un gallinero, salpicada de excrementos de gaviotas. "Además, son agresivas, se debería hacer algo", ruega.

El Ayuntamiento detectó el problema el verano pasado y busca una solución. El concejal y presidente de la Mancomunidad de L'Alacantí, Miguel Valor, explica que las gaviotas se han asentado en el castillo "porque están cómodas, los focos que iluminan el Benacantil les dan calor a los nidos, y en el vertedero de Fontcalent tienen comida".

Sendos informes de los arqueólogos municipales advierten del deterioro que en los edificios antiguos del centro causan los excrementos de estas aves. "Sin aplicar medidas traumáticas, intentamos controlarlas", admite Valor, que explica cómo los técnicos cambian los huevos de los nidos a otras zonas más ingratas con lo que ejercen "cierta presión para que se vayan". Otra idea era lanzar rapaces que ahuyentaran a las gaviotas, pero se descartó por las consecuencias que podía tener para otras aves. Pero no todos comparten estas soluciones. "Es nefasto pinchar los huevos y cambiarlos", afirma Antoni Zaragozí, de la Sociedad Española de Ornitología en Alicante, ya que "si se ataca a los huevos se dispersan a otros lugares", por eso este año se han empezado a ver gaviotas en algunas viviendas del barrio del Pla. "Se debe hacer un estudio y con datos objetivos buscar soluciones", añade. Las gaviotas, que viven unos 25 años, se asientan donde hay comida, la solución sería "dificultarles el acceso a tanta cantidad de materia orgánica en el vertedero tapando la zona de compostaje", admite Miguel Ángel Pavón, de la Asociación de Amigos de los Humedales del Sur de Alicante.

La gaviota patiamarilla, no está protegida, anida en zonas rocosas, próximas al mar, y es una especie "oportunista, voraz y agresiva", que ha encontrado su "paraíso" en el vertedero de Fontcalent, donde pasa el día comiendo y por las noches regresa al Benacantil al Castillo, según Pavón. Se calculan un centenar de parejas, que cada año tienen una media de tres polluelos, y si se les quitan los huevos vuelven a poner. Miguel Ángel García, de Adena, recuerda que esta especie es "fuerte, se adapta fácilmente y se reproduce mucho".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 13 de julio de 2009