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Reportaje:

Un pensador con vistas a la calle

Profesor universitario, forma parte del colectivo 'underground' Ladinamo

"Desde aquí, en los días claros, se ve la lucha de clases", dice César Rendueles (Gijón, 1975) en la azotea del Círculo de Bellas Artes. Al otro lado de la acera, en la terraza de un edificio de seguros, dos obreros se cambian en la puerta de una caseta prefabricada. Unos metros más allá, sobre el Banco de España, hay un helipuerto insospechado para los que circulan por la calle. Unos pisos más abajo, el despacho de Rendueles es un pequeño tubo con un ventanal y las paredes completamente desnudas. Parecería desocupado si no fuera por una estantería en la que se amontonan libros de bolsillo de Benet y Marsé, publicaciones del Círculo y obras de Benjamin y Klossowski.

Ni un solo papel sobre la mesa. Cuando quiere consultar una fecha o un nombre recurre al ordenador. ¿Cosas de una generación cibernética? No necesariamente. Rendueles, además, no se siente muy dotado en un mundo audiovisual. Lo dice con el rigor del que lo cuestiona todo, porque lo cierto es que ha dirigido varios documentales producidos por el Círculo y publicados ahora en formado libro-DVD. Entre ellos, Antonio Gamoneda. Escritura y alquimia y Luis de Pablo. A contratiempo. También a eso le quita importancia: "Todo el mundo sabe que el cine es un trabajo colectivo".

"El problema es que se ha discutido a Marx en sindicatos y comisarías"

"Lavapiés tiene una mezcla de lumpen y elitismo"

Rendueles desembarcó en su actual trabajo hace cinco años, con 29. El encargo del director, Juan Barja, era montar un servicio de publicaciones, repensar Minerva, la revista de la institución, e impulsar la página web (www.circulobellasartes.com), que se ha convertido en un artefacto impagable que hoy permite consultar todos los contenidos, incluida la revista, que se generan en el viejo edificio de la calle de Alcalá. Cumplida la misión, se quedó como adjunto a una dirección que ha demostrado que hay público para una programación sin concesiones a la dictadura de la estadística. Un libro sobre Pasolini puede agotar varias ediciones y uno sobre arte digital, vender 5.000 ejemplares.

Hoy acude a diario a las oficinas de la quinta planta, pero reconoce que antes de trabajar allí no era un asiduo a su casa actual: "Venía a las conferencias, pero nunca he sido de ir a actos culturales. Soy más un lector de los que se quedan en casa". Ahora tiene más motivos: fue padre hace un mes: "Es una maravilla. Eso sí, se entiende a la primera la diferencia entre naturaleza y cultura sin recurrir a Lévi-Strauss".

César Rendueles llegó a Madrid desde Asturias con 18 años. Venía a estudiar filosofía en la Complutense, donde se doctoró con una tesis sobre Marx. Ahora da clases allí y en la Universidad Carlos III. Antes sobrevivió como lector para editoriales y traductor ocasional. Siempre, como dice él mismo, "entre lo académico y el underground". Con los papeles de la tesis todavía sobre la mesa participó en 2001 en la fundación del colectivo Ladinamo, un buen semillero de periodistas y gestores culturales. El 11 de septiembre de ese año abría en Lavapiés un café con el mismo nombre. En 2007, sin embargo, los propietarios del edificio decidieron no renovarles el alquiler de un local en el que lo mismo tocaba Nacho Vegas que daba una conferencia Agustín García Calvo.

De todo aquello, que empezó "como un proyecto de autoempleo", la parte más visible sigue siendo la revista Ladinamo (www.ladinamo.org), que trata de seguir la estela crítica de publicaciones como Triunfo o Ajoblanco. Es gratuita ("porque todo el mundo trabaja gratis") y el sábado pasado presentó su número 30 en el Patio Maravillas, según Rendueles "la experiencia cultural más importante de Madrid en los últimos años. Además, han conseguido salir de Lavapiés sin salir del centro".

En su opinión, Lavapiés, que, reconoce, hizo posible un fenómeno como el de Ladinamo, sufre un proceso de "gentrificación": la población original del barrio está siendo desplazada por otra con mayor nivel económico. "Una mezcla de lumpen y elitismo", dice Rendueles, "del que nosotros mismos, no nos engañemos, fuimos la avanzadilla. No es que de la noche a la mañana lleguen unos señores ricos con sus lofts, es que llegan, en parte, porque tú has abierto allí un café que les va bien".

Para César Rendueles, compatibilizar Ladinamo y el Círculo de Bellas Artes es más un problema de horario que de coherencia: "Amén de que no son excluyentes, la coherencia, la autenticidad, esas cosas, están sobrevaloradas. Se ensalzan las virtudes privadas en lugar de las públicas". Tampoco cree que haya un tapón generacional que niegue a los jóvenes ciertos puestos: "El tapón es el dinero, pero nos gusta buscarnos enemigos más visibles que el capital internacional". Rendueles pasó 10 años leyendo con lupa a Marx y dice que no le extraña que vuelva a tener actualidad: "Si pensamos en el fracaso brutal que ha sufrido nuestro modelo económico... El problema es que tradicionalmente se ha discutido a Marx en los sindicatos y en las comisarías. Y ha tenido partidarios atroces". En un tiempo en el que "se han ido al garete las políticas de Estado" y en el que todos luchan por ver quién es "el que más baja los impuestos", es difícil saber que es ser hoy de izquierdas. Rendueles da un par de pistas: "Confiar en un proyecto emancipatorio. Y recuperar el poder político arrebatándoselo a la economía".

Efectivamente, un día claro.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 11 de julio de 2009