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Columna
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Los cuernos

Manuel António Gomes de Almeida de Pinho (1954) tenía hasta el pasado jueves, 2 de julio del 2009, un portentoso historial. Doctorado en París, profesor visitante en Nueva York, economista del FMI en Washington, administrador del Banco Espírito Santo y del Banco Europeo de Inversiones, etcétera, etcétera, era hasta ese día ministro de Economía e Innovación del Gobierno de Portugal. Hay que felicitar a los editores de la versión lusa de la Wikipedia por la inmediatez y precisión en registrar el fatídico acontecimiento ocurrido en el pleno de la Asamblea de la República: "Pediu a demissão depois de ter feito um gesto simulando uma cena tauromáquica (apontando chifres) ao deputado Bernardino Soares, do Partido Comunista Portugués". Es decir, el ministro tuvo que dimitir sin demora después de hacer el gesto de poner los chifres o cuernos al adversario. He visto la escena en YouTube y es de justicia reconocer que incluso ese gesto de cornear lo hace Manuel Pinho de acuerdo con su historial: con brillantez y profesionalidad. No lo hace al modo vulgar o con desgana. Se lleva con arte los dedos indicadores a la testuz y en un alarde gestual, como un príncipe del aire del signo de Capricornio, embiste al reclamo rojo con los atributos frontales en estudiada simetría de toreo de salón. Ni que de víspera se hubiese leído los doce tomos de El Cossío. Es de destacar también, como puede verse en el vídeo, la posición hierática y de admirativo asombro que en ese momento mantuvo la intérprete de la Lengua de Signos, consciente de que asistíamos a un momento histórico de la gramática generativa. El verdadero problema de Manuel Pinho es que se equivocó de Parlamento. En España, a estas horas, todavía estaría dando el triunfal paseíllo por radios y televisiones, llevado en hombros desde la carrera de San Jerónimo a los gritos de "¡Torero, intelectual!". Y, por supuesto, ya habría dimitido el insultado.

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