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Reportaje:Tercera Copa de Europa azulgrana

Fiesta hasta en la Cibeles

Decenas de miles de personas toman Barcelona para festejar un 'triplete' que también se celebró en Madrid

Increíble. El centro de Barcelona se quedó pequeño. La euforia que tomó la fuente de Canaletes, la Rambla entera y la plaza de Catalunya se extendió por toda la ciudad. Toda. Hasta la zona alta se colapsó. El tráfico de la Diagonal, parado. La Gran Vía, cortada. Fuegos artificiales en plena calle en la Sagrada Familia, fiesta en Sants... De una punta a otra, la alegría se desbordó. Lo nunca visto. Si el Ayuntamiento buscaba descentralizar la fiesta -hubo pantallas gigantes en el Miniestadi y en el centro comercial Maremágnum, con 10.000 personas viendo el partido en cada punto-, la felicidad azulgrana lo consiguió.

Las tres celebraciones que en las últimas semanas han tomado el centro por la goleada al Madrid y la consecución de la Liga y la Copa del Rey se quedan pequeñas al lado de lo de la pasada madrugada. Justo acabada la final de Roma, eran 20.000 las personas las que ocuparon el centro. Una hora más tarde, la policía ya hablaba de 80.000. Pasada la medianoche, 100.000. A las dos de la madrugada, una veintena de ellas fueron detenidas por lanzar botellas y causar incidentes.

Cientos de 'culés' eligen el escenario madridista para disfrutar del triunfo

Pueblos y ciudades de toda Catalunya se sumaron a una fiesta para la que se agotan los adjetivos y que llegó hasta la madrileña plaza de la Cibeles, meca de las celebraciones del Madrid. Cientos de culé festejaron el triplete en la fuente y algunos se bañaron.

La euforia no cupo en casas y bares y se desbordó tomando las calles en forma de saltos, gritos, cánticos, banderas, caras pintadas, bocinazos, petardos... Lo que fuera para expresar la inmensa alegría que se apoderó de los barcelonistas después de lograr el triplete histórico. Si un marciano estuviera viendo la Tierra, habría que explicarle que la alegría es lo que vivieron anoche Barcelona o cualquiera de las ciudades que hicieron suya la tercera Champions. Literalmente, en las que la felicidad se echó a las calles.

La fiesta tendrá una segunda parte esta tarde, cuando la expedición azulgrana recorra Barcelona cubriendo el trayecto que separa la parte baja de la Rambla del Camp Nou para brindar la orejuda a la ciudadanía. Está previsto que el equipo llegue sobre las seis de la tarde al aeropuerto del Prat y la rúa, una comitiva formada por dos autobuses descapotables, saldrá de Drassanes sobre las siete. Recorrerá el Moll de la Fusta, subirá por Via Laietana, llegará a la plaza de Catalunya, Pelai hasta plaza Universidad y volverá a subir por Aribau para llegar a Travessera de les Corts por Còrsega, Urgell y la avenida de Sarrià.

En las horas previas al partido y mientras Barcelona contenía la respiración con media ciudad luciendo la camiseta azulgrana, el ambiente en Roma fue el de las ocasiones especiales. Algo grande pasa cuando Google personaliza su web y se la dedica al fútbol y cuando el papa Benedicto XVI saluda a un árbitro: Massimo Busacca, el suizo que pitó la final. La ciudad, bajo un calor estival, se convirtió en una fiesta, en la capital mundial del fútbol, tomada por 20.000 aficionados del Barça -llegados por tierra, mar y aire desde todos los rincones de España y del extranjero, de China a Estados Unidos pasando por Arabia Saudí- y 30.000 del Manchester United, 10.000 de éstos sin entrada.

El fair play reinó entre las dos aficiones, una convivencia apenas empañada en la noche del miércoles cuando un hincha inglés fue apuñalado en una pierna por un grupo de italianos. Además, la policía detuvo a tres seguidores azulgrana que llevaban porras y una jabalina.

Los dos impresionantes mosaicos formados por las aficiones rivales en el estadio Olímpico -dedicado al mítico Matt Busby, del Manchester, que hoy habría cumplido 100 años- ilustraron la emoción previa. Presidió el palco el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, acompañado por el Rey de España, don Juan Carlos; el príncipe Guillermo de Inglaterra, y los presidentes del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero -el primer ministro británico, Gordon Brawn, le envió un sms felicitándole por el triunfo de su equipo-, y de la Generalitat catalana, José Montilla.

El control de las entradas personalizadas funcionó, pero originó grandes colas en el Olímpico y también funcionó a rajatabla la Ley Seca implantada en el centro de Roma, razón que probablemente explica la poca afluencia de seguidores del Manchester en los puntos turísticos: se refugiaron en su fan zone, donde la cerveza estuvo permitida.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 28 de mayo de 2009