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Reportaje:El gran clásico

"Esta derrota refleja nuestro nivel"

Juande reconoce la inferioridad blanca ante 'grandes' como el Barça y el Liverpool, y Casillas sentencia: "Nos ha pasado un rodillo"

"Ahora sí que tendremos que trabajar de verdad", dijo Lass Diarra al salir del campo. El francés meneó la cabeza y habló con su habitual claridad conceptual. Vino a decir que el juego, para el Madrid, se terminó. Se acabó la competición. Empiezan cuatro jornadas de curro pelado, y luego, las vacaciones. Es lo que tiene que te agarre este Barça una noche de primavera, y con necesidad de puntos. "Nos ha pasado un rodillo", dijo Casillas. Aún dijo más: "Está todo perdido". Y Raúl, agotado tras el esfuerzo, soltó otra confesión: "¿Y ahora? Ahora a descansar... y a terminar de la mejor manera posible".

"Queríamos marcar pronto y ha funcionado", dijo el capitán; "pero ellos han dado la vuelta rápido y cuando tienen el balón y crean ocasiones, es imposible pararlos, se convierten en un equipo invencible. Quizás haya sido el día en el que he sentido más impotencia".

Para escarnio de Raúl y de Heinze, que hablaba a su lado con cara de extenuación, por el mismo corredor aparecieron Xavi y Juanjo Brau, uno de los preparadores físicos del Barcelona, dando gritos de triunfo: "¡Barça, Barça, Barcçaaaaa!". Heinze hizo un gesto de resignación y explicó su versión de los hechos: "Ellos hacen un fútbol extraordinario. Nosotros íbamos a ganar sí o sí y buscábamos más el desorden que otra cosa, para descolocarlos. Pero no hubo manera. Todas las veces que hemos intentado reaccionar ellos han dado la vuelta al marcador y así es imposible. Nos han aplastado". Mientras los jugadores se arrastraban hacia sus Audis, en la sala de prensa la cara huesuda de Juande pareció más huesuda que nunca. El entrenador del Madrid se asomó con una genuina expresión de pena. Parecía a punto de derramar una lágrima después de vivir en pleno escenario una de las noches más desastrosas de la historia del club. Hacía menos de una semana, la crítica lo ensalzaba como al heredero de los récords de Miguel Muñoz, una de las leyendas de la caseta local. A partir de ahora esos mismos libros lo inscribirán como al responsable del equipo que se llevó la mayor goleada del Barça en el Bernabéu. Es lo que tiene la estadística. Que aplicada al fútbol, marea y confunde. Y es lo que tiene la verdad, que resulta liberadora.

Así es que Juande, después de sentarse ante las cámaras y resoplar un poco, se relajó y dijo lo que tenía ganas de decir desde hacía muchas semanas de confusa remontada: "Las dos derrotas contra el Liverpool y las dos derrotas contra el Barça dicen el nivel que tenemos en estos momentos. Aunque nos duele mucho reconocerlo, los grandes de Europa nos han superado".

Juande evocó la eliminatoria en octavos de final de la Liga de Campeones, ante el Liverpool, y los dos partidos contra el Barça en el campeonato local. Fueron los encuentros más importantes que le tocó dirigir desde que llegó al Madrid, en diciembre en sustitución de Bernd Schuster, y los cuatro los perdió con claridad. El saldo de los cuatro duelos decisivos de la temporada fue de dos goles a favor y 13 en contra. Las palabras de Schuster, el entrenador defenestrado por el vestuario en diciembre, en una revuelta con tintes de autogestión vendida como un acto de grandeza, resonaron otra vez en la memoria de los hinchas. "Es imposible ganarle al Barça", había dicho antes de la visita al Camp Nou en la primera vuelta. Al cabo de los meses no se puede decir que Schuster estuviera en un error. El alemán, que ganó la Supercopa en el verano, se hartó de que Pedja Mijatovic, el director deportivo, le escamoteara jugadores, y se largó. En cualquier caso, Juande recogió su bandera y animó a la remontada. Para eso le contrataron.

"Me ha quedado un sabor de boca desagradable", confesó Juande; "en la ida nos metimos atrás y nos criticaron diciendo que jugamos como un equipo pequeño. Ahora fuimos adelante a buscar el gol. Quemamos nuestras naves. Asumimos riesgos y dejamos espacios. Y el Barça, con espacios, es letal. Esa ha sido la única diferencia con respecto a otros partidos: nosotros hemos jugado como siempre, pero el rival que nos encontramos esta vez sí supo aprovechar sus oportunidades".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 3 de mayo de 2009