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Reportaje:Diseño

Un arquitecto español para la nueva Oslo

Juan Herreros será el encargado de abrir la capital noruega al mar

La discreta y apacible Oslo está inmersa en una profunda transformación de su piel. Y de un modo algo insólito ha confiado en la arquitectura, en lugar de recurrir a las infraestructuras, para elaborar su futuro. Siguiendo el ejemplo de otras ciudades marítimas (léase Barcelona o Bilbao y la recuperación de su ría), la capital de un país que ama profundamente su naturaleza se prepara para abrazar definitivamente el mar. De modo que en 2011, la silueta de esta capital modelo de sociedad avanzada, ya no será la misma. El Museo Munch se ha configurado como la proa de una soberbia renovación urbanística que conquistará para la ciudad una isla naturista, una playa, un parque, un barrio de viviendas sostenibles y una librería.

El plan Lambda consta de un museo, un barrio, una playa y una isla naturista

Todo este conjunto de edificaciones, denominado Munch Area, ocupará una superficie de 50.000 metros cuadrados de Bjorvika, un barrio cargado de historia en la bahía de Oslo pegado al fiordo. Y será realizado por el estudio de Juan Herreros (El Escorial, Madrid, 1958), que acaba de ganar el proyecto en un concurso internacional al que concurrieron 20 equipos seleccionados con criterios muy estrictos, entre los que se encontraban Zada Hadid y Tadao Ando. Herreros se presentó bajo el seudónimo de Lambda, la letra griega con la que se representa la longitud de onda en fenómenos como la luz o las olas del mar y que también sirve de lema al proyecto. A esa representación obedece el envoltorio del edificio preeminente, el Museo Munch, que se ha forrado de vidrios ondulados para que reaccionen a los cambios de la temperatura del agua o del aire, como termómetro de las condiciones externas.

El museo se inspira en el lenguaje exuberante de su futuro morador, el pintor noruego Edvard Munch que falleció en 1944 dejando un profuso y desordenado legado que heredó su ciudad natal, Oslo. Herreros ha repartido en el edificio 16.000 metros cuadrados de superficie en tres alturas. La planta baja hace las veces de un gran living del barrio con un cine, un teatro, tienda, restaurante, guardería y un centro pedagógico. Actúa como una pequeña ciudad dentro del barrio. La siguiente planta es propiamente el museo, con salas totalmente blancas, neutras y ciegas donde se expondrán la obra de Munch y la colección Stenersen, además de lo más representativo del arte contemporáneo noruego. Por encima, un cuerpo translúcido que hace las veces de fachada del museo, ligeramente inclinado, por el que circularán las personas y que al ser de vidrio transparenta las escaleras mecánicas y las zonas de descanso. Como si fuera un andamio por donde los visitantes suben, pasean, entran a las exposiciones, toman un café... O como un museo convencional al que han puesto en pie con un objetivo: mostrar la ciudad y la imponente Ópera de Oslo, edificio vecino recién inaugurado, realizado por el equipo Snøhetta.

Una de las cuestiones que ha destacado el jurado es que el Museo Munch dialogue con la Ópera "al mismo nivel de importancia", manifestó el jurado, presidido por el arquitecto suizo Valerio Olgiatti, que arrastra la fama de ser un radical. "Es una declaración de arte y de acceso público para el fiordo. El edificio es elegante y emblemático por su simplicidad y será una torre de luz en la entrada del fiordo generando un sorprendente lugar para que las personas gocen del singular paisaje de Oslo".

Acompañando al museo, y dentro del proyecto de Herreros, se construirá una playa, a los pies de la Ópera, donde se podrán programar conciertos y otras actividades al aire libre. Como contraste a esa zona bulliciosa, y unida por un pequeño puente, se situará una isla naturista, un lugar para el silencio al borde de la ciudad, para el contacto con la naturaleza y el culto al cuerpo. Concebida como un balneario urbano estará equipada con piscinas y solarium. Los mismos principios de sostenibilidad que guían a estas zonas se aplicarán también al barrio de viviendas. "A la sombra de estos edificios surge una nueva ciudad y una nueva forma de moverse", resume Juan Herreros, profesor en la Escuela de Arquitectura de Madrid y en la de Columbia de Nueva York. "Oslo es una ciudad ejemplar por su interés por la arquitectura y por su austeridad. También por ser una sociedad muy civil que renuncia a la ostentación y elige un modo de vida austero y tranquilo y eso me atrae mucho", añade el arquitecto. "Este proyecto ha sido un regalo extraordinario", señala.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 4 de abril de 2009