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Reportaje:Primer plano

Europa, a por la regulación

El nuevo sistema financiero, obsesión de los Veintisiete

Esta vez Europa ha llevado la iniciativa y se presenta unida en Londres con un programa común de los Veintisiete para reformar el sistema financiero internacional. En la reunión del G-20 del próximo día 2 de abril en la capital británica, la Unión Europea contará con la mayor representación. Junto al anfitrión, el primer ministro británico, Gordon Brown, estarán presentes los líderes de Alemania, Francia, Italia España y Holanda, el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durão Barroso, y el primer ministro checo, Mirek Topolanek, en calidad de presidente de turno de la UE.

Como señala Katinka Barysch, director del Centre for European Reform (CER), "el G-20 es un proceso, no un evento, y esta cumbre es un ejercicio político y no sólo técnico". Un proceso que sin duda debe su origen a la propuesta que el presidente francés, Nicolas Sarkozy, y Barroso plantearon el pasado octubre al entonces presidente estadounidense George W. Bush en Camp David. "A pesar de las fuertes resistencias de Bush", señala un asistente al encuentro, "al final el mandatario estadounidense accedió a la reunión con la condición de que la primera reunión se celebrara en Estados Unidos", como efectivamente ocurrió el pasado 15 de noviembre en Washington.

El descalabro bancario acerca las posiciones de EE UU y la UE

Bruselas aumentará su contribución al FMI en 75.000 millones de euros

Se piensa en crear un Sistema Europeo de Supervisión Financiera

Los Veintisiete proponen elaborar una lista de paraísos fiscales

El propio Brown ha reclamado este nuevo protagonismo en el encuentro de Londres. "Propongo", dijo en el Parlamento Europeo esta semana, "que Europa desempeñe un papel central en sustituir lo que una vez se llamó consenso de Washington (conjuntos de políticas que promovían la desregulación, liberalización, privatización y disciplina fiscal) por un consenso con unos nuevos principios económicos para nuestros tiempos".

Aunque las grandilocuentes aspiraciones de "refundar el capitalismo" anunciadas entonces por el trepidante Sarkozy -aún bajo el shock del derrumbe de Lehmann Brothers- no se vean cumplidas, una reforma profunda del sistema financiero ya se ha puesto en marcha.

Según Katinka Barysch, los líderes mundiales se centrarán en dos cuestiones: "Cómo trabajar mejor conjuntamente para impedir una profundización de la recesión global y cómo evitar futuras crisis de tal magnitud".

El debate entre poner en marcha mayores planes de recuperación, defendido desde la otra orilla del Atlántico, y el de intensificar las reformas de la regulación y supervisión financiera, que priorizan los europeos, es un falso debate, señala una fuente comunitaria. "Deberíamos tener claro", afirma Barroso, "que no hay una dicotomía entre estimular la economía y mejorar la regulación. Necesitamos ambos", asegura.

Lo cierto es que el descalabro del sistema financiero en Estados Unidos y el Reino Unido ha aproximado mucho las posiciones de los anglosajones, tanto norteamericanos como británicos, con las de los europeos continentales. En el continente tampoco están para dar lecciones tras los clamorosos fiascos de Fortis y Dexia en Benelux, Hypo Real State en Alemania y Société Générale en Francia, por sólo citar los ejemplos más sonoros.

La realidad es que la crisis ha propiciado significativas y repentinas conversiones. Las conocidas reticencias de la Comisión Europea a regular los hedge funds (fondos de alto riesgo) y otros instrumentos financieros por parte del comisario Charlie McCreevy, con el pleno apoyo de Barroso -ante las insistentes demandas del presidente de los socialistas europeos, Poul Nyrup Rasmussen, y la eurodiputada Pervenche Berès-, se han diluido en cierta medida. Ahora Barroso ya es el adalid de la regulación financiera. "Ningún producto financiero, ninguna institución, ningún mercado, ninguna jurisdicción debería estar exenta de regulación", afirma. Y añade: "No más regulación por el gusto de regular. Necesitamos más regulación porque necesitamos mercados que funcionen correctamente de nuevo para financiar empleos y empresas".

También Brown, el apóstol de la globalización y el socialdemócrata más liberal, ha sacado sus lecciones de la tormenta financiera. "No es suficiente promover la autorregulación y permitir una carrera hacia la menor regulación; tenemos que acordar unos estándares internacionales de transparencia de información y también de remuneración".

En el documento de cinco páginas que el Consejo Europeo aprobó unánimemente los pasados 19 y 20 de marzo se pone el acento en "reforzar nuestra capacidad de gestión y prevención de crisis a nivel mundial". Con este objetivo se propone reforzar los instrumentos de supervisión del Fondo Monetario Internacional (FMI) a fin de consolidar su papel clave en la prevención de crisis.

No estamos, por tanto, todavía ante un nuevo Bretton Woods, como habían deseado algunos, que permitiría reformar tanto el FMI y el Banco Mundial, las dos instituciones nacidas en aquel complejo hotelero en 1944, pero sí ante un potente reforzamiento de ambas entidades. La Unión propone "aumentar de forma muy significativa" los recursos del FMI para ayudar a los países con problemas en su balanza de pagos. La UE ha aprobado aumentar el importe global de sus aportaciones en 75.000 millones de euros. En principio se aspiraba a duplicar los actuales recursos que maneja el Fondo, unos 250.000 millones de dólares, hasta 500.000 millones.

Últimamente, fuentes comunitarias apuntan ya a triplicar los recursos del fondo para alcanzar los 750.000 millones de dólares. Hay que tener en cuenta que Japón ya ha prometido incrementar su contribución en 100.000 millones y todavía no se han pronunciado importantes miembros como Estados Unidos, China e India.

Nicolas Véron, investigador de Bruegel, un think tank de Bruselas, profundo conocedor de la banca mundial, recomienda que el G-20 se centre en los asuntos de medio plazo como la arquitectura y gobierno de las instituciones. En este sentido, pone el acento en reformar el FMI. Considera que "para que los grandes países emergentes se sientan autorizados en el Fondo, Estados Unidos debería renunciar a sus derechos de veto y los europeos, simultáneamente, a abandonar su actual sobrerrepresentación".

De todas formas, el núcleo duro de la propuesta de la Unión es endurecer la regulación y supervisión financiera. Se trata de "garantizar la reglamentación y supervisión de todos los mercados y productos financieros y de los participantes en el sector financiero, que presenten un riesgo sistémico, sin excepciones e independientes de su país de domicilio".

En materia de supervisión, la propuesta de la UE se apoya en el informe elaborado por un grupo de expertos de alto nivel, dirigido por Jacques de Larosière, que propone la creación de un Sistema Europeo de Supervisión Financiera con tres autoridades en la UE (banca, seguros y valores) políticamente independientes. Lo relevante es que estas autoridades tendrán capacidad y medios para establecer directrices rigurosas y estándares de supervisón comunes. El objetivo de la UE es que los mencionados estándares comunes se adopten como referencia en la medida de lo posible a nivel mundial.

La propuesta europea incluye también la solicitud de que se elabore una lista de los paraísos fiscales o centros extraterritoriales. Quizá éste es el punto más espinoso. A pesar de las promesas de Londres, es donde hay más ambigüedad por parte de los británicos. Los conservadores han subrayado las contradicciones de Brown al reprocharle que el secretario de Estado del Tesoro, responsable de la lucha contra la evasión fiscal, lord Paul Myrnes, ha dirigido fondos especulativos en paraísos fiscales como Jersey y Bermudas.

Para armonizar las instituciones europeas con las estadounidenses, Carmine Di Noia y Stefano Micosi, del Centre for European Policy Studies (CEPS), recomiendan "crear un fondo europeo que podría emitir bonos y facilitar las iniciativas de las instituciones europeas para sus operaciones de ayuda". De esta manera se podrían igualar los instrumentos para la gestión de crisis del Banco Central Europeo (BCE), que son menos amplios que los de la Reserva Federal.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 29 de marzo de 2009