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HISTORIAS DE UN TÍO ALTO | NBA

Estadísticas y falsedades

En la universidad me enseñó estadística una india con un inglés terrible. La clase duraba hora y media y era después de comer, lo cual la convirtió en una perfecta preparación para mis estancias en España y la consiguiente exposición al concepto de siesta.

Todo esto es para decir que no soy estadístico. Sin embargo, sí sé lo bastante sobre el campo para entender que es una ciencia imperfecta. Uno puede manipular las estadísticas a su antojo: si quisiera, podría probablemente hacer que pareciese que la Tierra se está enfriando o que el déficit presupuestario estadounidense es algo bueno. Cualquier debate sobre estadística debería abordarse con precaución. Excepto éste, porque sé que tengo razón acerca de las estadísticas de la NBA.

Era una broma. Recuerden: en el mundo de las estadísticas nadie tiene toda la razón sobre nada.

Pienso que he dado con algo cuando declaro que es hora de que la NBA -y todos los que están en el baloncesto- reconsideren su modo de ver las estadísticas. El objetivo de un partido es ganar. Ese objetivo no se refleja necesariamente en el sistema actual para llevar la cuenta de las estadísticas del baloncesto. La gente sabe cuántos puntos marca LeBron James, pero no sabe si está ayudando a su equipo a ganar (sí lo hace, por cierto).

En los últimos años, tras la publicación de un popular libro sobre el impacto de las estadísticas en los cambios de personal en el béisbol (Moneyball, de Michael Lewis), alguna gente del baloncesto se ha percatado del hecho de que llevar la cuenta de los puntos y los rebotes no ayuda necesariamente a predecir las victorias. Otros son conscientes de que ganar partidos sirve para ganar dinero (ver The Wages of Wins, de David Berri). Parecería, por lo tanto, que la gente empezara a preocuparse por la forma de juzgar si los jugadores producen victorias, ya que, lógicamente, a la gente le gusta el dinero y los propietarios de equipos de baloncesto son gente.

Este año me he dado cuenta de que la página de Internet espn.com colgaba una columna más/menos con sus otras estadísticas de la NBA. Esta estadística, en esencia, mide el impacto de un jugador sobre el resultado final del partido haciendo un seguimiento de los puntos marcados cuando el jugador está en la cancha y cuando está en el banquillo. Por ejemplo, un martes de enero, si los Heat de Miami están 17 puntos por encima de su rival cuando Dwyane Wade está jugando y seis puntos por debajo cuando está en el banquillo, Wade recibiría una puntuación más/menos de +23. Es una medida asombrosamente simple, pero también asombrosamente eficaz.

Pero uno pasa apuros cuando trata de encontrar totales acumulados de esta estadística más/menos. Es una misión posible, pero difícil (la mejor página que he encontrado es 82games.com). Pienso que hay una razón para esto. A algunos directores generales, en concreto, les interesa mucho esta información: quieren evaluar por qué sus jugadores son mejores o peores que otros y, en consecuencia, si seguir pagándoles o no. Pero a la NBA, en cuanto entidad, no puede entusiasmarle que esté disponible la información referente a la efectividad real de un jugador determinado. La NBA vive del poder de las estrellas. No sería bueno que la gente supiera que Jamario Moon (Raptors, media más/menos este año: +11,2) es mejor que Allen Iverson (Pistons, media más/menos de este año: -2,2) (suponiendo que mejor signifique ayudar a ganar partidos, que es lo que debería significar).

El sistema más/menos no es perfecto, desde luego. Probablemente, es más eficaz cuando se compara a los jugadores de un equipo concreto; la comparación entre equipos es más difícil porque los buenos jugadores de los equipos malos están penalizados por la relativa mala calidad de su equipo. Pero es un paso en la buena dirección. Por consiguiente, busquen esta información. Averigüen si su jugador favorito se merece de verdad los millones que gana. Exijan que se use.

Mejor aún: no se duerman en la clase de estadística y a lo mejor así se les ocurre el sistema perfecto para resolvernos a todos este problema.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 9 de marzo de 2009