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La nieve sume Londres en el caos

La peor tormenta en 18 años obliga a cerrar aeropuertos y el transporte público

Los aeropuertos de Londres, cerrados o trabajando a cuentagotas. Los autobuses, aparcados en las cocheras. La mayoría de los trenes, suspendidos. Las calles casi vacías de automóviles y las autopistas de la periferia embotelladas. Casi todas las escuelas, cerradas. Un 20% de los trabajadores británicos, en casa. Cientos, quizás miles, de oficinas y comercios sin abrir por falta de personal...

Consecuencia: cerca de 4.000 millones de euros perdidos en plena crisis. Los niños en la calle jugando con la nieve y los adultos pensando en los resbalones del día siguiente, cuando la hermosa nieve blanca se convierta en una negra masa de hielo resbaladizo y traidor. Los más afectados, clamando contra las autoridades. Y el Gobierno y el alcalde de Londres, "razonablemente satisfechos, dadas las circunstancias".

Las pérdidas por el mal tiempo se estiman en unos 4.000 millones

Las circunstancias son la peor nevada vivida por Londres y amplias zonas del sudeste de Inglaterra en 18 años. Más de 20 centímetros de nieve engalanaban ayer las calles de la capital y se temía que, por la noche, alcanzara los 30 centímetros. En las zonas más elevadas del norte del país, hacia donde se fue extendiendo el temporal a lo largo del día, la nieve puede alcanzar los 50 centímetros.

Los avisos que desde hace unos días había lanzado el servicio meteorológico no sirvieron para evitar el caos. Londres, una ciudad poco acostumbrada a la nieve, no quedó aislada, pero casi. British Airways suspendió todos sus vuelos hasta las cinco de la tarde en Heathrow, donde sólo funcionaba, y con exasperante lentitud, una de las dos pistas. Gatwick trabajó algo mejor, pero a medio gas. Stansted acabó cancelando casi todos sus vuelos. Luton y el aeropuerto de la City de Londres, cerraron.

Al problema de los retrasos y las cancelaciones se sumó el martirio de llegar a o salir de los aeropuertos, con los enlaces ferroviarios y de autobús suspendidos o trabajando a niveles mínimos.

En el metro de Londres sólo funcionó con normalidad la línea Victoria, la única que tiene soterrado todo su recorrido. Todas las demás estaban total o parcialmente suspendidas. Los autobuses ni siquiera salieron de sus cocheras, por razones de seguridad. Quizás fue ésa la decisión más polémica de todas porque los coches particulares sí podían circular por las principales arterias de la capital. Más difícil era el tránsito por las callejuelas de las barriadas residenciales, donde la nieve se acumulaba con más facilidad por la ausencia de tráfico rodado. Ése se convirtió en terreno acotado para niños y muñecos de nieve.

Pero lo peor está por venir hoy por la mañana, cuando la nieve se convierta en hielo durante la noche y calles y aceras se transformen en una imprevisible pista de patinaje para vehículos y peatones. Las previsiones señalan que las temperaturas alcanzarán a lo largo del día los cuatro grados y que las nevadas se convertirán en lluvia. El calibre de las críticas al alcalde Boris Johnson y al Gobierno dependerá de que se cumpla o no ese pronóstico.

La nieve también afectó, aunque en menor medida, a varios países y ciudades del centro y norte de Europa. En París, la nevada causó grandes atascos en las entradas de la ciudad y decenas de líneas de autobús tuvieron que suspender el servicio.

En Irlanda, la peor parte se la llevó el tráfico aéreo, con importantes retrasos en todos los aeropuertos del país, mientras que la nieve acumulada en los raíles de las líneas del Eurostar de Francia, Bélgica y Reino Unido también afectó al servicio.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 3 de febrero de 2009