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Estrellas de la galaxia navarra

Desde Ochagavía, en el norte, hasta el monasterio de Fitero, en la Ribera, una ruta por monumentos y paisajes únicos

Cada región se puede contar mediante hitos, a través de los tesoros monumentales o naturales que la conforman. Un concurso popular organizado por el Gobierno de Navarra y el Diario de Navarra ha servido para que los votantes elijan las diez maravillas de esta comunidad. Paisajes como el Barranco de Peñalén o las foces de Arbayún y Lumbier; pueblos pintorescos como Olite, Ochagavía o Ujué, legados arquitectónicos como el románico de la Valdorba o el Cerco de Artajona; templos como el Monasterio de Fitero, la basílica de San Gregorio o la iglesia de Santa María de Sangüesa.

Una ruta peculiar hecha de herencias de piedra, hayas y ríos. En total, diez tesoros entre monumentos, localidades y paisajes naturales. Desde el pueblo de Ochagavía en el norte, hasta el Monasterio de Fitero en la Ribera.

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1. Cerco de Artajona

Se considera una de las mejores villas amuralladas de Navarra y, sin embargo, sus orígenes tienen más que ver con la iglesia que con la milicia. El conocido como Cerco de Artajona, un lienzo casi continuo de muralla que rodea la parte vieja de esta villa de la Zona Media (denominación digna del Señor de los Anillos), con un perímetro arriñonado forzado por los caprichos del terreno, empezó a levantarse hacia el siglo XI, cuando en plena pelea entre agramonteses y beaumonteses del viejo Reyno de Navarra la villa y la iglesia fueron donadas a los canónigos de Saint Sernin de Toulouse.

Fue el abad Hugo de Conqués quien acometió la construcción de la muralla y la repoblación de la comarca. Visto a lo lejos, el cerco aparece como una línea esquemática de ángulos rectos, erizada de almenas y torreones prismáticos sobre los que destaca uno, la torre-campanario de la iglesia de San Saturnino, que más que templo destinado al culto parece una continuación del baluarte defensivo.

A pesar de grandes reformas en siglos posteriores, el cerco de Artajona ha llegado hasta nuestros días como una reliquia de la construcción militar de la baja Edad Media, una línea de sillería que envuelve a uno de los cascos urbanos más monumentales de Navarra, repleto de casonas e iglesias. De entre estas últimas, una destaca muy por encima, la iglesia de San Saturnino, la que empezó a levantar el canónigo Conqués, desde cuyo campanario, conocido como la torre del Cerco, se bandean en fechas señaladas las cuatro campanas que aún conserva. Se bandean de forma asincrónica y al revés que en el resto del mundo; es decir, impulsándolas hacia arriba, mediante el esfuerzo de tres hombres que se van relevando en cada una de ellas. Ser bandeador en Artajona es como tener un título nobiliario. Y verlos actuar, todo un espectáculo.

2. La Valdorba

La Valdorba, una de las comarcas más desconocidas de Navarra, queda a mitad de camino del Pirineo y del valle del Ebro. La transición entre la Navarra euskaldun y la Navarra de llanura, por tanto. Una tierra ondulada, de contrastes, donde abundan los bosques, las setas otoñales, los puentes medievales y los pueblos encantadores con nombres acabados en ain ?Catalain, Orisoain, Eristain, Barasoain...? uno de los sufijos de la toponimia vasca que más ha dado que hablar y que puede significar alto o cumbre.

No obstante, la Valdorba es más conocida por poseer uno de los mejores muestrarios del románico navarro. Templos pequeños, delicados, auténticas sorpresas en piedra tallada oculta en aldeas minúsculas o despoblados anónimos. Es el caso de la ermita del santo Cristo de Catalain, con un gran ábside y estilizados ventanales. Aunque hoy veamos sólo la iglesia, ésta fue parte de un conjunto monástico que tuvo gran influencia económica y repobladora en la zona y funcionó como clavería de Roncesvalles. La iglesia está orientada de este a oeste, y el sol incide directamente por los ventanales frontales y traseros según la hora del día.

Más famosa todavía, San Pedro de Echano, en Olóriz, presenta unos capiteles historiados como remate de las columnas que sujetan las arquivoltas, que son un maravilloso muestrario de escultura profana.

La iglesia parroquial de Orisoain, en la plaza del pueblo, forma junto con el vecino palacio de Orisoain uno de los entornos urbanos más fotogénicos de la Valdorba.

La Asociación para el Desarrollo de la Valdorba organiza casi todos los fines de semana rutas guiadas por el románico de la comarca navarra; para obtener más información de fechas y disponibilidad, consulte en la web: www.valdorba.org.

ALFREDO PIEDRAFITA

3. Arbayún y Lumbier

Alfredo Piedrafita (Pamplona, 1960), guitarrista del grupo Barricada, adora las foces de Arbayún y Lumbier. Declaradas Reserva Natural, las foces conforman un paisaje escarpado, rocoso y alejado de la civilización. "Solía ir mucho de joven. Acampaba con amigos de forma salvaje: sin zona de cámping, ni farolas, ni bares o quioscos al lado. Hacíamos una hoguera y nos preparábamos unas buenas chuletas para comer". Piedrafita dejó de ir durante una temporada, pero cuando su hijo nació, retomó la afición: "Es una zona estupenda para salir con los críos. No pasan coches y el recorrido se puede hacer en bicicleta".

La de Arbayún es la garganta más extensa de Navarra, un desfiladero espectacular formado por el río Salazar. Pero a pesar de los 400 metros de altura que pueden alcanzar sus impresionantes paredes verticales, el paseo no es complicado. "No hay pendientes, es una ruta estupenda", apunta el pamplonica. La de Lumbier es más estrecha, pero el paisaje labrado por el río Irati es igual de asombroso. Además depara otras sorpresas. "En Lumbier hay una colonia de buitres leonados que suele volar sobre el acantilado. Es un espectáculo impresionante". Muy cerca queda el Centro de Interpretación de las foces de Arbayún y Lumbier (plaza Mayor de Lumbier. 948 88 08 74. Abre de martes a jueves, de 10.00 a 14.00. Fines de semana, también de 16.30 a 19.30), que ayuda a conocer mejor estas impresionantes gargantas excavadas en la roca por efecto del agua. "En Lumbier y en Sangüesa se come muy bien. Se puede probar el ajoarriero, un plato muy navarro. Lo recomiendo a los amantes del bacalao. A mí en temporada me encanta tomarme un buen plato de alubias pochas de Sangüesa. Enganchan si tienes un estómago fuerte. Después del festín, lo suyo es darse un paseo de una hora por la foz de Lumbier, que ahí está todo muy aireado...".

El guitarrista tiene muy claro la banda sonora que escogería para visitar de nuevo este paraje agreste: "Welcome to the Jungle, de Guns & Roses, o cualquiera de su disco Appetite for Destruction. Me imagino escuchando ese tema a muy buen volumen con el eco que hay allí... Creo que me voy a ir a escucharla allí en breve".

4. Monasterio de Fitero

Un soberbio edificio monacal se levanta sobre un pequeño pueblo de la llanura navarra. La localidad se llama Fitero. Y el vasto conjunto de iglesia, claustro, palacio abacial, hospedería, sacristía, biblioteca y refectorio: Santa María la Real de Fitero, la primera construcción del Císter en Navarra y una de las primeras de España. Si aún hoy impresiona el tamaño y la riqueza arquitectónica del conjunto hay que imaginarlo en 1247, cuando se cree que ya estaba terminada la primitiva iglesia románica y sus edificios anexos. La regla de los monjes blancos del Císter, ora et labora, obligaba a buscar lugares apartados y solitarios para establecer sus fundaciones, lo que a la larga generó una importante repoblación del territorio. Estamos por tanto ante el embrión sobre el que se desarrolló buena parte de la historia de Navarra.

No obstante, al visitante actual sorprenderá más la altura de la nave principal y de la torre prismática que domina el conjunto. Ambas sobresalen de forma exagerada sobre los tejados de la aldea. Quedan elementos del monasterio medieval, como la bella sala capitular y parte del dormitorio de los monjes. También hay añadidos renacentistas, como el claustro, y grandes ejecuciones barrocas, como la fachada de la Plaza de la Orden, y otras manieristas, como el palacio Abacial. La historia del arte y de Navarra están escritas en las piedras del Císter.

PATXI MANGADO

5. Ujué

"Desde el punto de vista arquitectónico, Ujué es una joya". Lo dice Patxi Mangado (Estella, 1957), prestigioso arquitecto que ha firmado el Pabellón de España en la Expo de Zaragoza 2008, lo que le ha valido la candidatura a los premios europeos Mies van der Rohe por esa obra. El arquitecto navarro conoce desde niño este pueblo monumental situado a 53 kilómetros al sur de Pamplona. "Es impresionante. Se encuentra en un montículo, a 815 metros de altura, dominando los Pirineos y las tierras de la Ribera", describe. Una localidad que impresiona de lejos y de cerca. "Ujué se levantó como ciudadela en la Edad Media. Entonces, se construyeron su santuario- fortaleza, sus casas y su muralla gótica". Esta identidad defensiva que menciona aún se conserva en su laberinto interior. "Su tesoro está en el corazón: la iglesia de Santa María, un templo fortaleza que mandó acorazar el rey". El monarca era Carlos II el Malo, quien, a mediados del siglo XIV, protegió el santuario con torres, pasos de ronda, contrafuertes y repechos. Un remolino que asombra a Mangado: "Sus casas arracimadas son de las más bonitas que yo he visto".

Tierra y piedra

Pero no es sólo su estructura fortificada la que convence al arquitecto. "Ujué pertenece a esa clase de sitios donde lo natural y lo artificial van de la mano, donde la tierra se funde con lo construido. Al estar en medio de la nada, se lee muy bien el paisaje. Cuando se sube a su colina y se mira a lo lejos parece un todo. El pueblo está en continuidad con el campo". Un cuadro armonioso que funciona gracias a la paleta de colores. "Las tonalidades de las construcciones son muy parecidas a las del entorno. Todos los edificios emplean el mismo material [piedra de mampostería] y se funden en una unidad densa y atractiva. Ujué es de una intensidad paisajística y arquitectónica impresionante".

Mangado recomienda visitar este enclave histórico en verano o en primavera. "Las puestas de sol son extraordinarias. En los atardeceres, justo cuando la luz incide por la tarde y baña el templo románico y las casas en tonos rojizos". Antes de marchar, el arquitecto sugiere llenar bien la panza: "En esta zona preparan las mejores costillas de Navarra y unas migas excelentes. Una cocina sencilla, simple y austera. Como las casas de Ujué". E insiste: "No hay que esperar grandes sofisticaciones culinarias, pero los platos son extraordinarios. Es todo muy elemental, primitivo pero muy sabroso. Como el propio pueblo".

6. Ochagavía

Las casonas navarras con siglos de historia sobre sus dinteles blasonados servían de escenario a los veraneos adolescentes. Y el denso mundo de una sociedad rural hecha a golpe de vacas, prados, misas dominicales y tradiciones escondía un drama familiar.

Secretos del corazón, la película de Montxo Armendáriz rodada en Ochagavía, se convirtió en un homenaje a ese mundo rural ya casi desaparecido y a la vida sosegada y apacible de los pueblos de la montaña navarra. El día a día del valle de Salazar se parece ya muy poco al de aquel de los años sesenta que reflejaba el filme, pero la estampa de Ochagavía, la localidad más pintoresca del valle, sigue igual de bucólica y sugerente. Un entramado de recios casones de sillar de piedra, auténticas fortalezas de la tradición familiar, con sus ventanales rojos, sus macetones de flores y sus escudos nobiliarios tallados en piedra.

Ochagavía se encuentra en el Pirineo navarro, en la confluencia de los ríos Anduña y Zatoya, muy cerca de la selva de Irati, una misteriosa e impenetrable jungla de bosque autóctono (haya, roble, abeto blanco) que baja desde el pico Orhi y se desparrama por ambas orillas del cauce del Irati, uno de los hayedos más extensos y mejor conservados de Europa. Se trata de una de esas sorpresas que el viajero suponía extinguidas en el tiempo. Sólo su condición fronteriza y poco accesible y la tala selectiva que se ha llevado a cabo explican la sorprendente espesura del bosque de Irati, un lugar privilegiado para los paseos a pie o en bicicleta por una de las manchas forestales menos tocadas del Pirineo.

7. San Gregorio Ostiense

El Camino de Navarra encierra múltiples sorpresas. Tantas que incluso a veinte kilómetros de la traza compostelana, en la etapa que va de Estella a Los Arcos, aparecen maravillas de la arquitectura religiosa vinculadas al mito jacobeo como esta basílica dedicada a San Gregorio, el santo local que llegó a ser obispo de la diócesis de Ostia (el puerto de Roma). San Gregorio fue otro de los grandes benefactores del Camino, aunque quedó olvidado en las guías y libros en beneficio de otros santos constructores más mediáticos, como santo Domingo de la Calzada y San Juan de Ortega. De hecho, fue San Gregorio quien ordenó sacerdote a Santo Domingo.

Lo que hoy vemos a las afueras de la pequeña localidad de Sorlada es la iglesia barroca que se construyó en el siglo XVIII para arropar el sepulcro del santo, o al menos su cráneo, que es lo único que se conserva del piadoso esqueleto. Es una obra altiva, soberbia, como todas las del barroco, proyectada para abrumar. Tanto más cuando se eleva solitaria en lo alto de un otero, lo que magnifica sus proporciones. En este sentido, recuerda a la iglesia gótica isabelina levantada en honor de su compañero de fatigas jacobeas, San Juan de Ortega, que también se levanta magnífica y solitaria en mitad de la nada.

La fachada de la basílica de San Gregorio tiene algo de catedralicia y está rematada por una bóveda en cuarto de esfera.

Por dentro nos esperan los excesos decorativos del neoclasicismo del siglo XIX, cuando se decoró la nave principal con pinturas murales y panes de oro.

HELENA RESANO

8. Sangüesa

"De las diez maravillas que han salido elegidas en el concurso, la iglesia de Santa María la Real, en Sangüesa, es quizás la menos conocida y la más escondida. Pero esconde varias sorpresas". Tesoros ocultos que la presentadora de informativos de La Sexta Helena Resano (Pamplona, 1974) nos ayuda a descubrir de primera mano.

"Junto a Roncesvalles, es uno de los mejores legados románicos que nos ha dejado el Camino de Santiago", afirma. A Resano le encanta dejar volar su imaginación delante de su portada, levantada entre los siglos XII y XIII: "Las figuras son muy expresivas. Me gusta imaginar lo que pensaban los peregrinos de la Edad Media al admirar el pórtico. Santiago de Compostela les quedaba aún muy lejos, tenían varios días de marcha por delante. Delante de esa portada, los veo reflexionando sobre el porqué de su largo viaje".

La presentadora ha pisado varias veces esta iglesia, situada junto al puente sobre el río Aragón. "Para mí es una parada en el camino, un sitio de paso. Además los navarros asociamos Santa María la Real con la Javierada [peregrinación que se hace los dos primeros sábados de marzo desde Pamplona ?principalmente? hasta el castillo donde nació san Francisco Javier, patrono de Navarra], con el cansancio de un día caminando".

Los recuerdos que Resano tiene de este templo, declarado monumento nacional en 1889, vienen de lejos: "Mis padres nos llevaban a visitar un lugar distinto cada fin de semana. A veces íbamos a Sangüesa, esa ciudad en la que siempre te tapabas la nariz al entrar con el coche [a causa del olor producido por la planta de Papelera Navarra] y de la que te marchabas pensando en caballeros y peregrinos". A continuación relata el siguiente episodio de sus primeros años de profesión: "La SER de Pamplona me envío a cubrir un pleno del Ayuntamiento de Sangüesa. No recuerdo el motivo pero sí que un político se retrasó y teníamos que esperar. Me puse a andar por la calle Mayor, terminé justo frente a la Iglesia. Hacía calor, así que entré a reflexionar. Y recordé todas aquellas veces en las que llegaba exhausta a Sangüesa después de la Javierada. Me acordé de ver el puente que cruzaba hacia la ciudad y de pensar: 'bueno, ya sólo queda dormir". Por último, la periodista añade más paradas para disfrutar de una ruta completa: antes de llegar a Sangüesa compensa parar en la foz de Lumbier. "Da paz ver esa maravilla, ese monte cortado en dos y abajo, muy lejos, muy lejos, el causante de esa dentellada: un minúsculo río que siglo tras siglo ha conseguido cortar el monte en dos". "Luego me desviaría a Leyre", añade, "al monasterio. Entraría en la iglesia y me sentaría a escuchar... la nada. Tras disfrutar de Sangüesa cogería el camino hacia Javier y comería en el hotel Xavier, justo en el castillo".

9. Barranco de Peñalén

Desde la lejanía, observado por ejemplo desde la carretera NA-115, el barranco de Peñalén parece la piel reseca de un brontosaurio o el lienzo apergaminado de un pintor medieval. Desde arriba, en cambio, desde el mirador de Peñalén, el paisaje se ensancha y lo que se ve es una llanura interminable, verde y fértil, donde se unen el Arga y el Aragón y donde despuntan sotos, choperas y pinares. Un horizonte que sólo muere en las Bardenas, por un lado, y en las alturas del Moncayo, por otro, por la vertiente meridional.

Aunque la asepsia científica nos diga que el barranco de Peñalén es un acantilado de margas, un tipo de roca sedimentaria compuesta por caliza y arcilla, impermeable, de textura grumosa y fractura concoidea que los ríos que bajaban del Pirineo se encargaron de erosionar, el imaginario popular prefiere conjeturar toda suerte de leyendas y fantasías en este paredón erosionado. De excepcional belleza y altura (392 metros en su cota más alta), se ubica en las cercanías de la localidad de Funes. Cambia de tonalidades según la hora del día y la época del año, del amarillo desvaído en el cénit del estío al rojo fuego atardeceres otoñales contrasta con el verde de las vegas de regadío que le rodean gracias a los aportes de esos dos afluentes del Ebro que unen sus aguas y sus destinos justo a los pies del acantilado.

En algunos escritos aparece como el barranco del Rey, porque según la historia (que aquí se mezcla con la leyenda), el rey Sancho Garcés IV murió despeñado por este barranco en 1076; si se cayó accidentalmente o lo despeñaron sus enemigos es algo que quedará oculto entre las margas erosionadas de esta pared camaleónica.

MIKEL URMENETA

10. Olite

Olite suena a cuento, a reyes y palacios. Esta localidad situada a 42 kilómetros al sur de Pamplona es célebre por su restaurado castillo, declarado monumento nacional en 1925. Una fortificación que hace las delicias de Mikel Urmeneta (Pamplona, 1963), fundador de la marca Kukuxumuxu (en vasco, "beso de pulga"). "Es un escenario perfecto para imaginar lo caprichosa que era la realeza de la época". La biografía de Urmeneta está ligada ?"la primera vez fui con mis padres, cuando era muy pequeño"? a este icono construido a partir del siglo XV obedeciendo los deseos del rey Carlos III El Noble, y su esposa, Leonor de Trastámara. Para el responsable de esta firma textil con raíces sanfermineras, Olite ha sido también buena alcahueta: "Hace muchos años, en fiestas de Olite, me fui a hacer manitas con una chica de un pueblo cercano. No sé qué pasó pero me desperté de día, en un banco, con mucho calor y mucha resaca. Mis amigos se habían vuelto a Pamplona. Volví a dedo". Y sentencia: "Para mí un día ideal en Olite sería: otro día de fiesta, pero con más memoria y menos resaca".

El alma máter de Kukuxumusudescribe el entorno monumental de esta ciudad como un decorado de ensueño. "Es un paisaje para imaginar. Elegante y rural. En cierto modo es un lugar imposible. De fantasía". Pero Olite, reflejo del esplendor de la realeza es mucho más que su castillo, compensa recorrer las calles con sus nobles caserones de piedra y sus galerías medievales.

Vino y pinchos

La guinda la pone la gastronomía mía: "En Olite recomiendo ir de pinchos y probar los vinos de la zona, de los mejores de Navarra". De hecho, una visita a su Museo del Vino (plaza de Teobaldos, 4. 948 74 12 73. De lunes a viernes, de 10.00 a 17.00. Fines de de semana, hasta las 14.00. Entrada, 3,50 euros) es otra buena manera de acercarse a la denominación de la tierra. "Luego sugiero una siesta una siesta en la Laguna de Pitillas con el ruido de los patos".

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GUÍA

Información

» Turismo de Navarra (848 420 420; www.turismo.navarra.es).

» www.rutasnavarra.com

» www.navarragastronomia.com

» Oficina de Turismo de Navarra en Madrid (914 26 47 72).

» Ayuntamiento de Sorlada (www.ayuntaweb.info/sorlada).

» Peñalén: Funes (www.txarangapenalen.com).

» Oficina de Turismo de Olite (948 74 17 03; www.olite.es). Plaza de los Teobaldos, 10.

» Oficina de Turismo de Sangüesa (948 87 14 11; www.sanguesa.org). Mayor, 2.

» Turismo de Fitero (www.fitero.org; 948 77 66 00).

» Artajona (www.artajona.net).

» Turismo de Ochagavía: Centro de Interpretación de la Naturaleza (948 89 06 41).

» Turismo de Lumbier: Centro de Interpretación de la Naturaleza (948 88 08 74). Plaza Mayor, s/n.

» Asociación para el Desarrollo de la Valdorba (www.valdorba.org).

» www.navarramedia.org.

Visitas

» Iglesia de Santa María la Real (948 87 01 32). Mayor, 1; Sangüesa. Entrada: 1,95 euros. Grupos, 1,65 euros.

» Cerco de Artajona. San Saturnino, Artajona. Visitas guiadas, con cita previa en el 636 09 88 20.

» Monasterio de Fitero (948 77 66 00; www.fiteroellegadodeunmonasterio.com). Plaza de la Iglesia, 12. Entrada: 3 euros.

» Basílica de San Gregorio Ostiense (948 53 40 15). Sorlada. Abierto de 12:00 a 13:30 y de 16:45 a 18:30. Domingos, de 16:45 a 18:30. Visitas guiadas en el 948 53 40 15 (hermano Rufino) o en el 948 54 50 06.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 27 de diciembre de 2008

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