Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Crítica:MÚSICA

Mármol musical

El mejor Mendelssohn es el de las distancias cortas, como el de las Romanzas sin palabras para piano. También es genial el jovial. En el solemne hay de todo, desde lo bien resuelto a lo devorado por la pompa, como la Sinfonía núm. 2 Op. 52 "Lobgesang", puro mármol musical que, por desgracia, era la pieza fuerte de la OBC. La obra tiene un origen débil, pues encargar a alguien que componga algo para el 400 aniversario de lo que sea, en este caso la imprenta, no es una "idea fuerte". El resultado: una obra bien compuesta pero rimbombante que alaba al Supremo Hacedor, si bien Gutenberg no sale en parte alguna.

En medio de la parafernalia, sin embargo, anida uno de los momentos más conmovedores de Mendelssohn, el dúo de sopranos con coro "He esperado en el Señor y él se ha inclinado hacia mí", que las solistas Elena de la Merced y Ulrike Haller, y el Cor de Cambra del Palau de la Música, resolvieron a muy buen nivel. La orquesta liderada con elegancia y equilibrio por Carlo Rizzi también respondió considerablemente bien en una obra que habría podido derivar hacía el muermo. En la primera parte, un telonero de lujo, Mozart y su sinfonía Júpiter, recibieron una interpretación que, a cargo de la OBC, no podía seguir la moda actual de las pequeñas orquestas de instrumentos de época, pero que estuvo llena de bellos detalles.

Obras de Mendelssohn y Mozart

Temporada de la OBC. Auditori. Barcelona, 12 de diciembre.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 16 de diciembre de 2008