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Apuntes

Ingenieros como los blancos

¿Saben aquell que diu que no quería estudiar en una rama de la ingeniería, sino que quería estudiar en pupitre, como los blancos? Es un chiste de tiempos pasados... ¿O no? Déjenme explicarles un problema del que quizás hayan oído hablar sin terminar de entenderlo.

La ingeniería es un conjunto de conocimientos científicos y tecnológicos junto a unas metodologías de aplicación para resolver un problema o cubrir una necesidad. En la Universitat de València, donde yo trabajo, se enseñan las aplicaciones de la ciencia y la tecnología desde antes que yo naciera, y se imparten titulaciones de ingeniería química, ingeniería electrónica, ingeniería informática e ingenierías técnicas de telecomunicación desde hace 15 años.

Tradicionalmente, en España las diferentes titulaciones de ingeniería tienen atribuciones profesionales, lo que implica que determinados proyectos, instalaciones o actividades deben ser realizadas o supervisadas por personas con una titulación específica. Por ello, la formación de los estudiantes de una especialidad debe tener un tronco común, que en la actual reforma de los planes de estudio se ha recogido en unas fichas que establecen el núcleo de cada ingeniería.

¿Y a qué viene el chiste inicial? El problema es que la última regulación importante de atribuciones para las ingenierías data de 1971. Las ingenierías más recientes, surgidas desde entonces, no han sido reguladas con atribuciones profesionales. Particularmente, la ingeniería informática, clave para el funcionamiento de las empresas, organizaciones y administraciones públicas en el siglo XXI, puede ser ejercida por personas de cualquier especialidad, incluso sin titulación universitaria, ya que no se exige la titulación de ingeniería informática para responsabilizarse del desarrollo, instalación y mantenimiento de un sistema informático.

¿Es posible? Aunque afortunadamente las Administraciones Públicas suelen pedir esta titulación para cubrir los puestos de trabajo responsables de sus sistemas y tecnologías de la información, y las empresas valoran dicha titulación, en demasiadas ocasiones la relativa novedad de la profesión y la confusión de la informática personal y popular (informática para todos, o llamar informático a todo el que trabaja con ordenadores) con la ingeniería informática tiene consecuencias impensables en otros campos. ¿Llama usted ingeniero de automoción al que sabe conducir un coche? ¿Encargaría usted a un mecánico, por excelente que fuera, el diseño e instalación de una planta de fabricación de vehículos? ¿Encargaría usted a un ingeniero de telecomunicación, que ha estudiado bastante electricidad, planificar y supervisar la instalación eléctrica de un hospital? Espero (por su bien) que no. Pues no confíe usted un sistema informático a alguien sin la titulación específica.

Lamentablemente, el Gobierno ha instado la elaboración de las fichas de las ingenierías, pero sólo de las que tienen atribuciones, y ha decidido no regular las ingenierías más recientes, con argumentos puede que aceptables, pero que de aplicarse coherentemente deberían conllevar la desregulación del resto de las ingenierías y la supresión de las atribuciones establecidas.

La falta de una ficha para la Ingeniería Informática (que parece van a subsanar ante la presión ejercida por estudiantes, profesores y profesionales) no quiere decir que la titulación vaya a desaparecer (los estudios pasados y futuros siguen siendo completamente oficiales y válidos), pero junto a la inexistencia de regulación de la profesión prolonga su discriminación respecto a otras ingenierías e impide el adecuado reconocimiento social de esta profesión, lo cual además dificulta seriamente el desarrollo de la sociedad de la información en España.

Así que si lee, oye o ve a los titulados e ingenieros informáticos protestando, recuerde que lo que quieren es ficha y atribuciones, como los blancos, y créame que eso sería bueno para ellos y para el conjunto de la sociedad.

Vicente Cerverón es profesor de la Escuela de Ingeniería ETSE de la Universitat de València.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 12 de diciembre de 2008